El éxito no es para conformistas

Leo un interesante artículo de Ángela Méndez en Expansión con el mismo título que la presenta nota. Aparentemente, no tiene nada que ver con el liberalismo, sino con el desarrollo profesional del individuo. Méndez nos dice:

“¿Quiere escapar de jefes incompetentes, compañeros indeseables y trabajos aburridos o sin futuro? Si desea dejar atrás todo esto y dedicarse a lo que realmente le gusta trace su plan diabólico. Sea un poco malo y hasta egoísta para centrarse en hacer realidad su proyecto de vida. Necesita tener convicción, no dejarse cautivar por el primer éxito y seguir marcándose nuevos retos”.

Mucha gente de visión emprendedora, o ideológicamente liberal, estaría de acuerdo con lo expresado anteriormente y lo aplica, o al menos lo intenta. Sin embargo, desde el punto de vista ideológico y político, no solo hacen lo contrario sino apología de ser partidarios del sistema. Es la nación de esclavos y cobardes de la que hablé en otra ocasión. Solemos leer a presuntos liberales, es decir, personas que abogan por el individualismo y la libertad, que abiertamente abogan por el colectivismo con la imposición de trasnochados conceptos como “patria”, bienestar común, valores tradicionales, “solidaridad”… En realidad no tengo nada contra estos conceptos, sino contra la imposición de los mismos. Incluso abogan por el mal menor, que no deja de ser “el mal mayor”. EL adjetivos no cambia al nombre. El mal es el mal.

Este tipo de gente no dejan de ser conformistas, son parte de nuestro problema social en el que estamos aunque no queramos estar en él. Son  la sociedad aborregada y acobardada por el miedo al cambio y al fracaso. Son conformistas de facto que imaginariamente se elevan en el pedestal de lo exclusivo sin ver su mediocridad y dependencia. Quien continuamente teme al fracaso, acabará fracasando siempre.

El camino a la libertad no puede pasar por apoyar un sistema que nos limita nuestro potencial, capacidad creadora, ni bienestar individual. Dar soporte a los partidos, a los políticos, a la constitución, a las leyes, a la justicia estatal, educación gubernamental, a la policía y a los sacros y fallidos conceptos de Estado Nación, Estado del Bien estar y Democracia, significa ratificar el sistema y aumentar su Poder. Eso no es un mal menos, es el peor de los males. Las consecuencias del conformismo y el pragmatismo son las mismas de los que trabajan cada día de forma activa para sostener sus privilegios estatales como los propios políticos, burócratas, rentistas estatales, cineastas, sindicalistas, patronal, lobbies civiles y económicos.

Uno de los mayores éxitos de la tiranía del Estado del Bienestar es el miedo: el miedo a quedarnos sin pensión, sin educación, con una “España rota”, una sociedad sin “estado de derecho”, sin leyes… El miedo es la principal arma del sistema. Es el virus que afecta a los cobardes y esclavos de la sociedad. El camino a la liberación solo puede ser un plan individual para derrotar el sistema. Como afirma Méndez: “Si desea dejar atrás todo esto y dedicarse a lo que realmente le gusta trace su plan diabólico“. Aquí entran los planes diabólicos de Hugh Macleod que nos introduce la autora. Para ser una persona de éxito, o mejor dicho, LIBRE:

  • Tenga siempre hambre. Busque alternativas a todo, al sistema. Usted, y no la sociedad, sindicatos, políticos… es la única alternativa a la libertad. Luche por ella sin caer en la trampa del “colectivo”.
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  • Cree su micromarca. Infórmese sobre qué es la libertad en foros, revistas, libros. Participe con otra personas y defiendase. Defienda su posición: “yo soy libre”.
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  • Haga arte cada día. Nunca baje la guardia, o como dijo Mises tu ne cede malis sed contra audentior ito. “Jamás cedas ante el mal, sino combátelo con mayor audacia”.
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  • Recuerde quién es usted en realidad. Pequeñas victorias en la libertad, o propuestas del camino intermedio, no nos tienen que deslumbrar ni perder de vista nuestro objetivo: LA LIBERTAD TOTAL DEL INDIVIDUO, o lo que es lo mismo, erradicar la agresión de las instituciones y el sistema.
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  •  No se acomode. Muchas personas el camino fácil, y el camino fácil, suele ser el correcto. Acudir a la política para que ésta obligue mediante la ley a ser libre a los demás, no lleva a nada. Eso ratifica el sistema. En el momento que a alguien le dan un sillón, es absorbido por el sistema. Sea siempre un revolucionario. Un antisistema. Eso no significa recurrir a la violencia, todo lo contrario, el liberalismo cree en el cambio por medios pacíficos.
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  • Sea despertador. “Macleod cree que las personas se dividen entre los despertadores y los dormilones” nos dice la autora. Es decir, entre borregos y emprendedores. Entre parásitos, rentistas estatales y productores. La continuidad no cambia nada. Dé ejemplo de su compromiso. Adopte su estilo de vida al liberalismo: desobedezca al sistema, al tirano, no pague impuestos, no cumpla las leyes estúpidas.
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  • Consiga que le odien. Si los que abogan por este sistema criminal nos odian, es que estamos haciendo algo bien. Es un logro. Como dice Macleod: “su plan diabólico no va a facilitarle la vida. Es probable que se la complique más. Pero saberlo de antemano hará que la experiencia de estar vivo, aquí y ahora, sea mucho más rica y agradable”.

El sistema se va a caer igualmente porque es insostenible económica y éticamente (aquíaquí, aquíaquí, aquíaquí, aquíaquí, aquí y aquí). Solo nos estamos adelantando y preparando para lo inevitable, la decadencia de facto del Estado del Bienestar, la democracia y el estado nación. El pragmatismo ya no es una opción, solo es una absurda utopía de aquellos que ya no quieren ver la realidad.

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