España: Quitas, Quiebras y Menos Estado

Lo ha dicho el Presidente del Gobierno y su séquito en diversas ocasiones: “No hay dinero”. Y si no hay dinero, no lo hay. Punto. Si alguien no tiene dinero y se empieza a endeudar, solo hace que comprar tiempo a un coste muy, pero que muy alto. En el momento que un actor económico (particular, empresa, Estado…) empieza a pedir dinero a crédito para su quehacer diario o costearse lujos que no pude conseguir mediante su producción entramos en un determinismo. No hay vuelta atrás. Se hace su camino hacia la bancarrota, la quiebra y a la insolvencia. El crédito solo es útil para adelantar dinero que no tenemos, pero tendremos en el corto plazo. El crédito no es una extensión del salario, de nuestro nivel de vida para conseguir bienes y servicios o de una mayor calidad de vida como renta crónica complementaria a lo que somos capaces de producir. Cuando algún actor económico entra en este ‘estilo de vida’, se sentencia solito. Muestra ser tan irresponsable como un niño. Y en esa estamos con el país. Nos han dirigido niños consentidos y crápulas dejando nuestro bienestar en entredicho.

En el momento que el Gobierno reconoce que no puede pagar ha de dejar de hacerlo. España no está al borde del precipicio como se dice. España ya está quebrada, ya está en default. Farmacias y empresas privadas que ofrecen servicios y productos a la administración no cobran. El Estado, y sus CC.AA., solo están pagando hasta ahora salarios e intereses a sus acreedores. No pueden pagar hasta el punto de eliminar privilegios sociales. Algo que los pragmáticos —esa estúpida masa de intelectuales seguidores de tendencia incapaces de avanzar ni el más lógico y evidente de los acontecimientos— siempre dijeron que jamás se produciría.

¿Qué significaría pedir un rescate?

El mercado aún no lo ha descontado el rescate. Si se hiciese factible esto significaría más bajadas en bolsa y un aumento de precio en la deuda estatal. No es buena solución porque la administración usaría este dinero de forma discrecional, corporativista e ineficiente para mantener sus privilegios. Fíjense en el Consorcio de Salud y Social de Cataluña (CSC). El ente controla 20 hospitales públicos y gestiona 300 millones de la Generalitat de Catalunya. Pidió un crédito de 1MM€ para salvarse y, ¿qué hizo? Usó ese dinero para aumentar los gastos en salarios y dietas. Ramon Cunillera, director general de CSC siguió cobrando 115.000 euros anuales, más coche y dietas aparte. No es un caso aislado el de la CSC. Todos los órganos políticos hacen lo mismo. Si España pide el rescate usará el dinero para mantener sus privilegios si es que no decide aumentarlos. Un rescate no arregla nada, solo compra tiempo, alarga y aumenta el problema.

Más aún, si España pide un rescate no solo vamos a pasar una mala situación económica, sino que el próximo objetivo de los inversores va a ser Italia. De hecho, Italia está degenerando por días como España aunque no salga en los medios. Hoy mismo su bono a 10 años ha llegado al 6,5%, cota que no tocaba desde enero de 2011. La UE es plenamente consciente de esta situación, y en parte, por eso es reacia a dar el dinero a España. Sabe que no se va a arreglar nada porque no es un problema de dinero, es un problema de mala gestión e ineficacia nacional. Cualquier que nos deje dinero ahora corre el grave riesgo de no volverlo a ver en un futuro, y es que la quita (comentada más abajo) es casi inevitable en el largo plazo.

Lo mejor de todo: España es irrescatable. No hay dinero para rescatar a España entera. La UE solo la puede rescatarla parcialmente. Más aún cuando sabemos que si rescatan a España, Italia va a ser la siguiente, y ambas, sí que son in-financiables aunque sea parcialmente. ¿Es sorprendente que la UE y Alemania se nieguen a dar dinero a nuestro país? No. Saben que es tirarlo para crear un problema mayor. Incluso no sería descabellado pensar que si España es rescatada el euro se acabará en un tiempo. Es hacer el problema más grande. Una crisis de deuda no se arregla con más deuda.

Lo mismo podemos afirmar de un rescate via BCE. Es una forma costosa de ganar tiempo. El BCE no quiere cargarse, como le ocurrió con Grecia, de activos que no valen nada, muy poco y con riesgo inasumible. El BCE correría el peligro de convertirse en un basurero de deuda griega, italiana, irlandesa, española… Actuaría como un banco malo, y lo único que se puede hacer un banco malo es prenderle fuego. El banco malo es una herramienta que no lleva a ninguna parte.

La quita como solución rápida y ‘limpia’

Si España quiere permanecer el euro sin matarlo solo queda una solución sostenible en el corto y largo plazo: una quita directa, esto es: “acreedores, os pagaré el 80% de lo que os debo”. Las consecuencias no van a ser más desastrosas que la de cualquier otro escenario futuro. Porque si de algo podemos estar seguros es de que el futuro inmediato de este país va ser un drama pase lo que pase. Evidentemente que la bolsa bajaría y el coste de endeudamiento aumentaría, pero parece que en este país solo se aprende a bofetadas (y en realidad en cualquier otro). Ya se ha visto que el Gobierno es incapaz de hacer ‘sus deberes’ por las buenas. Las reformas del PP son una auténtica locura económica y suicidio colectivo, que además, no van a arreglar nada.

Una quita es una forma para empezar de cero. Eso significa que el Gobierno se vuelve responsable de sus acciones y asume su mala gestión repercutiendo parte de la misma a aquellos que han contribuido al crecimiento desenfrenado de la corrupción que significa el Estado. Un rescate no es acabar con el problema, es prolongarlo, pero una quita ordenada es, definitivamente y si más o menos se hace bien, matar el cáncer.

Ha de quebrar todo lo innecesario.

Bancos, cajas, constructoras… y cualquier empresa ineficiente no puede seguir en el mercado. Solo hacen que matarlo. Todas las empresas que el Gobierno quiere rescatar han de quebrar y ser vendidas a otros grupos o empresas: las solventes y eficientes. Da igual que sean nacionales o extranjeras. Y aquellas que sean tan lamentables que no puedan ser ni vendidas a trozos como es el caso de Bankia, cerradas como cualquier otra empresa. Acreedores y depositantes se van a tener que tragar las pérdidas en el orden que dicta la actual ley, y todos los préstamos amortizados. Lo que es válido para el Estado lo es para particulares y empresas: el crédito no es una extensión del sueldo. Fue mal negocio endeudarse por encima de sus posibilidades y no hay solución real a este problema. ¿Cree que es una solución cruel? Entonces es que aún cree en los cuentos de hadas. Una gran parte de los créditos del país no valen nada. No es solidario ni una solución que por la irresponsabilidad de unos, lo pague el resto de la sociedad de forma crónica. Es una injusticia y económicamente una sangría que está arruinando el país. El concepto de redistribución obligatoria no es solidaridad, es un robo.

Menos Estado

Una de las razones por las cuales el inversor huye de España como del fuego es porque el Gobierno no tiene ninguna confianza. El problema del inversor es que sabe muy bien cómo está el país y por eso se va. Nadie cree ya al Gobierno, y con razón. Este Gobierno se ha forjado mediante la mentira y el fraude. Es un Gobierno ilegítimo para el pueblo y bananero a ojos extranjeros. Una quita puede traer un nivel de desconfianza mayor al país que ha de ser neutralizado de alguna forma. La herramienta para hacer llegar más dinero al país es dando facilidad al mercado, esto es, más libertad. No es realista hacer un plan de reducción del gasto en 2, 3 o 20 años. El gasto gubernamental ha de ser recortado de forma inmediata, aunque sea solo de forma temporal. Han de suspender la prestación de desempleo, eliminar todas las subvenciones, abolir impuestos y empezar a otorgar más liberta a la sociedad y mercado. No solo quitando barreras al comercio, sino despenalizando lo que hoy son delitos ‘no–de–sangre”. Por ejemplo, ¿por qué no legalizar las drogas? La guerra contra las drogas solo ha generado productos de mala calidad que matan a la gente al no haber estándares de calidad, cárceles llenas de personas que solo comercian, más crimen en las calles y pérdida de recursos en las fuerzas del orden destinadas a investigar y arrestar a personas que no comenten crímenes–de–sangre. Si la ley seca solo trajo a EE.UU. los más famosos gangster de la historia, asesinatos y crímenes por no decir un mercado negro de sin parangón, ¿qué nos le hace pensar que en el tema de las drogas es diferente? La prohibición al alcohol fue la única enmienda de la constitución americana que se abolió. ¿Y sabe por qué? Porque el Gobierno necesitaba recursos. Vio más inteligente legalizar el alcohol y cobrar impuestos por ello que prohibirlo y seguir pagando sus descomunales costes económicos y sociales.

El ejemplo de las drogas solo es un ejemplo. Su prohibición solo es una intromisión del Estado en la vida de las personas, es una ley moralista y por lo tanto tiránica. La sociedad se merece libertad para hacer lo que quiera sin que ningún tirano civil se lo niegue. Y de igual forma se merece que otros vendan esos productos y servicios a sus clientes sin el riesgo de ser acosados por predicadores estatales. El Estado no es el representante de la moralidad, sino de la tiranía y servidumbre.

El Estado no solo es incapaz de arreglar la crisis, es que el principal catalizador que la incrementa día a día con sus embustes, criminalización, corrupción y mala gestión. El Estado del Bienestar ha muerto. No es algo que vaya a ocurrir en el futuro, ya murió. Estamos empezando una nueva era y somos los protagonistas de ello. Hemos de ser lo suficientemente flexibles e inteligentes para asumirlo y trabajar para nosotros. De lo contrario nos convertiremos en unos dinosaurios y nos extinguiremos quedándonos a niveles de bienestar equivalentes al de un país subdesarrollado. Hemos llegado a un punto que esto no tiene vuelta atrás ni freno.

Asumámoslo ya. Recordar lo bueno que es vivir del crédito, del esfuerzo de los demás y del fallido Estado del Bienestar nos va a convertir en unos nostálgicos que nos hará inservibles a ojos del mundo. Y eso va a significar más pobreza. ¿Queremos más pobreza y crisis en los próximos años, o salir ya de este infierno de miseria y crispación? Pues más quitas, más quiebras y menos Estado.

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2 comentarios to “España: Quitas, Quiebras y Menos Estado”

  1. Gedeón McHale julio 24, 2012 a 16:00

    Este artículo está muy mal escrito: presenta multitud de errores gramaticales, inconcordancias de género y número e incluso párrafos enteros mal construidos. Uno debe poner más interés, meticulosidad y rigor en lo que escribe, Don Valín. En cuanto al contenido, estoy parcialmente de acuerdo, aunque no del todo: no es cierto que aplicando una política de liberalización radical se pueda salir de la crisis en el corto plazo. La aplicación de esa política es imprescindible (es más, no sólo se trata de eliminar la prestación de desempleo y las subvenciones, sino que habría que privatizar los servicios de salud y educación inmediatamente en unas condiciones ventajosas para los compradores), pero todo eso no impediría que España atraviese aún unos cuantos años de recesión y empobrecimiento, porque con nuestra economía contraída e improductiva tenemos que hacer frente a pavorosas obligaciones crediticias, so pena de renunciar al poco crédito que nos queda. Como usted dice bien en otro lado, no vamos camino del abismo, sino que ya hemos caído por él y estamos a la espera de impactar contra las aguas del fondo, infestadas de cocodrilos. La adopción de medidas liberalizadoras o no marcará la diferencia entre acceder a una fase de recuperación en el medio plazo o quedarnos anclados en la crisis crónica al estilo de Argentina o la mayor parte de países africanos; pero no hay medida posible que nos evite una larga y penosa travesía en el desierto.

  2. Jorge, esta vez estoy solo parcialmente de acuerdo con el artículo. Sinceramente, las quitas o quiebra parcial puede ser una solución quizás eficiente o más eficiente que los rescates o monetización de deuda (que no son solución). Pero lo básico y justo es reducir el estado elefantiásico. Los recortes aplicados hasta el momento son realmente ridículos. Han afectado a algunos de los llamados “derechos sociales”, pero prácticamente a ningún privilegio político, subvenciones a grupos de interés y un largo etcétera de recortes que se podrían hacer. El respeto al principio del “pacta sunt servanda” es básico para la vida en sociedad, el comercio y la confianza, todo esto desde un punto de vista liberal. Si alguien se ha comprometido conmigo a devolverme un préstamo con un cierto tipo de interés, el pacto es que me lo devuelva y con el interés pactado. Si no lo hace y se declara en quiebra me parecería como acreedor al menos injusto que el deudor se siguiera gastando su dinero en coches de lujo y regale dinero a los amigos mientras que a mi como acreedor me deja de pagar porque se considera arruinado! Así que hasta que el estado no se haya reducido a una expresión mínima de subsistencia no me parecen válidas las quitas.
    El mismo principio de la validez de los contratos me parece que es aplicable a las normas laborales. Por supuesto que hay que liberalizar totalmente el mercado de trabajo y derogar esa tontería que tiene sumido al país en un 25% de desempleo que es estatuto de los trabajadores. Que el empleador acuerde con el trabajador, si se les da la gana, el importe de indemnizaciones en caso de despido o seguros en caso de desempleo. Sin embargo, para las personas que ya están trabajando, han contratado bajo unas determinadas condiciones y estas deben ser cumplidas (lo mismo vale para las pensiones). Cuando contratas una póliza de seguro y llevas años pagando por ellas, no puede el seguro de un día a otro cambiar unilateralmente las condiciones del contrato y reducirte las prestaciones pactadas, simplemente porque “no quiere pagar”, viendo que el mismo seguro sigue despilfarrando dinero en fiestas para sus empleados y amigos. Liberalización, sí… total. Traspaso de todas las funciones del estado a los privados, por supuesto. Capitalización individual de las pensiones, evidente. Pero esto no puede eximir de cumplir las responsabilidades pactadas y si el estado quiebra, pues como en una sociedad privada sus administradores tienen que responder personalmente de las obligaciones contraídas en el ejercicio negligente de su mandato.. aunque sea sólo de manera testimonial, porque por supuesto ni siquiera el patrimonio de nuestros gobernantes alcanza para pagar una mínima parte de las obligaciones negligentemente contraídas.

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