Del Estado del Bienestar al Esperpento

Recientemente escribí una nota donde veíamos cómo la democracia se había corrompido hacía la oclocracia (Y el mesías resultó ser un falso profeta). Este proceso de degeneración no solo ha sido del propio sistema de gestión del Gobierno en sí, sino de todo aquello que define nuestra época. Y el Estado del Bienestar no es una excepción.

Del asistencialismo obligatorio al Estado del Bienestar

Antes del S. XIX casi todos los países tenían algún tipo de caridad obligatoria. El más conocido fue el de Inglaterra y Gales llamada Ley de Pobres. Originariamente es del S. XIV aunque con el paso de los siglos tuvo muchas modificaciones haciéndola cada vez más garantista. El primer cambio significativo vino en 1601 con la Reina Isabel I que estableció un proceso sistemático y organizado por parroquias que se financiaba vía impuestos. El objetivo principal fue acabar con el vagabundeo mediante un método de caridad institucionalizada y forzosa. La reina creó un sistema de subvenciones variables según la edad, incapacidad o ingresos. A la vez, establecía unas obligaciones: quien rehusase trabajar, iba a la prisión. No sirvió para mucho.

En la segunda mitad del S. XVIII la ley volvió a cambiar donde se introdujo un subsidio de desempleo más amplio (antes ya existía, pero era más restringido) y posteriormente, casi en el S. XIX, se sumó una “renta básica” que la otorgaban siguiendo el patrón del precio del pan y miembros de la unidad familiar. La continua evolución de este sistema proteccionista trajo las críticas de muchos economistas de la época (Smith, Malthus, Ricardo, Senior en menor medida…). ¿Pero por qué? Si lo miramos desde el punto de vista actual, que la administración garantice unos mínimos de vida no parece mala idea. Los liberales de entonces afirmaban algo similar a los actuales. El sistema, digamos positivista, creaba fricciones económicas como aumento del precio de los alimentos, favorecía el hedonismo o la movilidad de trabajo rompiendo la armonía del mercado. Economistas como McCulloch proponían un sistema ajustado a los ciclos (esto nos nos recuerda al sistema actual keynesiano) por el cual, las ayudas tenían que ser más activas en periodos de adversidad económica.

Pese a la buena voluntad de algunos economistas y legisladores, nada de esto funcionó; más bien al revés. La Ley en el S. XIX fue en parte responsable de las enormes penurias económicas popularizadas por las novelas de Charles Dickens. El sistema coercitivo de ayudas fue creciendo gracias al aumento de producción que trajo el Capitalismo y, más adelante, la creación de inflación crediticia que no hizo más que aumentar los ciclos volviéndolos cada vez más violentos.

El Estado del Bienestar, sin embargo, nació en la nueva Alemania con el Reich de Otto von Bismarck. Éste era un líder conservador con métodos autoritarios de gestión del Gobierno que creó un sistema de expolio y saqueo sistematizado que garantizaba unos mínimos a la población. El Estado del Bienestar no fue creado por un sentimiento de altruismo ni empatía hacia los ciudadanos. Fue creado para evitar revoluciones y que el Estado no tuviera problemas en sus ansias de crecimiento desmedido. A igual que pensarían después los nazis —y más adelante todos los países occidentales— creó un sistema proteccionista–paternalista económico. Y es que la población pensaría: ¿por qué queremos libertad si tenemos un trabajo y bienestar? Así fue.

Bismarck ideó el sistema actual de seguridad social y pensiones a un nivel muy básico (desde el punto de vista de hoy día). Lo disfrazó como un seguro obligatorio, lo que en realidad no tiene mucho sentido ya que si el seguro no discrimina deja de serlo, más aún cuando no es voluntario y se financia mediante el uso fuerza y saqueo. Simplemente lo que el Canciller creó fue un botín que iba aumentando para tener a las ovejas (El Pueblo) sumisas y financiar a la vez su visión imperialista del Reich.

La perversión del Estado del Bienestar

En este punto, los diferentes países fueron copiando el modelo de Bienestar de Bismarck que era una garantía para hacer crecer el Gobierno, tener a la gente dócil y controlada e ir metiendo cada vez más a los burócratas y políticos dentro de la vida de las personas.

Los principales avances sociales posteriores con el ascenso de los totalitarismos prometían bienestar perpetuo y orgullo nacional. Veamos un discurso de Mussolini su Doctrina de 1932:

Siendo [el fascismo] antindividualista, el proyecto fascista se expresa a través del Estado; y se articula a través del individuo en cuanto éste coincide con el Estado… Está en contra del liberalismo clásico. El liberalismo negaba al Estado en interés del individuo; el fascismo lo reafirma.

Efectivamente, el individualismo murió del todo con la llegada del Estado Omnipotente y Benefactor. El Estado Providencia. Las democracias siguieron la misma política económica que los fascismos y triunfaron los economistas que les daban soporte. La enorme capacidad productiva del Capitalismo y la incesante creación de inflación crediticia (expansión monetaria) de los Gobiernos y bancos centrales permitieron este proceso. Poco a poco la gente se volvió menos responsable del sistema y sus vidas porque iban siendo controladas por los estados.

