Unas horas (forzadas) en la seguridad social

El Gobierno mejora la Asistencia Sanitaria de la
misma forma que el whisky te hace más sobrio
 

Hoy he ido al hospital. Tenía hora a las 10h AM. He salido a las 14h casi. Me he tenido que tomar el día de fiesta. No me parece ético que la empresa tenga que cargar con este vacío productivo. ¡Toda una mañana en el médico! La sala estaba a reventar, como siempre. Una señora de edad avanzada se ha desmayado. Una de las recepcionistas, con una cola de Record Guinness, se ha ido a desayunar dejando a su única compañera sola. Ambas recepcionistas trataban al ordenador como si fuera un extraterrestre. Tardaban en atender a cada persona más de 10 minutos, no paraban de decir “ay, esto no”. Hacían pagar sus errores al pobre ratón del PC. No paraban de golpearlo como si fuera el culpable de su inutilidad e ineficiencia.

Hay más. Una enfermera se ha puesto a llorar tras las protestas intensas de un señor, de muy mal gusto a propósito. La enfermera era andaluza y el señor le ha venido a decir (en catalán) que los andaluces eran unos vagos. Media sala, encima, le ha dado la razón asintiendo con la cabeza. El ambiente estaba cargado, pero ¿era necesario decir tal barbaridad a una chica que no tenía ni 25 años?

El médico que me tenía que atender, simplemente no estaba. Desaparecido. Nadie sabía dónde paraba. Me ha atendido otro. Al mirar el ordenador, ¡oh sorpresa! No funcionaba. No sé cuento rato ha transcurrido hasta que le salido algo en pantalla. ¿Creen que el problema de la Seguridad Social es la falta de personal? Créanme, al salir he visto enfermeras vendiendo lotería. ¡Diablos! Lo que me faltaba. El hospital colapsado y el personal vendiendo lotería en la calle. En este punto de surrealismo he pensado, “tal vez al cruzar la esquina me encuentro un cirujano haciendo de trilero para aportar unas perras al ‘Sistema’ o sacarse un sobresueldo”.

Obama, déjate de asesores y estudios sobre cómo implementar una seguridad social en Estados Unidos. Es todo mentira. Pásate por España. Pobres americanos, de un sistema de medicina más o menos sano, van a retornar a la era de las cuevas. No es que los médicos vayan a ser sustituidos por curanderos, peor aún, por funcionarios, por burócratas que creen que la gente puede perder el tiempo como ellos. Por engreídos trabajadores del Gobierno que tratan a la gente como ganado. La orientación al cliente del trabajador sanitario es cero. No pasaría ningún control de calidad de una empresa privada (excepto la de Telefónica tal vez). Igual que un funcionario de correos tira las cartas a la saca según su código postal, los trabajadores de la medicina estatal hacen lo mismo. Ningunean a la gente. No caen en que son personas. La desidia, la baja eficiencia y desganas se traducen en tensión del paciente y del mismo trabajador. Los funcionarios son personas con vidas grises, amargados, rencorosos, vagos irreversibles.

Este país dilapida una auténtica barbaridad de dinero usurpado por la fuerza al ciudadano en mantener este sistema de medicina enfermo, decadente. Cosas que tendrían que hacerse en minutos se vuelven horas. Actividades que tendrían que planificarse en pocos días, se hacen en meses. Programar una operación, en demasiados casos, tarda años. El Gobierno nunca será capaz de ajustar la demanda con la oferta al tomar el sector de la medicina como monopolio. En un sistema estatal donde los precios del mercado han sido capados y la competencia arrasada, siempre habrá colas e ineficiencia.

Tenemos un país en una crisis económica de aúpa. El Gobierno en lugar de privatizar y devolver a la gente aquellos negocios que son suyos por naturaleza, los toma por la fuerza convirtiéndolos en dantescas cuevas soviéticas. Pues nada, que los empresarios se metan en el ladrillo creando burbujas y chupando subvenciones para que no bajen los precios. Diablos, abramos el mercado de una vez. El Gobierno crea monopolios y “efectos expulsión” (crowding out). La competencia sanitaria creará más empleo, más hospitales, absorberá el sobrante de profesionales sanitarios actuales, bajará precios y tratará al paciente como un cliente, no como ganado.

“Seguridad Social”, qué gracia. Lo único que ha traído este concepto soviético es una falsa ilusión de seguridad “social” y médica. Más que nunca, no podemos acceder a la medicina por el sistema socialista en el que nos han metido los sucesivos gobiernos. El sistema tiene más de 100 años, inicialmente llamado “Instituto Nacional de Previsión”. En la época franquista, el falangista Girón de Velasco le dio un fuerte impulso al sistema degenerándolo más. El monstruo no ha parado de crecer y su nivel de ineficiencia sólo es comparable a cualquier otro servicio que ofrezca el Gobierno. Cualquier empresa que funcionará así, quebraría. Pero si hay una necesidad, el mercado siempre la puede cubrir directa o indirectamente (seguros, créditos…) sin necesidad de robar a nadie y de forma eficiente creando riqueza a toda la sociedad. La medicina estatal no nos da alternativa. Sólo el Estado está en el sector. Cualquier alternativa privada no es viable.

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6 comentarios para “Unas horas (forzadas) en la seguridad social”

  1. Estaba esperando el blog desde que he leido en el feisbuc que andabas en la SS. En fin, que se puede esperar de todo este sistema hiperburocratizado y lleno de personal sin formar…

    Y eso que cuentas, por desgracia, no es para tanto (viendo lo que hay por ahi)

    Saludos

    Comentarios Otomanos
    Grupo Sinertec

  2. Sr Valín:
    lo siento.Hay lineas rojas que nisiquiera usted puede transpasar.¿Cómo comparar a este infecto gobierno con el wisqui,cuando únicamente un buen scotch es capaz de hacernos olvidar a Zapatero y adláteres?
    Un cariñoso abrazo
    GAVION

  3. Me jode muchísimo cuando el tío de turno decide por mí perder mi tiempo, que puede que tenga cosas que hacer, y se vaya a tomar el cafelito por ahí. ¿Eso es eficacia?

    Saludos

  4. Muy buen post, pinta de cuerpo entero ala ineficiencia estatal.

  5. Supongo que ya que le importa tanto el trato que se le da a las personas, habrá pensado usted en las personas que no tendrían acceso a ningún tipo de atención sanitaria si ésta no estuviese garantizada por el estado.

    Es broma, ya sé que usted y el resto de defensores de la libertad no se preocupan por las personas que no tienen la “libertad” de pagarse un maravilloso seguro privado.

  6. Hola Daniel Díaz, amor a punta de pistola no es amor, sino violación. Imponer la solidaridad por la fuerza, es extorsión.

    El mercado cubre necesidades, todas. El Gobierno mediante el monopolio, crea pobreza

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