Sobre el actual mercado laboral y la producción

El Confidencial publica hoy una noticia lacrimógena titulada Alicia, Marta y Laura, mujeres ‘desesperadas’ en la España de los cuatro millones de parados y firmada por Y. Rodríguez. El autor o autora relata el drama de tres mujeres, que no sé si se habrá inventado o no, desempleadas. Como quien no hace la cosa compara nuestra sociedad con la del S. XIX e incluso parece convertir a John Stuart Mill en un socialista revelado. En fin, parce un programa basura–emotivo de Antena 3 o Tele5.

Nos va bien para dibujar un poco el tema del desempleo y la estructura de la producción y trabajo actual.

El problema

Todo el mundo está de acuerdo que la sociedad cambia, para bien o para mal, pero cambia. Si la sociedad cambia significa que el mercado también. Sociedad y mercado son la cara y la cruz de la misma moneda, la acción humana. Comparar la sociedad del S.XIX con la actual y su mercado de trabajo es absurdo. No son lo mismo por más analogías forzadas que se puedan encontrar. En el S. XIX el trabajo era, comparado con hoy día trabajo intensivas. Casi todo lo hacía el hombre. La máquina era un segundo plano. La evolución de la sociedad y el mercado hicieron que las cosas cambiaran. Las máquinas empezaron a tener más protagonismo y el hombre menos. ¿Eso significa menos empleo para el hombre? Es una concepción muy extendida entre los pensamientos neomaltusianos y paternalistas. Todos recordaremos el famoso libro de Jeremy Rifkin, El Fin del Trabajo. Las cosas no van exactamente así. En aquellos elementos de la producción ocupados por las máquinas, el hombre no pinta nada, sólo ha tiene cabida haciéndolas servir. El hombre en este sentido es un apretador de botones. El trabajo del hombre en muchos casos se explica haciendo funcionar las máquinas y ordenadores. La mano de obra de hoy día es esta.

Mucha gente considera este tipo de trabajo desmotivador, aburrido y degradante incluso. Es lógico, no enriquece mucho a nivel personal. Algo curioso se contrapone. Mercado y sociedad parecen haberse desvinculado. Un joven acaba la universidad. Ha estudiado unos años ¿y qué ve ahí fuera? Que las empresas le llaman para hacer funcionar programas de contabilidad, ejecutar procesos, programas de facturas, de logística, enviar mails, etc. Es decir, hacer trabajos administrativos. ¿Tanto tiempo estudiando una carrera para esto? Incluso muchas personas ejercen empleos que no tienen nada que ver con lo que estudiaron. Hay personas con masters que hacen trabajos administrativos. EL otro día leí que un tipo había sacado las dos carreras que tenía en su currículum porque sino las empresas no le daban trabajo ya que todas buscan “mano de obra” cualificada en trabajos administrativos.

Tenemos a gente con una cualificación que el mercado no demanda. Unas empresas que piden trabajo de bajo nivel. Una alta precariedad ya que los trabajos son de baja cualificación y por tanto las economías de experiencia son casi nulas (todo el mundo sabe hacer servir un software). El mercado, visto así de cerrado, no funciona. Es evidente. Hay un problema que genera un alto nivel de desempleo.

Las causas

¿A qué se debe todo esto? Las personas de hoy día tienen la mentalidad de los años 60. Son unos dinosaurios, incluso los más jóvenes. Se adaptan perfectamente a la sociedad, especialmente la del ocio con sus iPODS, ordenadores, ropa a la última, viajes, etc. pero no aceptan los cambios que esto mismo les lleva en la otra cara de la moneda, el mercado. Una sociedad dinámica no puede tener un mercado anquilosado y muerto. Son la cara de la misma moneda, una se nutre de la otra y al revés.

