Vivimos en la cultura de la corrupción

No hay día que leamos la prensa y nos encontremos con flagrantes casos de corrupción en toda España. Nuestro país, según el Corruption Perceptions Index de la organización Transparency International, es de los más corruptos la UE. No es algo nuevo. Como digo en mi libro, El Gobierno es el Problema:

“Nuestro país fue el que más denuncias presentó ante la comisión de Peticiones del Parlamento Europeo en 2007 por abusos. Concretamente, 254 de las 1.506  […] A finales de 2012, España tenía más de 300 políticos imputados en casos de corrupción. Baleares y la Comunidad Valenciana a la cabeza […] seguidas de Cataluña y Galicia”.

[…]

“Según esta misma ONG [Transparency International] —en su informe de 2012— España está al mismo nivel de corrupción que Botsuana quedando a la cola de nuestros vecinos europeos”.

La corrupción política es un fenómeno del que no se escapa ningún país, no es que nuestros dirigentes sean más corruptos que los de otros países, sino que son más estúpidos, descarados y descuidados. No es una cuestión de bondad o maldad de los dirigentes, sino de incentivos.  Si damos a alguien el Poder Total, siempre usará esa fuerza para beneficiarse a costa de los demás. Y realmente no se le puede culpar, está en la naturaleza humana querer mejorar continuamente. A quien se ha de culpar es a la dejadez de los ciudadanos al otorgar tanto Poder a los políticos. La mejor forma de controlar los excesos del Poder es la competencia, y eso es totalmente opuesto a lo que representa el Gobierno que el monopolio de la fuerza, o lo llega a ser lo mismo en la práctica, el monopolio del bien y el mal.

Los actos de una empresa siempre están juzgados por los clientes, accionistas, proveedores, acreedores y opinión popular del que dependen las ventas. A un particular le ocurre lo mismo. Si una persona empieza a actuar de forma incorrecta o antisocial, la comunidad (amigos, compañeros de trabajo, familiares…) le margina. Pero si damos más Poder a una empresa o particular del que nosotros mismos tenemos, la regla expuesta no funciona. Su embriaguez de Poder será exponencial y cada vez deberá más favores, querrá más dinero para sus proyectos y para si mismo.

Y es que la propia democracia actual se basa en la corrupción, el soborno de los políticos a sus votantes. Solo el 5% de los gastos del Estado se destinan a los servicios básicos del Estado como seguridad ciudadana, seguridad nacional y justicia. El restante 95% no es más que compra de votos o corrupción. Votamos al que mejor nos “unta”. Los pensionistas votarán a los que más suban sus pensiones, el desempleado al que más alargue la paga de desempleo, el empresario al que mejores condiciones otorgue a su empresa o sector, el joven al que más suba el salario mínimo, el médico al que más gaste en sanidad… Vivimos en un sistema basado en el soborno continuo, es lógico que por dentro funcione igual, esto es, por intereses, favores y amiguismos.

La solución no será poner más leyes contra la corrupción. China tiene la pena más alta contra la corrupción: la muerte. Y aún así, es uno de los países más corruptos del mundo. La única vía para eliminarla es recobrar más libertad hacia sociedad civil, esto es, que nuestro dinero dependa de nosotros y no los políticos y sus falsas promesas. La corrupción en realidad no es un “problema moral”, sino puramente económico, de incentivos. Cuanto más Poder tengan los políticos, más corruptos serán. Es que no tienen ningún incentivo para no serlo. La solución, somo siempre, pasa por retornar a la sociedad civil lo que son sus asuntos particulares, y eso significa que el Gobierno no haga nada, no tenga ninguna capacidad de decisión sobre nuestras vidas y, por supuesto, que nuestro dinero se quede en nuestros bolsillos para que así lo manejamos de forma sensata, eficiente y moralmente correcta.

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6 comentarios to “Vivimos en la cultura de la corrupción”

  1. JUAN ANTONIO SANCHEZ enero 31, 2013 a 14:47

    Efectivamente, una gran parte de la sociedad tiene una enorme responsabilidad de que esto no funcione. Se sigue votando, por los siglos de los siglos, a partidos que no son mas que parte del problema, no de la solución. Este sistema está podrido, desde la cúpula hasta lo mas bajo. Sindicatos comprados, políticos corruptos, supuestos empresarios que solo buscan prebendas, instituciones como la justicia, que dan pena, etc, etc. Solución: desmonte total del Estado de Bienestar y su sustitución por un sistema realmente democrático, con separación total de poderes real, y una economía realmente abierta, auténticamente liberal, leyes objetivas con una justicia limpia como la patena, y por supuesto una educación totalmente libre, no controlada por el Estado, para ir, poco a poco implantando la semilla de la libertad en todos, repito, en todos los aspectos de nuestra vida.

  2. “…en un régimen que nos dirige todos desde arriba, donde hace falta continuamente de permisos, licencias y autorizaciones la corrupción es fatal. De hecho si, como es natural, el jefe tiene que delegar sus facultades a unos millares de subjefes y jerarcas, ¿quien podría impedir que estos abusaran de la situación? Un empresario, a quien un permiso, una asignación puede rentar cien mil pesos, ¿se abstendrá siempre de ofrecer una mordida, una participación del 10, 20 por ciento a quin tiene el poder de dar o rechazar aquel permiso? En muchos casos el empleado público es integérrimo y querrá vivir con su limitado sueldo más bien que recibir mordidas para cumplir con actas que atañen a sus deberes de oficio. Pero ¿siempre será así?
    Ahí llega la lepra de la corrupción pública… ahí ocurre un regreso desmesurado en la vida social y política del país”.
    El estatismo hace el hombre ladrón. Luigi Einaudi, Prédicas Inútiles 1959.

  3. Lo curioso es que los que más se quejan de la corrupción de los políticos siempre proponen soluciones !de dar más poder a los políticos!
    No se dan cuenta de que todo lo que se pide “controlar”, “supervisar”, “dirigir”, “limitar” se hace por medio de decisiones políticas en definitiva…

    • De veras es muy raro pero en el mundo (del estatismo) hay aquella extravagante y nefasta convicción según la cual para resolver cualquier problema sea necesaria y suficiente una ley o un reglamento de más.
      Por otra parte, todavía creemos que con unas leyes sea posible hacer crecer la economía: ¡increíble!
      Pero, desafortunadamente, también la honradez, como el PIB, no puede ser impuesta por decreto.

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  1. Movimiento Libertario El Salvador - Vivimos en la cultura de la corrupción – Jorge Valín - febrero 2, 2013

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