Estado policial en los colegios

Un amigo me ha comentado que en el colegio que de su hijo han prohibido que los padres lleven pasteles, galletas variadas, etc. al centro el día que algún nene cumple años. Me comentan desde Facebook que una de las excusas es porque los niños pueden ser diabéticos o celíacos, como si fueran enfermedades nuevas. También afirman que los profesores no pueden tocar la comida no vayan a transmitir algo y que no peuden repartir tarjetas de invitación a los niños de la clase “porque hace que pierdan el tiempo”.

Recientemente, el Gobierno central ha prohibido vender y anunciar bollería industrial y chucherías en los colegios, lo que provocará que los niños se atiborren de estos productos cuando salgan del cole. Porque oiga, la ley no es magia. La droga está prohibida y eso no evita que cada día 29.000 jóvenes españoles fumen porros y casi 6.000 se peguen un tirito de cocaína. Prohibir algo no tiene el carácter mágico de eliminarlo, sino de no verlo, pero se sigue produciendo con todos los efectos negativos que esto genera. Ni discusión, ni libertad para elegir. Prohibición directa. La administración desenfunda otra vez su arma de la ley contra el ciudadano y su libertad.

Todos estos que están a favor de este desbocado estado policial son los mismos que después sacan espumarajos por la boca de ira cuando ven que en Estados Unidos se producen movimientos como el Tea Party, que aunque sea una malgama desorganizada y variada de conservadores, liberales, anarquistas y hasta demócratas (progres), al menos se enfrentan a la fuerza del poder central. Piense cómo surgen estas leyes tiránicas. Un montón de burócratas sin nada que hacer y sobradamente bien pagados se dedican a pensar cada día sobre cómo ordenar sus granjas —la nación— y decidir qué hacer con su propiedad: las personas, el ciudadano.

En ocasiones también se produce por lo que llaman “demanda popular”. En el caso de los colegios, una madre histérica obsesionada con sus ideas de salubridad a punta de pistola se reúne con otros cuatro tiranos en potencia como ella: “¿habéis visto que cuando una madre hace un pastel en la cocina de su casa, no hay realmente leyes de salubridad adecuadas que la regulen y después los niños se comen esa tarta en clase?” Envían cartas a la administración, presionan a los políticos y crean lobbies. Al final, un puñado de iluminados fuerzan a la administración a crear leyes tan absurdas como la que protagoniza esta nota: crear un estado policial en el colegio en nombre de la salud, la paz, la igualdad… ¿Y dónde está la libertad de los demás? A estos grupos de presión y administración no les importa. Imponer estilos de vida mediante la ley es la misión de su vida. No convencen a la gente sobre aquello en lo que creen, lo imponen y fuera. ¡Por tu bien!

Ahora el congreso quiere prohibir los “juegos sexistas”. El nombre ya asusta. La clase media de este país no va más allá del nombre pancartero y muchos están a favor sin saber ni siquiera el contenido ni reflexionar sobre las injusticias que algo así provocará, o el terrorífico daño que causan estas medidas en una sociedad libre. Sin iniciativa, sin diversidad, sin libertad. ¿Obligarán a los niños a saltar a comba? ¿En los juegos de polis y ladrones pondrán a los niños cuotas de niñas para realizar el juego? Más estado policial, menos libertad. El colegio es el experimento de cómo moldear una sociedad fiel y servil al Estado. No entiendo como no pasan la patria potestad de los niños al Gobierno directamente, sería más fácil. De hecho, los padres cada día tienen menos autonomía sobre sus hijos. Por el bien de todos otra vez. Para los políticos, la sociedad, el ciudadano y el individuo no son más que engranajes de una máquina colectivista que ordenan a su gusto para maximizar sus benéficos políticos y rentas. Nunca ha hecho el robot servil que pronosticaban las películas de ciencia ficción de los años 50, ni falta que hace: el Gobierno ha conseguido hacer del ciudadano un robot servil que lo programa como quiere.

Muchos me dicen: “¿Dónde vamos a ir?” Yo me pregunto: “¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí?”.



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3 comentarios para “Estado policial en los colegios”

  1. Creo que no se pueden mezclar la regulación de los juegos en el recreo, para que no sean sexistas, con la prohibición de llevar chuches, galletas o bollos para repartir el día del cumple de nuestros hijos. Aquélla es una muestra más de la demagogia gubernamental, como la de prohibir la venta de cuernacos de crema o bollazos de choco; ésta, es una norma del propio centro que no quiere responsabilizarse de un brote de legionela, por ejemplo. Esto lo entiendo y, ya digo, depende del centro. Puedes llevar otras golosinas, siempre con la condición de que los nenitos se lo coman en casa (así previenen una denuncia por atragantamiento o intoxicación …. que no sabes como somos los padres).

  2. Tan horrible un sistema como otro. El carácter voluntario se remplaza por el miedo de la ley y falsa responsabilidad.

    ¿Si un niño come un bollo intoxicado en un parque infantil del Estado puedo denunciar a la administración? Ridículo 😉

  3. No, claro que no. Sencillamente no te dejan llevar bollos para celebrar un cumple … si quieres llevas a los invitados a casa. Al cole al que los llevábamos antes, uno público de C-LM, sí permitía llevar bollería (mi mujer hace un bizcocho de chocolate que quita la anorexía con sólo mirarlo); el de ahora, que es concertado y en Madrid, no. A la mayoría de los padres que conozco les parece bien. Puedes llevar caramelitos y pequeños regalos … además de la invitación para llenar la casa de homínidos.

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