Crisis, Estado y falacia del falso dilema. El Gobierno es un mal proveedor

Uno de los recursos fáciles de los partidarios del Estado Omnipotente es afirmar que los recortes estatales significan, automáticamente, eliminarlos. Desde que Zapatero anunciara sus famosas medias de reducción de gasto (¡ja!), mucho grupos y especialmente políticos en la oposición nos han dicho: “los recortes en educación, significan eliminarla”. “Reducir el gasto en sanidad, significa abolirla”. “Cortas las subvenciones a la ‘cultura’ implica eliminar la cultura del país”. Y así con todo.

Este tipo de argumentos son una falacia, es decir, falsos. Las cosas en la vida suelen ser más complejas de lo que los eslóganes políticos nos muestran. En la vida raramente hay una sola opción. Aquellos argumentos que nos ponen entra la espada y la pared suelen ser falacias. Afirmar que nos quedaremos sin educación o sanidad por los recortes del Estado es lo que podemos catalogar como falacia del falso dilema.

Si solo el Estado puede proveernos de servicios, ¿eso significa que la sanidad y educación son posteriores al Él? Ambos servicios tienen cobertura `pública’ desde hace no más de cien años. Esto significa que son anteriores al Estado, y que como todo servicio, puede ser proveído por la economía privada. De hecho, su estructura actual imita la del libre mercado en una situación de monopolio. En otra parte ya escribí cómo la sanidad, totalmente privada, puede ser infinitamente mejor que la pésima oferta estatal que expulsa la innovación, el buen servicio y altos costes (Hacia una sanidad libre y eficiente). No hay diferencia con la educación. Una apertura del sector daría lugar a una fuerte diversidad de precios, servicios y educación basada en estilos de vida, algo sumamente odiado por socialistas y conservadores que están obsesionados en usar la educación como instrumento de adoctrinación moral colectiva, esto es: en hacer borregos. La monopolización estatal y fuertes barreras de entrada a estos sectores solo crean clientelismo, grupos de interés más preocupado en defender sus privilegios que en el servicio al cliente y una serie de costes inaguantables (ver, Profesores, más preocupados por su sueldo que por la enseñanza). Y como siempre los colectivistas (socialistas y conservadores) omiten el principal argumento por el cual tales servicios han de ser privatizados urgentemente: Son un latrocinio. No solo disminuyen la diversidad del mercado y de la sociedad, sino que se financian mediante el robo a gran escala y el fraude: los impuestos y déficit estatal.

Desafortunadamente, la solución del Gobierno es más mala que buena. Cuando el Gobierno habla de privatizar servicios, aunque sea parcialmente, no quieren decir eso, sino pasárselos a amigos. Eso no es una privatización real, es simplemente una estafa. Es lo que llamamos Capitalismo de Estado y de Capitalismo de Amigotes (Crony Capitalism). Privatizar significa apartar al Estado de todas las ramas de la producción. Abolir leyes, impuestos, barreras, subvenciones y cualquier tipo de requisito para entrar en el sector.

¿Son los recortes una eliminación de servicios? Por supuesto que no. Hay opciones. Y si el Gobierno quiere reducir su gasto y dar libertad de elección a la gente a la vez que diversidad de precios y opciones, solo tiene que apartarse de aquellos sectores que mantiene ineficientemente con los impuestos de todos. Las consignas en favor de los monopolios del Estado suelen esconder intereses gremiales, corporativistas y personales de gente que sabe que si va a la economía privada tendrá que esforzarse para ganarse su sueldo. Por eso usan continuamente falacias para preservar sus privilegios ya altos sueldos. Acabar con los servicios del Estado no es eliminarlos, es mejorarlos siempre y cuando los políticos se mantengan fuera de ellos para siempre.

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