Anécdota del día. Un par de policías prestan más atención a una multa que a un robo

Circulaba yo por la zona de expansión de una ciudad cercana a Barcelona, cosas del trabajo. Cerca de una gasolinera veo un coche muy mal estacionado. De golpe, un tipo entra por el lado del copiloto de una forma y a una velocidad no muy usual. He visto que algo debía pasar. Tenía la ventanilla bajada y oigo que alguien grita “ladrón, ladrón…“.

El coche acelera muy revolucionado hacia la siguiente rotonda. Le sigo para verle la matrícula. Sé que a 200 metros hay una patrulla de la Guardia Urbana porque la he visto antes. Solo veo los números de la matricula, no las letras. La memorizo. El coche se desvía por un lateral a una urbanización y yo sigo recto para dar la alerta al control de policía.
Llego donde está la pareja de policías. Bajo. Aviso al policía. Un tipo muy sosegado. Le cuento la historia y después la cosa fue así:

Policía: Solo ha visto los números, no… Las letras, nada…
Yo: No he visto las letras, no. Pero hace treinta segundos que han girado por ahí (rotonda anterior a 100 metros). Aún los puede coger.
Policía: Bueno, cuando mi compañero acabe con el Señor iremos ahí…
Yo: O_o

En este punto el policía urbano me da la espalda y se queda mirando a su compañero a unos 10 metros de distancia. El Señor en cuestión con el que estaban “acabando” era un chaval de 20 años con una moto al que estaban multando. En esa zona hacen día sí, y día también, controles. Los objetivos principales son las motos, siempre les encuentran algo. El urbano podría haber cogido su vehículo e ir al lugar donde han robado al menos. Se podría haber tomado la situación un poco más en serio. Podría haber pensado incluso que el atraco en una tienda o el robo en el parking de la misma es más importante que multar a un joven de 20 años.

He escrito muchas notas y artículos contra la falsa seguridad de la policía. Desde el momento que la seguridad queda monopoliza por el Estado, los policías se vuelven funcionarios. No trabajan para la sociedad, trabajan para su jefe: el Estado, los políticos. A los gobernantes y políticos no les importa lo más mínimo la seguridad ciudadana, pero sí que les importa recaudar. La prioridad para la policía no es mantenernos seguros, sino hacer uso de la ley para sacarnos todo el dinero posible. No tienen orientación al ciudadano, sino que son burócratas que aplican las normas de la administración pública.

La única forma para que funcione la seguridad es devolviendo su control al ciudadano y desligarla de una vez por todas de las manos del Poder. Solo así tendremos un servicio de seguridad orientada al cliente, esto es, al ciudadano.

Nuestra seguridad no es propiedad del Estado, es nuestra propiedad. Hacer que se ocupen de ella los burócratas es perderla y convertir toda la sociedad en un Estado Policial donde los agentes de la ley solo tendrán incentivos para multar al ciudadano.

Para la próxima vez ya lo sé. En lugar de decir que han robado en una tienda o alguien, lo que he de decir es que un tipo se ha pasado más de dos minutos en doble fila. Entonces seguro que los urbanos, mossos, o el que los que sean: piden refuerzos, cogen su vehículo con el bloc de multas, y van a toda prisa ahí para satisfacer a sus jefes, los políticos. Está claro que para los últimos, es más importante ver aumentar sus cuentas municipales y estatales que la vida, seguridad y propiedad del ciudadano.

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3 comentarios to “Anécdota del día. Un par de policías prestan más atención a una multa que a un robo”

  1. Cuándo aprenderéis, pobres mortales, que la “policía” no es más que la maquinaria oculta de papacito estado para poder cobrar más impuestos de forma sutil.

    Se les llaman multas.

    Eso da dinero, perseguir deliencuentes, o incluso evitar que los haya, no.

    Simples matemáticas de primero de EGB.

    Un Saludo Felino
    Miau

  2. Querido, así es todo. Se dedican a multar, a molestar a inmigrantes mientras están trabajando (a los que no trabajan los dejan en paz, no vaya a ser que sean de alguna mafia y vayan armados) y a camellos de tercera que ni siquiera deberían llamarse camellos. Pero si presienten que puede haber la mínima posibilidad de peligro, they chicken out. Yo he tenido un par de experiencias así, una vez un tío pegándole una brutal paliza a una mujer en la Gran Vía de Madrid y otra un moro pisándole la cabeza (literal) a un chico en Chueca. En ambos casos, la policía se mantuvo a distancia prudencial mirando el espectáculo. Surrealista. ¿Habrían apostado quién ganaría las peleas?

  3. Te acompaño en el “resentimiento”. El otro día fui a por mi coche que había estacionado enfrente de mi casa, tras pasar fuera el fin de semana. Me encontré la guantera abierta y que me habían robado varios discos y otros enseres del interior, sobre lo que puse la correspondiente denuncia en comisaría. Pero eso no fue lo peor, sino que en el parabrisas, ya borrado por la lluvia, había un papelito azul que me habían dejado los guardias mientras debían haber estado vigilando a los ladrones. En lugar de esto, ¡encima me habían denunciado por mal estacionamiento! Enfrente de mi casa y en un lugar donde siempre se aparca y no hay señal alguna que lo prohíba, sin impedir el paso ni nada.
    Así las cosas, ya no sé de quién me salen más caras las gracietas, si de los ladrones o de los policías. Pero si los segundos hubieran estado haciendo su trabajo, que es proteger al ciudadano, en vez de recaudar, y encima injustamente (pero vaya usted a reclamar o métase en un juicio de esos que duran años) otro gallo nos cantaría.

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