Estado Policial con ‘graffiteros’ y comerciantes en Barcelona

Ay Barcelona. El Ayuntamiento de la ciudad condal es un auténtico soviet. Aquí todo está prohibido. No se pueden instalar aires acondicionados si no te gastas una pasta antes, no se puede rotular en castellano, no se pudieron poner pantallas gigantes para ver la selección española, está prohibido regar las plantas a partir de no sé qué hora, se ha de tirar la basura en unas horas determinadas, la policía está en todas partes metiendo multas con radares, a pie, en bici, no se puede hacer <a href="http://www.totalwind.net/foro/viewtopic.php?f=35&t=46964&start=15&quot; target="_blanksurf, ni skate. Multan a más 200 personas por tirar colillas al suelo cuando no hay ni un solo cenicero en la ciudad (ante los había). La normativa sobre los comercios cambia tan rápido que no da tiempo a los propietarios a hacer las obras pertinentes que ya hay de nuevas. Multan al grupo musical U2, a Shakira. Multan a la gente por ir con auriculares por la calle. Prohíben las pajarerías de las Ramblas. Te pueden multar por “malgastar” agua. Solo en 2007 el ayuntamiento puso más de un millón de multas a sus ciudadanos. Eso equivale a una multa al año por cada ciudadano.

Barcelona es lo más parecido a vivir en la URSS pero con un alto grado de inseguridad.

A nuestros dictadores del ayuntamiento no les parece suficiente el Estado Policial actual y ahora se meten con los comercios —algo habitual entre los políticos de aquí— y los graffiteros.

Una actividad que ha ido en auge últimamente es que los comerciantes paguen a graffiteros para que pinten sus persianas. Eso evita el vandalismo. Al comercio le da un valor añadido ya que el propietario elige qué quiere y qué no, el graffitero gana dinero y expande su obra. Todos contentos. El libre mercado funciona perfectamente generando beneficios netos a todos.

Como es algo voluntario, al ayuntamiento no le gusta. Se cree el propietario de la ciudad y todo lo que ésta contiene. Incluso es propietario de la voluntad ya acciones de sus ciudadanos. Según La Vanguardia:

“El Instituto del Paisaje Urbano y la Calidad de Vida (IMPUQV) del Ayuntamiento de Barcelona ha empezado a aplicar más estrictamente la Ordenanza municipal, de 1999. La normativa establece que las sanciones [de graffitis en locales privados y remunerados] son para ‘la conducta’ de alterar la fachada, lo que permite multar tanto a comerciantes como grafiteros, pero hasta ahora sólo se había multado a los segundos”.
“‘El Ayuntamiento intenta frenar esta demanda [de propietarios que pagan a grafitteros para que decoren sus persianas] y por eso ahora multa a los propietarios, para que dejen de rebelarse contra la ordenanza’, acusa Marc Garcia, publicista y cofundador de Persianes Lliures. ‘Es como un puñetazo sobre la mesa por parte del Ayuntamiento, que está desbordado de propuestas que no le gustan, que vienen de los artistas pero también de los comerciantes’, responde Jordi Llobell, portavoz de Enrotlla’t“.

La excusa del soviet del ayuntamiento:

“‘El espacio público es considerado un bien común, de uso colectivo, como los balcones o las fachadas de las casas, así que velamos para que esté ordenado y mantenga el decoro y la dignidad deseables’, explica una fuente del Instituto municipal. ‘Es lo mismo que tener una bombona de butano en el balcón o tender la ropa en la fachada, son cosas que no contribuyen a preservar el espacio público’, añade, aunque reconoce que no se va a investigar quién tiene el balcón limpio y quien no”.

Según el funcionario anterior, él es el que elige lo conveniente para la ciudad. El ciudadano solo obedece. El burócrata es el dictador del buen gusto. Un funcionario es quien diseña la ciudad a su antojo y según sus intereses individuales y económicos.

La multa por un graffiti es de 600€. Antes, si era ilegal, lo pagaba el que lo dibujaba. Ahora lo pagará el comerciante. ¿Por qué? Por la sencilla razón que un graffitero no es fácil de pillar, mientras que a un humilde comerciante sí. No es más que una medida recaudatoria.

Lo único que va a provocar este Estado Policial es que aumenten los graffitis de mal gusto (burdas pintadas), aumenten las multas a comerciantes —que es lo realmente busca el ayuntamiento— y más costes para los dueños del establecimiento que tendrán que gastarse dinero en borrar esos graffitis de mal hechos y rápidos. Solo hay un ganador en este proceso: los políticos que verán aumentar su bolsillo a costa de robar el dinero al ciudadano al que poseen.

Ningún funcionario ha de ser amo de la propiedad privada de nadie. El dueño de un local paga altísimos impuestos para mantener su negocio. El funcionario, como una sanguijuela, vive del dinero que paga el ciudadano y comerciante. El funcionario es un sirviente, no un dictador. No es amo de la ciudad ni está en su poder cambiar la normativa cuando le plazca con falsas excusas que esconden lo de siempre: recaudar más dinero y más poder sobre la sociedad civil. Solo la sociedad civil ha de poner límite a la sociedad civil sin el uso de la fuerza ni multas. Los comerciantes contratan a graffiteros porque les gusta, nadie les obliga. A clientes les gusta, sino dejarían de ir a ese establecimiento. Barcelona además tiene otros problemas más urgentes. Tiene problemas de seguridad, de deuda, de circulación, de Estado Policial, de semáforos que se estropean con cuatro gotas de lluvia, de higiene en según qué barrios, de pobreza, de acceso a la vivienda, de okupas…

Barcelona es como un campo de concentración, un Guantánamo civil y fiscal. Por ley aquí todo el mundo es un delincuente, o como les llama el ayuntamiento, “incívicos”. Barcelona es la ley de la jungla. Si un buen ciudadano es quien cumple la ley, en Barcelona sólo hay buenos ciudadanos en los hospitales y cárceles porque no pueden salir a la calle.

Los soviets lo han dejado claro. infringe la ley sin que te cacen. Es la única forma de sobrevivir en esta ciudad de dictadores que ni siquiera se renuevan cada cuatro años.

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