Emilio Campmany y la ‘falacia del Nirvana’. Egipto no es Irak, ni Bush un mesías (ACTUALIZACIÓN III)

Emilio Campmany escribe en Libertad Digital un artículo con un chocante titular: Bush tenía razón:

“…Todos, de derechas y de izquierdas, olvidaron que Bush fue a Irak sobre todo […] a liberar el país con la esperanza de que, si lograba que la semilla de la democracia arraigara en el valle del Tigris y el Éufrates, el ejemplo cundiría en el resto del Gran Oriente Medio”. [negritas mias].
Luego afirma:
“Pues bien, al cabo de casi ocho años, el ejemplo de Irak ha prendido en lugar más insospechado, en Túnez. Y luego se ha extendido a otra de las dictablandas apoyadas por Occidente, Egipto”.
Campmany no es el único que está mostrando estos argumentos a raíz de lo ocurrido en Egipto. La epidemia Necon se expande entre diarios americanos, columnistas españoles y bloggers de todo el mundo.

Es evidente que el autor no es economista. Egipto funciona como la propiedad privada de su Gobierno desde los años 70 (año en que muere Nasser, antiguo presidente del país, que no vale la pena comentar ahora). A pesar del proceso de privatización y apertura del país, que realmente no fue destacable hasta los años 90, la economía egipcia está fuertemente intervenida por el Estado. Los políticos dominan directamente más de un 50% del PIB, concretamente, el sector de la industria depende en más de un 60% del Gobierno. Desde el año 2008 Egipto se ha sumido en una crisis importante que el Gobierno no ha podido frenar pese a sus intentos colectivistas de evitarlo. El nivel actual de analfabetismo roza el 40% en el país y las carencias de la sociedad civil son fuertes.

Campmany no analiza, ni en una triste línea, la situación económica de Egipto. No considera que las revueltas subyazcan en factores económicos. Por supuesto que hay otros, pero el deterioro del nivel de vida es la principal causa de la revuelta, concretamente, el sufrido por la crisis de 2008.  Apliquemos la navaja de Ockham. La mala situación económica con la fricción entre gente y Gobierno han causado estos acontecimientos. No una invasión hace ocho años con un resultado muy dudoso.
El punto de vista Campmany es típico de un occidental de su tiempo. Es lo que en economía llamamos la Falacia del Nirvana. Este término lo conjeturó el economista Harold Demsetz para contrastar el comportamiento real de los mercados con el intervencionismo perfecto del Gobierno. Es un tipo de constructivismo infantil: el mercado adolece de altos costes en el desarrollo de A, B y C. Luego, centralizadamente (desde el Gobierno) podemos crear contraincentivos que neutralicen los costes de A, B y C para que todo sea perfecto. Es el principio del intervencionismo económico.
La falacia del Nirvana, como cualquier argumento lógico (falso), se puede extender a otro principio que se base en las mismas bases. Aplicado al intervencionismo Neocon considera que la ocupación y reestructuración de una sociedad siempre dará frutos positivos. Esto contrasta, empíricamente, con el estudio de Minxin Pei donde afirma que este tipo de política de “democratización”, aplicada a Estados Unidos sobre el mundo, solo ha funcionado en el 26% de los casos. La falacia del Nirvana se caracteriza por el análisis de los beneficios sin prestar atención a los costes globales ni a los costes de oportunidad. Por eso es una falacia constructivista, siempre funciona.
Sus dolencias principales, ya entrando en más detalle, son que:

1)    No supone que la intervención pueda salir mal.

2)      La imposición de un Gobierno extranjero, o nacional, pueda causar más daño que bien.

3)      Que la imposición de un Gobierno por las armas es más efectivo que el orden espontáneo.

4)      La legitimación moral de occidente es absoluta, universal, atemporal y necesaria para cualquier sociedad y por eso cuajaría en todas partes.

Los neocon añaden ahora en masa nuevos beneficios al intervencionismo. Crean un efecto mariposa difícilmente explicable, y es que la intromisión mediante la violencia y ocupación, genera externalidades positivas en otros países más o menos parecidos. Totalmente absurdo cuando otros factores —como una fuerte crisis económica— lo explican todo perfectamente. De hecho, los Neocon caen en una contradicción. Están a favor del intervencionismo militar diciendo que todo van a ser beneficios, pero atacan el intervencionismo en forma de ayudas humanitarias. Campmany lo hace ridicularizando la “Alianza de Civilizaciones de nuestro Zapatero”. No se da cuenta que es lo mismo. Los extremos se tocan es este caso. Ambas cosas están dentro de la falacia del Nirvana. La primera se podría llamar derechista y la otra izquierdista. También cae en la falacia del Nirvana aceptar que la inversión extranjera, por si misma, puede democratizar un país o hacerlo más próspero. Precisamente es una de las razones que se han producido en los sucesos de Egipto. Una de las primeras acciones que tomó Hosni Mubarak con la excusa de la liberalización fue llamar a empresas de fuera para que invirtieran en el país. Tal capital externo no ha servido de nada. Como siempre, los políticos vieron solo los beneficios pero no los costes. La privatización a espaldas de la gente, no funciona. Mubarak ha creado un Capitalismo de Estado en su país. Eso no tiene nada que ver con más libertad. Simplemente ha convertido Egipto en su propiedad privada.
Y ahora la traca final de Campmany:
“Bush tenía razón. El interés de Occidente no está en apuntalar unos regímenes despóticos que mantienen a la población empobrecida y la hacen fácil pasto del fundamentalismo. El interés de Occidente, y su responsabilidad moral también, está en fomentar y apoyar la transformación de esos regímenes en verdaderas democracias. […] Bush tenía razón, es la libertad, estúpidos”.
El autor nos representa a todos los occidentales. Este argumento personalista o de la representación es un intento de colectivismo habitual para que nos sintamos en el grupo. Erra el autor al confundir intervencionismo con libertad. Es un oxímoron. Bush no expande la “libertad estúpido”, pretendió expandir su imperio e ideas por medio de la violencia. La razón que el autor tenga tal confusión se debe a que no considera a los musulmanes ni orientales seres humanos, sino recursos de occidente dispuestos a su conveniencia. Observe que habla de ellos en tanto son útiles para servir a los principios de occidente. ¿Eso es libertad? Y no cualquier principio de occidente, sino el del autor. ¡Nos dice que seamos cómplices de guerras, matanzas, de la expansión del Capitalismo de Estado (reinado de las multinacionales junto al Estado) y penurias por una “responsabilidad moral”!
Bush fue un tirano y un asesino. Merece la misma suerte que su archienemigo Saddam Hussein. La tiranía universal, por más que se vista de democracia, sigue siendo una tiranía.

ACTUALIZACIÓN:

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2 comentarios para “Emilio Campmany y la ‘falacia del Nirvana’. Egipto no es Irak, ni Bush un mesías (ACTUALIZACIÓN III)”

  1. Aviso

    La palabra deterioramiento no está en el Diccionario.

    Es que me ha chirriado bastante.

  2. Sí, creo que es una catalanada… 😛

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