¡Ahora cualquiera nos puede echar a la calle!

El Mundo ha realizado una serie de entrevistas a transeúntes sobre la nueva legislación laboral (aquí su aprobación en el BOE). La primera entrevistada espeta al micrófono: “ahora cualquiera nos puede echar a la calle”. ¿Cualquiera? No del todo. No hace falta ser un experto en derecho laboral para saber que, por ejemplo, el revisor del metro no nos puede echar. El vecino del 4º, tampoco nos puede despedir. De hecho, muy pocas personas nos pueden ‘echar’. Solo los jefes.

Me llama la atención del video también, la reacción de otros entrevistados. Algunos afirman: “hay que apretarse el cinturón”. Este ha sido un eslogan lanzado por los políticos que la gente común ha aceptado sin más. No se convence a la masa con razonamientos lógicos, ni sentido común, sino repitiendo miles de veces una frase fácil y pegadiza. La adoración y adicción al Poder de la masa y medios de comunicación hace el resto. Si la democracia ha de servir para convertir a la gente en más veraz, inteligente y abierta, está claro que ha fallado clamorosamente.

La reforma laboral del Gobierno no servirá de nada. Rebajar la penalización por despido improcedente, de los nuevos contratos además, de 45 a 33 días sigue siendo una barbaridad. Y a 20 días si es procedente, también. No parece muy inteligente además, que en un momento en el que todos los empresarios y empresas piensan reducir costes (y el trabajo es uno de ellos), el Gobierno facilite el despido. Desde luego que la penalización por despido era una aberración que solo premiaba al hedonista, al poco productivo y al parásito, pero es que sigue siéndolo.

Hay que diferenciar entre dos conceptos. Una cosa es la libre empresa, y otra el libre mercado. En este país, y en todo occidente, las grandes empresas pueden hacer lo que quieran, en el libre mercado no. La solución al desempleo ha de tratarse como el resto de las cosas en la economía, esto es, con más libre mercado y no tanto libre empresa. ¿Cómo? Haciendo que el Gobierno desaparezca del mundo de la producción. Punto.

La libre empresa suele requerir de un estado regulador que apruebe leyes para empresas en contra de la libertad de la gente. Una muy clara es la creación de barreras de entradas a la creación de nuevas empresas como las licencias, tasas o las regulaciones administrativas. En momentos de crisis la sociedad necesita reinventarse, reciclarse. La actual ley no da pie a tal cambio. El Gobierno sigue siendo la principal causa de la destrucción de empleo con su rigidez administrativa.

Recientemente un amigo me comentaba que tuvo que cerrar una sucursal de su negocio en Barcelona porque L’Institut Municipal del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida, le obligó a retirar un cartel publicitario en el balcón del despacho que lo anunciaba. Para este órgano psuedo-fascista del Ayuntamiento, ese letrero quedaba feo. Personalmente no lo vi tan horroroso, pero acatar la orden del susodicho instituto ha costado el trabajo a tres personas. Sin ir más lejos es más ofensivo ver las mentiras de las políticos en carteles pegados en las paredes de lo edificios en épocas de elecciones.

De Guindos afirmó que la reforma laboral era “agresiva”. Es cierto, sigue siendo agresivamente socialista y represora hacia la libertad de la comunidad. No ha cambiado nada. El ritmo de pérdida de lugares de trabajo seguirá su curso y la creación de empleos también. Tanto alboroto para dejar el mismo estado policial laboral.

El primer punto es abolir cualquier intervención del Gobierno en el mundo de la producción: borrar de un plumazo la burocracia, los impuestos, las cuotas a Seguridad Social y desregular todos los sectores. Y sobre aquellos que estén prohibidos, legalizarlos siempre y cuanto no representen una amenaza directa contra la libertad, propiedad y vida de las personas. Que el Estado desaparezca de la economía daría un vuelco inmediato al bienestar de la gente, no de las empresas solo, sino del ciudadano también.

Algo así no ocurrirá porque eso significaría que los políticos perdieran Poder. Por lo tanto, nada ha cambiado con la nueva ley. La crisis sigue su curso.

ACTUALIZACIÓN:

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6 comentarios para “¡Ahora cualquiera nos puede echar a la calle!”

