El significado de la palabra ‘GRATIS’

En estos tiempos de recortes muchos grupos se están quejando del fin de la gratuidad de los servicios estatales. Piden que la medicina, la educación, la vivienda y lo que se les ocurra sea “gratis”. ¿Qué significa que un bien o servicio sea gratis? Siempre se interpreta desde el punto de vista del consumidor final, es decir, que éste no ha de desembolsar nada para su consumo o adquisición. El significado del término es algo más complejo.

Si una cosa es gratis es que no vale nada o que otro está absorbiendo el coste de su valor. El aire es gratis porque no vale nada. Hay en exceso. El agua es gratis porque también hay en exceso (nosotros no pagamos por el agua del grifo o embotellada, sino por el coste de transportarla, depurarla, envasarla y llevarla donde nosotros la adquirimos). La arena de la playa es gratis porque nadie la quiere, o nadie está dispuestos pagar nada por ella.

Nos centraremos solo en los servicios y bienes que el Estado gestiona olvidando la economía privada (promociones, regalos por consumo, cupones, regalos particulares…).  Desde un punto de vista económico, si solo es gratis aquello que nadie quiere, ¿por qué convertir servicios y bienes preciados de la sociedad en gratis? Eso significa que si convertimos en gratis la educación, es porque nadie la desea. Significa que los profesionales de la docencia no son más que cooperantes de ONG que no cobran por los servicios que desempeñan. Significa que la sociedad no valora en absoluto que sus hijos aprendan. Todo esto no es cierto y sin embargo el Gobierno ofrece tal servicio a coste cero.

Lo mismo ocurre con servicios como la sanidad por ejemplo. Ni la educación ni la sanidad del Estado son gratis en realidad. En el terreno de la sanidad, en Cataluña, por ejemplo, la Generalitat se gasta anualmente unos 1.300 euros por habitante. La pole española la ocupa Asturias donde la administración se gasta anualmente 1.500 euros por habitante. En realidad es más ya que este monto no contempla los costes de transacción. Un servicio estatal, además, siempre es más ineficiente que uno privado en su gestión ya que no depende de factores económicos. Tiene una inclinación acentuada a disparar la burocracia, los costes de transacción, una minusvaloración en los costes de adquisición, mayores costes operativos, una baja capitalización por trabajador y muy especialmente sigue un tipo de modelo estático de innovación y adaptación al cliente porque no depende de él.

El sistema estatal del “todo gratis” es un engaño en toda regla. Es un fraude en tres vertientes:

  1. Es opaco en el sentido que el pago de su servicio no es transparente para el ciudadano. Muy probablemente usted no sabe cuánto se está gastando los políticos en su medicina, educación, infrastructuras, qué dinero va ONGs, lobbies, sueldos de burócratas…
  2. Aunque nos hagan creer que los servicios del Estado son gratis, no lo son. Infravaloran el coste del servicio haciendo pensar al ciudadano que como no paga una cuota directa de su bolsillo o cuenta corriente por ella, es un producto más de la naturaleza sin elaborar. Esto  hace que los servicios estatales aún sean más engañosos cuando los toma la administración al eliminar la calidad y diversidad. En el caso de la sanidad y educación solo hay una. La medicina de un hospital (en términos de medición comparativa igual por capitalización) u otro es más o menos el mismo. Creemos que toda la medicina es igual, cuando el mercado precisamente lo que hace es crear diversidad de precios y servicios.
  3. Todo cae en la falacia del rico o del Nirvana. El valor deficitario de la sanidad la pagan los ricos. Es una de las mentiras más exitosas del Estado del Bienestar. Los estados han intentado durante cientos de años que los ricos paguen sus promesas electorales sin el más mínimo resultado positivo. La mayor parte del dinero que recauda el Gobierno proviene de pequeñas empresas y particulares. Es decir, de la clase pobre y media. El socialismo ideó un plan genial y mágico para sustraer las rentas y producción “del que más tiene”, cuando en la realidad, el que más tiene es el que menos paga.
Al final cuando algo “es gratis” tiende a dar tal calidad, es decir, la que no cuesta nada de obtener. Cuando algo es más transparente en el pago y más libertad de elección hay, más calidad y diversidad crea, a la vez que permite abaratar el coste por la entrada de la libre concurrencia.
La pregunta a todo esto es: ¿queremos sanidad, educación, ADSL, autopistas, viviendas y lo que sea gratis? Al afirmar que sí solo estamos diciendo que estos servicios no valen nada para nosotros. Si no vale nada, al tomarlos el Estado, harán que su calidad se deteriore y el precio indirecto aumente con impuestos y deuda, a la vez que daremos entrada a free raiders donde el 20% van a acabar consumiendo el 80% de los recursos. Como ya ocurre, no tendremos el control de su precio real y todo quedará relegado a voces pancartistas de los políticos para ganar votos. Si todo es gratis, no hace falta un gestor porque todo el mundo puede coger lo que quiera debido a su sobreabundancia.

El “todo gratis” es pérdida de autonomía del individuo. Es convertir al ciudadano en un borrego más de la clase dirigente donde se le roba la capacidad de elección. Nos dice el político: si quieres educación, sanidad, casas… yo te la doy pero al precio, calidad, ubicación y servicio que YO quiero sin opciones. Eso es convertirse en un yonki del dictador de la producción.

Hay muy pocas gratis en el mundo. Y todas ellas lo son porque no las queremos o hay sobre-exceso. Una sociedad transparente y próspera es la que sabe cuánto paga por lo que consume y que tiene la opción de valorar aquello que consume eligiendo lo mejor. Volviendo los servicios y bienes gratis, estamos diciendo abiertamente que no valen nada. Si algo no vale nada, su gestión será la peor posible además de una contradicción absoluta en términos.
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