Apuntes sobre el control de precios

Algunas personas creen que manipulando el precio de los productos la economía puede ser mejor para el ciudadano. Desafortunadamente, la realidad nos muestra todo lo contrario. El control de precios no es algo nuevo, como dijo Mary Lacy en 1922:

“La protección del suministro de alimentos ha sido siempre la preocupación todos los gobiernos desde que se formaron” [1].

El primer control de precios del que tenemos datos se produjo en Egipto en el 2830 antes de Cristo. Durante siglos, el Gobierno egipcio intentó preservar el control de los cultivos de cereales y sus precios. Con el pretexto de prevenir el hambre, reguló gradualmente cada vez más la producción de los graneros hasta llegar a la propiedad estatal absoluta. La excusa para el control de precios, y que nunca funcionaba, creó que el monarca se proclamara al final el propietario de todas las tierras y sus rendimientos.

En el otro lado del mundo no fue diferente. En China, según el Dr. Huan-chang Chen, las doctrinas económicas de Confucio (del 552 antes de Cristo) sostenían que:

 “La interferencia gubernamental en el control de precios son necesarias para la vida económica y la competencia debe ser reducida al mínimo”[2].

Según el Dr. Chen había una regulación detallada de los precios, y todos estaban “controlados por el Gobierno”. Había una enrome burocracia encargada de esta tarea. El Dr. Chen relata que tenía que existir un maestro comerciante —un burócrata— por cada veinte tiendas y su deber consistía en establecer el precio de cada artículo. La competencia no tenía lugar alguno en la antigua China lo que solo hacía que encarecer los precios para preservar el bienestar de los comerciantes a expensas del consumidor.

Aquí en Europa las cosas tardaron un poco más. A finales del S. II después de Cristo una fuerte crisis azotaba Roma. El emperador Diocleciano en el año 301 pensó que para terminar con tal situación tenía que hacer algo. Para hacerse una idea de la situación, el trigo egipcio llegó a experimentar una inflación del 15.000 por ciento en cincuenta años. La crisis no se produjo en realidad por los procesos del libre mercado, sino por una situación que el propio Gobierno creó aumentando la inflación crediticia, esto es, envileciendo la moneda (sacándole oro, y por lo tanto restándole valor).

Para controlar el fuerte aumento de precios que habían creado los predecesores de Diocleciano, éste subió los impuestos y centró su lucha contra los especuladores y la inflación. ¿Le suena? Diocleciano fue el primer político que estableció controles de precios contra la especulación de forma masiva en el continente. El Edicto sobre Precios Máximos no fue una ley baladí. La normativa contemplaba precios máximos para más de mil productos, básicamente materias primas. Aquel que vendiese por encima de lo establecido por ley, se enfrentaba a la pena de muerte incluso.

Las consecuencias fueron hambre y pequeños comerciantes asesinados por el Gobierno y, sin embargo, los precios siguieron subiendo en el mercado negro con una inflación rampante. En muchos lugares se abandonó la moneda y los comerciantes volvieron al trueque. Había empezado el declive de Roma.

Diocleciano no fue el único que lucharía contra los especuladores. El decreto de precios máximos también se produjo en la Revolución Francesa, en la Unión Soviética en el S. XX, en la Alemania de Hitler, la España de Franco, en Estados Unidos repetidas veces y aún seguimos con lo mismo. Ha sido una constante en la historia. Los resultados siempre han sido los iguales: estrepitoso fracaso para la competencia y el consumidor.

El control de precios suele ser una consecuencia de las inflaciones del Gobierno aunque también se recurre a esta herramienta cuando las circunstancias de mercado son excepcionales. Por ejemplo, según las doctrinas económicas de Confucio antes mencionadas:

 “Los comerciantes no se les permite elevar el precio de sus productos durante una época de hambruna. Los productos deben ser vendidos al precio natural (es decir, al precio que el Gobierno quisiera) y durante una gran epidemia, la misma norma será aplicada a los ataúdes”.

Leyes similares se aplican hoy día sin ningún resultado. Cada vez que hay un desastre natural vemos como los encargados de vender gasolina disparan los precios y lo mismo ocurre con los consumibles. Suelen aplicarse leyes de precios máximos entonces. ¿Y qué ocurre? El mercado se queda seco dejando insatisfecho a una multitud de personas.

El precio de un producto es el resultado de la oferta y demanda. Si la oferta se contrae y la demanda aumenta (debido a las expectativas de escasez), el precio sube. Si el Gobierno impone precios inferiores al del mercado (precios máximos) una gran parte de los productos pasarán a la economía informal, restringiendo aún más la oferta y por lo tanto encareciendo más el precio. El desabastecimiento está garantizado. Aquellos comerciantes que no puedan escapar de la ley, verán sus productos agotados en minutos creándose interminables colas en todas partes.

En la época de Franco había precios máximos a ciertos productos, y uno de ellos era el pan. El legislador de la época impuso un precio a la barra de pan de kilo que el comerciante no podía sobrepasar. Simplemente no salía a cuenta hacer pan. ¿Y qué hizo el astuto vendedor de pan? Mantuvo el precio, pero redujo el peso del pan ya que difícilmente se veía a simple vista en las inspecciones. Así nació la barra de pan de kilo de 800 gramos.

El proceso contrario a lo que hemos explicado en los últimos párrafos son los precios mínimos, esto es, el legislador dice que un producto o servicio no se podrá ofrecer por menos de un importe. ¿Qué ocurrirá si ese precio mínimo está por encima del libre mercado? Que la demanda disminuirá por lo que muchas personas no podrán conseguir ese bien. El mejor ejemplo es el salario mínimo. Si prohibimos que la gente trabaje por un “sueldo mínimo”, esto es, por un precio mínimo, lo único que haremos es que esa gente directamente no trabaje, los estaremos transfiriendo forzosamente a la economía sumergida o se tendrán que ir del país.

Cada regulación que crea el Gobierno para hacer un mundo mejor solo nos lleva a más regulaciones, más control y un empeoramiento de nuestro nivel de vida satisfaciendo al pícaro, al lobby y al propio político. ¿No sería hora de probar algo nuevo? Algo que no se ha hecho nunca, por ejemplo: dar libertad a la gente para que interactúe con el resto sin dictadores de la producción.


[1] Mary G. Lacy, Food Control During Forty-SiX Centuries. 1922.

[2] Huang-chang Chen, The Economic Principles of Confucius and His School (New York: Longmans, 1911).

Anuncios

5 comentarios para “Apuntes sobre el control de precios”

  1. En el penúltimo párrafo dices : <>

    ¿No debería decir más bien esto?: <>

  2. En el penúltimo párrafo dices : “¿Qué ocurrirá si ese precio mínimo está por debajo del libre mercado? Que la demanda disminuirá…”

    ¿No debería decir más bien esto?: “¿Qué ocurrirá si ese precio mínimo está por ENCIMA del libre mercado? Que la demanda disminuirá…”

  3. En cuanto al salario mínimo, todo el mundo cree que es necesario porque si no, la gente se vería forzada a trabajar por un salario “indigno”.
    Sin embargo, todo el mundo considera dignísimo trabajar por casi nada o gratis para ONGs o similares (“voluntarios” los llaman).
    Sí, sí, que las ONGs y similares son “sin ánimo de lucro”. Eso quiere decir que para que no haya beneficios en la cuenta de resultados el dinero se gasta antes como sea y en lo que sea…

A %d blogueros les gusta esto: