Efectos de la crisis: el ‘Yuppie’ ha muerto para siempre

¿Quién está contento con los bancos? O peor aún, ¿con las empresas de telecomunicaciones? El modelo actual de gestión seguido por las grandes empresas tiene su nacimiento a finales de los años setenta. En esa época hubo una serie de cambios que cambiarían el devenir de las cosas a un estilo de hacer negocios muy diferente al que se habían estado produciendo hasta la fecha. Por un serie de factores, que no vale la pena mencionar ahora, nació la figura de las grandes corporaciones que entraban ‘al trapo’ con el segmento retail comercial. Se vio de forma clara en el mundo de la banca con el nacimiento de nuevos productos sofisticados, la ‘desintermediación financiera’, el abaratamiento de costes que permitieron abrir un mundo nuevo a la ‘gente masa’ (sector retail) y muy especialmente las figuras que con el tiempo se llamaría el Yuppie, el vendedor agresivo y el ejecutivo agresivo.

La figura del vendedor agresivo —independientemente de su faceta político-social que es la que más famosa se ha hecho gracias a películas como Wall Street— se caracterizaba por el cortoplacismo. Si era un vendedor, solo importaba el resultado final de año para el cobro de variable (bonus) y a un nivel más elevado, en la figura del directivo, el cierre del trimestre empresarial. En este sentido empezó a nacer una estrategia empresarial que tenía el único fin de ‘colocar productos’, o como se ha pasado a llamar, la venta de productos. Los modelos clásicos de venta inspirados en la calidad y confianza perdió y ha llegado a ser marginal. Esto trajo enormes beneficios a las empresas. Desafortunadamente, y como se suele decir, todo sistema nace con su virus. El virus nacido en los años 80 fue que esta venta a precio, a productos y al cortoplacismo trajo con ella una pésima calidad y atención al cliente. Todo comercio se basa en la confianza, pero uno de ellos que especialmente la necesita es la banca. Antes, todo el mundo confiaba en su banquero. En la actualidad lo raro es encontrar alguien que lo haga, y con razón. Productos como los swap (para asegurar intereses deudores a empresas), las preferentes, las consecuencias de hipotecas concedidas con niveles insuficientes de garantías, o convertibles no han hecho más que minar la confianza del sector. Los beneficios a corto cegaron a las grandes empresas. El sector de las comunicaciones es muy similar al bancario. Ambos son monopolios de iure sobreprotegidos por leyes y normas estatales y supraestatales que convierten la oferta en poco más que una panda de amigos que no en un mercado en competencia real. Y aunque nada de esto cambiará, si que lo hará en un futuro cercano su modo de gestión.

¿Cuánto tiempo más puede aguantar la banca o el sector de las comunicaciones su desprestigio diario? La televisión, la prensa, twitter, facebook, blogs, el boca-boca están minando la reputación de estos grandes monopolios (e insisto: monopolio como sector, no como empresa). ¿Cuál es el destino de una empresa cuando nadie confía en ella? El de la ruina. Fíjense en Telefónica —o Movistar que es su nombre oficial. En solo cuatro meses ha perdido casi un millón de líneas móvil. Sus grandes competidores no van mejor. Vodafone goza de la peor nota entre el sector de las telecos en España. Los clientes han llegado a odiar a las grandes compañías para irse a las muy pequeñas. Ya no ha sido una cuestión de precio, sino de sentimiento. Lo mismo ocurre en el sector bancario donde la única forma que una entidad gane clientes es por lo quemado que puede estar una persona con la entidad con la que ha estado trabajando hasta ahora.

¿Cuánto tardará el modelo en explotar? Ya lo ha hecho. Reventó con la crisis hace cuatro años. Sectores como la banca o telecomunicaciones gozan del mayor desprestigio de toda su historia, y sus directivos son muy conscientes de ello. Lo que hace años era un flujo a caudales de dinero, ahora no son más que pérdidas económicas y de confianza. El modelo de venta agresivo enfocado a productos y beneficios a corto plazo (solo el siguiente trimestre era lo que importa porque luego parecía que se fuese a acabar el mundo) desapareció. Se acabó con Lehman Bros. concretamente. El modelo dio lo que dio y se ha agotado. Toca cambiar y volver a lo tradicional. Eso no significa que mañana el banquero será un tipo como los de antes, no. Es un modelo que está despertando y no cambiará del todo hasta las aguas se apacigüen. La banca aún está con la colocación de productos y venta loca, el mundo de los yuppies aún permanece, pero con una visión ya hacia otro tipo de banca más convencional y clásica. Es el claro mensaje que suena en el sector bancario, y no solo en España, sino también en EE.UU y resto de Europa. Lo mismo para el resto de sectores monopolísticos (como el de las telecos comentado antes). En el futuro, posiblemente en un par de años o eso preveen los banqueros actuales, ya no veremos más productos como las preferentes, depósitos combinados y estructurados complejos. Hay un claro carpezado al modelo que empezó en los 80 para empezar un nuevo paradigma. Uno de los bancos que se ha lanzado a este tipo mensaje (aunque no lo está aplicando en la actualidad) es Banesto. Tal vez hayan visto su anuncio sobre el nuevo modelo. No es simple retórica, el Banco cree fuertemente en este nuevo tipo de banca:

Una de las ventajas que tiene el sistema capitalista es que se adapta a todo antes de morir. La sociedad, el mercado, pide a gritos un cambio. Ahora estamos en la transición de tal proceso que verá la luz en unos años, cuando el panorama económico se calme un poco y los clientes estén ‘colocados’ y el sector reajustado. Mientras esto no ocurra, el viejo sistema seguirá aunque cada vez se quemará más, y ya ha llegado a cotas muy poco sostenibles.

No es un cambio casual ni puntual. El sistema entero está cambiando

Sin desarrollar mucho el tema, todo está cambiando ahora y de forma tremendamente profunda. Hemos oído muchas veces que ‘volveremos a vivir como nuestros abuelos’. Sí, es cierto. Peor tal vez, pero esto también tiene beneficios (los cambios no solo suponen costes). Tener empresas que ya no engañen a la gente es un beneficio al menos. Las grandes empresas tendrán que recobrar la confianza de sus clientes, y eso costará mucho. Pero este cambio a largo plazo no es algo que ocurra solo con los bancos o telecos, sino con todo. Otro de los sectores en decadencia total es la política, con la única diferencia que estos son incapaces de salir de su cortoplacismo y siguen con el engaño, la calumnia de unos contra otros, y el despilfarro. Un ejemplo evidente es el de nuestro propio gobierno. Siguen con sus mentiras, su corporativismo e información sesgada sin ver las amenazas que diariamente tienen. Internet es una de ellas.

El mundo de la política no aprende. Seguriá desgastándose y seguirá haciendo esas falsas promesas que tanto odia la gente conteníendo a los ciudadanos en más leyes y un mayor estado policial y fiscal. Pero lo inevitable no se puede eludir, y el modelo acabará cayendo también.

Independientemente de lo que pueda ocurrir económicamente, que será un empobrecimiento progresivo de la población, un estado más autoritario y más inquisitivo en el corto plazo, el cambio del modelo empresarial avanza hacia el fin de una era. El retorno a un modelo algo más sostenible y directo basado en la confianza individual que muy probablemente se vaya extendiendo a todos los escenarios de la producción. La gran pregunta es si esta tendencia, que ha intentado hacerse camino varias veces en las últimas décadas y falló por su pingües benéficos a corto plazo, tendrá éxito o no. Más importante aún, cómo liga este cambio, que es casi una realidad ya, con el inmovilismo político y sus recetas crónicas de corto plazo e irresponsabilidad como el de ayudas crónicas y deuda permanente (que personalmente creo que también acabará muriendo por agotamiento e injusticia). Si la gente hace cambiar la oferta del mercado a través de sus preferencias (de su ira, irritación y odio en este caso), no pueden sobrevivir dos sistemas tan opuestos. Recordemos que estamos viviendo una crisis sistémica, de estructura. Y es tan fuerte que acabará con el sistema que hemos estado viviendo hasta ahora. Todo el sistema, tanto el estatal como el privado (que ha nacido debido a la obsesión keynesiana/monetarista del crecimiento perpetuo, dinero barato y deuda) ha reventado. Ha mostrado ser insostenible e irresponsable. El modelo ha de renacer ante una población diferente con gustos diferentes y proyecciones diferentes. Y ahora estamos viviendo este cambio. Una buena respuesta a cómo puede evolucionar todo ya lo comentó Toni Mascaró con la Teoría del Desprendimiento (State Decay Theory). Muy probablemente, es el futuro que nos espera aunque no será lineal ni rápido, más bien irá en dientes de sierra y será largo.

ACTUALIZACIÓN:

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Una respuesta to “Efectos de la crisis: el ‘Yuppie’ ha muerto para siempre”

  1. Tiene que pasar algo mucho mas terrible que la crisis actual para que las cosas cambien.

    Unas 3/4 partes de la sociedad esta moralmente enferma.

    El inzquierdismo papanatas, el cortoplacismo, el todo vale, y lo políticamente correcto permean a la sociedad.

    Así no se arregla nada.

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