Lo que habían creado de verdad los burócratas de todo occidente era un enorme Pirámide de Ponzi donde los estados gastaban sus ingresos en privilegios corporativistas y expansionistas. La seguridad social, pensiones y ayudas no eran un seguro como “vendió” Bismarck, sino el botín del Estado que usaba para hacerse grande. Este sistema de expolio es insostenible e inviable.

El Estado del Bienestar llega al Esperpento

Para ir garantizando el sistema, los estados han ido aumentando el tono. Cada vez más “derechos sociales”, más garantismo y regalos a la población.

Los gobiernos se dieron cuenta que para mantener el bienestar burocrático y político solo tenían que ir comprando votos con promesas. Se unieron a los grupos de presión económicos y civiles creando un tandem corporativo que permitía saquear a la sociedad a cambio de ilusiones y divisiones de la sociedad entre buenos y malos. Ricos y pobres. Derechas e izquierdas…

Hoy el Estado del Bienestar no significa dar una barra de pan al pobre, sino que el ciudadano ha de financiar coercitivamente a grandes empresas que cotizan en Bolsa. A grandes empresas de todos los sectores. Grupos de presión que viven exclusivamente del chantaje de los impuestos. Recientemente el BOE publicaba que la secretaría de cultura regalaba 2,3 millones de euros a diferentes organizaciones. También regalaba más de 5 millones de euros a grupos agrarios sin mencionar cómo usan los políticos el dinero en sus propios intereses corporativistas (el ejemplo más popular de España son sus absurdos aeropuertos de millones de euros que apenas tienen pasajeros) o sacar réditos propios e individuales. Esta misma semana una empresa de la SEPI en liquidación gastó 300.000 euros en cestas para sus exempleados.

La locura del Estado del Bienestar ha sido tal que incluso la industria del porno en EE.UU. pidió que se la rescatase. La gente está pagando por medio de la fuerza y coerción a todo aquello por lo que no apuestan de forma voluntaria. Si una empresa o grupo deja de existir es porque la sociedad no le da el soporte voluntario para creer en ella. En el momento que la gente no quiere algo y le obligan a mantenerlo mediante la fuerza, el sistema entero pierde su sentido.

El individuo deja de trabajar para él y su familia para convertirse en socio capitalista sin derecho a rentabilidad del resto de la sociedad. Se vuelve un esclavo del sistema. Así, de forma absurda, triunfa el parasitismo contra la producción degenerando todo el tejido social y económico que nos envuelve.

No solo es un problema ético, sino puramente económico. Un sistema que premia el fracaso en lugar del logro no es viable, por más parches que se le pongan. El Estado del Bienestar está en su ocaso. Nació como una mentira y ahora se ha visto cuales son sus consecuencias llegando al absurdo donde un particular financia mediante la fuerza a empresas del Ibex por ejemplo. No es un proceso que tenga vuelta atrás. Los políticos son conscientes de ello y solo ganan tiempo para conseguir un día más. Eliminar este vicioso sistema supondría acabar con sus privilegios por lo que es muy improbable que los burócratas avancen hacia un sistema sostenible para el ciudadano. Fíjense por ejemplo en el caso de Grecia. Es un país insolvente que no se puede arreglar, sin embargo Europa intenta ganar unos meses más con más de lo mismo, restructurando ya por tercera vez su deuda. Si en estos años no ha funcionado, tampoco funcionará ahora. Solo es ganar tiempo.

Vivimos el fin de una era. La democracia se ha vuelto una oclocrácia populista dominada por lobbies mediáticos, económicos, civiles y políticos. El Estado del Bienestar es todo lo contrario a lo que la gente esperaba de él. Las transferencia de riqueza no son del que tiene al que no tiene, sino al revés.

El sistema está arruinado económica y moralmente. Volver al antiguo régimen, esto es, a más Estado del Bienestar es impensable porque es insostenible. Por más que el tumulto lo exija. Solo hay una solución y es volver a vivir conforme a las posibilidad de cada uno y de su esfuerzo, esto es, volver a una era basada en el individuo y no en el Poder Omnipotente del Estado.

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7 comentarios para “Del Estado del Bienestar al Esperpento”

  1. JUAN ANTONIO SANCHEZ diciembre 7, 2012 a 14:46

    Muy lúcido el artículo. El caso de Grecia es paradigmático, ya van ni sé cuantos rescates y el país cada vez peor. El modelo social-demócrata no sirve sino para tener anestesiada a una enorme parte de la sociedad. A la que se explota y saquea, y encima corren cada cuatro años a votarles de nuevo. Hemos acostumbrado al niño al caramelo a la puerta del colegio, y cuando no lo tiene coge una perrera.Yo me he dado cuenta de esto hace varios años, durante mucho tiempo estuve dormido, idiotizado, pero leyendo cosas diferentes se puede cambiar de opinión, aunque cueste un tiempo. Estoy leyendo filosofía (La Rebelión de Atlas) y creo que las ideas de Rand, no sólo siguen siendo útiles, sino que otro gallo cantaría solamente llevándo a la práctica un veinte por ciento de sus postulados. El mundo daría un giro brutal hacia la libertad.

    • frasquitoelloco diciembre 8, 2012 a 09:03

      El socialismo es una perversión de la moral de la sociedad. Y si además lo mezclamos con relativismo es una bomba. Lo que padecemos actualmente.

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