Barcelona, el paraíso del delincuente común

Según La Vanguardia:

“Tres trabajadores de la L3 de metro cuentan su impotencia ante los carteristas. ‘Veo entre 20 y 25 hurtos cada día’, dice una. ‘Me insultan y me amenazan cuando salgo en ayuda de los pasajeros’, relata otra.

“‘Es el paraíso de los carteristas, actúan con total libertad y no porque no se les incordie con los vigilantes, los Mossos y los empleados de metro, porque hay que reconocer su incansable labor. El problema es la falta de dureza en las leyes y la falta de rigor a la hora de cumplirlas’, lamenta Maika. Afirma que ‘cada día son más numerosos y más agresivos’ y que ‘saben perfectamente que no permanecerán en Comisaría más de dos horas‘”.

Este país tiene muchas cosas pendientes, pero una de ellas, sin duda, es reformar las leyes extraordinariamente garantistas para el criminal. Ni un solo partido político se ha atrevido a cambiar una situación que denigra por días. No es solo cambiar y hacer ver al delincuente que “el crimen no paga”, sino dar más libertad al individuo para que deje de depender como un drogadicto de la ayuda policial, que en demasiadas ocasiones no sirve absolutamente para nada. Debemos ser el único país del mundo donde la autodefensa está prohibida, pero no el crimen.

La justicia española, lejos de ser un alivio y solución a problemas de convivencia, es un problema para el ciudadano que solo otorga grandes incentivos al criminal para que siga con su trabajo. ¡Menos mal del monopolio de la seguridad pública!

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3 comentarios to “Barcelona, el paraíso del delincuente común”

  1. Pues la única solución, como señalas, es la autodefensa. Ahora, no se te ocurra lesionar a tu asaltante porque al que le empapelan es a uno. Si están mal las cosas, la intervención pública es que siempre las empeora…

  2. Pues siendo el país de las subvenciones yo creo que hay una manera muy fácil de terminar con este tipo de delitos menores y es condenando al infractor a no poder acceder a ninguna ayuda pública sea de la clase que sea de por vida. Se acababan de inmediato, porque me apuesto lo que queráis a que la mayoría de los amables carteristas disfrutan de un piso que todos les pagamos y de pensiones no contributivas que generosamente les estamos proporcionando. Mira, mientras conseguimos que se acaben las subvenciones públicas podemos aprovechar el sistema

  3. Daniel Díaz julio 26, 2011 a 00:30

    ¿Los carteristas del metro de Barcelona disfrutan de pisos que todos les pagamos y cobran pensiones no contributivas? ¿Puede usted profundizar un poco en esa línea?

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