  1. Jorge,
    estoy de acuerdo con el fondo del artículo y comparto plenamente lo que dices al hablar del sistema de “libre empresa” que padecemos; pero me parece una expresión muy desafortunada. Efectivamente, la gran empresa puede hacer “lo que le da la gana”, puesto que puede permitirse el lujo de tener un departamento legal con el que manejarse en el laberinto normativo, mientras que la gente corriente y los pequeños empresarios no podemos. Es una forma moderna de feudalismo, que nos impide a la gente normal el acceso a un sustento independiente, como en la Edad Media impedía el acceso a la propiedad de la tierra salvo para los señores feudales. Es anti-intuitivo y desafortunado llamar “libre empresa” a lo que constituye un “feudalismo de empresa” que atenta contra nuestras libertades y, en concreto, a la libertad de fundar la propia empresa.

  2. Dices:” Rebajar la penalización por despido improcedente, de los nuevos contratos además, de 45 a 33 días sigue siendo una barbaridad. Y a 20 días si es procedente, también. No parece muy inteligente además, que en un momento en el que todos los empresarios y empresas piensan reducir costes (y el trabajo es uno de ellos), el Gobierno facilite el despido.”

    Creo que falta una idea en la cadena. Si 45, 33 y 20 días es una barbaridad ¿qué no lo sería?
    Y, por otra parte, el Gobierno “no debe facilitar” el despido? debe entorpecerlo? Yo creo que ni una cosa ni otra, no debe meterse en la regulación del mercado de trabajo.

    • A lo que me refiero es que 20 días siguen siendo casi lo mismo que 33 o 50. Me explico mejor. En este país el 90% de las empresas tienen menos de 50 trabajadores. Una rebaja como la que han hecho, no beneficia la mayoría de empresas españolas, pero sí a las grandes empresas que pueden soportar ese coste.

      Y efectivamente, el gobierno, como digo en la nota ha de desaparecer del mundo de la producción. Más beneficioso habrían sido otras medidas como rebajar las cuotas de SS, eliminar papeleos, impuestos y leyes para crear empresas. Creo que han empezado la casa por el tejado en otras palabras

  3. Con un partido socialdemócrata, y por tanto socialista no se podía esperar otra cosa, es un leve avance en la dirección correcta, nada mas. No se le pueden pedir peras al Olmo. Les cuesta horrores liberar a los trabajadores del yugo de la indemnización.

    Lo que la mayoría de la gente no sabe es que los días de indemnización por despido los paga el empleado, en forma de un sueldo menor. El empresario, para poder en un futuro despedir sin problemas cuando sea necesario, tiene en cuenta el montante de la indemnización a la hora de calcular el sueldo máximo que podrá pagar y por tanto ofertar, -al igual que las cotizaciones a la SS y el resto de variables económicas- para capitalizar ese montante hasta que llegue el momento. Si no llega, tanto mejor para el empresario. Si llega, es lo normal.
    Pero entre medias hay un incentivo importante a no cuidar al trabajador porque interesa que sea el quien se vaya de la empresa voluntariamente, para pasar ese montante capitalizado a beneficios. Las consecuencias en mi sector son que jamás se suben los sueldos y que tiene uno que cambiar de empresa para ver actualizado su sueldo acorde al mercado. Yo por ejemplo llevo como 5 contratos indefinidos con otras tantas empresas.

    Pero la consecuencia mas grave es el “coste de oportunidad” que padecen los trabajadores menos valientes, que ven pasar oportunidades laborales sin atreverse a cogerlas por la pérdida del “colchón” de seguridad que supone la indemnización. Así, hay millones de personas que tras ejercer trabajos que no son en los que mas productivos pueden llegar a ser, se ven altamente incentivados a seguir en esos puestos porque cambiar de sector supone “perder” la indemnización y en definitiva un riesgo. Esto nos perjudica a todos obviamente porque tenemos trabajadores que podrían producir mucho mas en otros sectores o empresas “aguantando” sus puestos por este motivo en empresas donde no son tan productivos es decir donde no van a poder generar la riqueza que podrían.

    Yo jamás he oído hablar de este tema, de las consecuencias terribles para todos y para la productividad de todos de las indemnizaciones por despido, de que no es el empresario quien paga estas indemnizaciones en medios “masivos”, salvo por supuesto, en algún medio “liberal” con audiencias limitadas.

    El día que se hable de esto en tve-1 por ejemplo sabremos que la cosa tiene visos de solución, mientras tanto seguirá igual porque nos llevan metiendo desde pequeñitos en la cabeza las mismas ideas de que el empresario es un tipo malo, que te puede despedir para fastidiarte y que -gracias al benevolente gobierno- le obligan a indemnizarte cuando comete tal tropelía.

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