El principal causante de esta situación es el Estado. Todos los gobiernos enfocan sus regulaciones laborales a la “defensa del trabajador”. Cuando el Gobierno defiende a otro, significa que ataca a otro. Imaginémonos, que el Gobierno de turno quiere subvencionar —regalar dinero— a las personas rubias. Muy probablemente habrá gente que se tiña el pelo de rubio. Eso deja en una posición de indefensión al moreno, pelirojo, etc. Las acciones del Gobierno no son neutras, cada ley que hace para favorecer a alguien ataca al otro. Si el Gobierno “defiende” al trabajador, significa que ataca al empresario y a las empresas. No sólo eso, si el Gobierno aboga por defender a “unos”, la sociedad sigue al que el Gobierno defiende. Volviendo al ejemplo de los rubios, con el tiempo tendremos una sociedad de rubios. Si los políticos favorecen al trabajador lo único que vamos a tener es una legión de trabajadores. Si el Gobierno nacionaliza el servicio de medicina y crea leyes que favorecen a los enfermos tendremos una sociedad de enfermos. España en este sentido desbanca a casi cualquier otro país en enfermos ya que el gobierno lo cubre todo.

Las leyes de España son claras, están enfocadas para defender a los asalariados. Por tanto, la mayoría de personas en este país depende de un sueldo. Estas leyes desoyen a los autónomos. El empresario es el olvidado de nuestro país. A la vez, el Estado ataca a las empresas. No sólo las demoniza, sino que crea leyes que atacan su productividad. El tejido productivo del país en lo referente a grandes empresas es bajo. En Estados Unidos se crean grandes empresas de la noche al día casi. Los ejemplos más relevantes son Google, Facebook, etc. En España algo así es casi imposible. La legislación simplemente no lo permite con sus barreras. La gente, que va detrás de la legislación tampoco lo favorece.

A la vez tenemos un sistema educativo caduco que no sirve para nada excepto para crear frustración. Se educa a los jóvenes para ser dirigentes, empelados cualificados, y cuando salen a calle se encuentran que no tienen salida. La universidad sólo sirve para perder el tiempo o tener una ligera ventaja sobre el que no tiene la carrera. Es lógico, desde el momento que una parte importante de los jóvenes tiene un título la ventaja competitiva desaparece. Si sólo se graduase el 1% de la población entonces no habría problema, pero no es así. Eso deja en peor situación aún a los que no se gradúan. Las empresas tienen tanta gente con la que pueden optar que intentan coger lo mejor entre unos rangos.

La mentalidad hedonista actual tampoco ayuda. La concepción de un trabajo estable para toda la vida desaparece. Si la gente quiere vivir rápidamente su vida, hacer muchas cosas y diferentes significa que el mercado laboral y de la producción, que le sigue, copiará sus pasos. No se puede mantener una sociedad dinámica y un mercado productivo estático porque el mercado ha de ir detrás de la sociedad. Si nos queremos renovar nuestros gadgets cada vez que sale uno nuevo significa que el mercado ha de ser ágil y cambiar con facilidad. En el mercado laboral ocurre lo mismo. Una persona que hace una cosa hoy, ha de estar dispuesta a hacer otra mañana. Eso significa que ha de estar preparada para cambiar de trabajo o a hacer algo totalmente diferente ya. Al no ser así se crean rigideces.

La degeneración. El Estado

Lo que nos hemos de preguntar es ¿por qué ocurre algo así? Aquí entra el Estado. El Gobierno ofrece alternativas, concretamente ofrece sólo una. Lo que llama defensa del trabajador y políticas sociales dan salida a la ociosidad y hedonismo. Es el ejemplo de los rubios cuando les favorece el Gobierno. Si los dirigentes crean leyes pro-rubios, con el tiempo, la mayoría de rubios serán personas teñidas. El mercado por si sólo ya crea servicios y productos contra la incertidumbre del futuro. Se llaman seguros. Si una persona se pone enferma, la empresa ni Estado han de pagarle nada porque si no entramos en un enrome riesgo moral (moral hazard) que va a convertir el sistema en insostenible.

Las leyes sociales del Gobierno permiten que haya este desfase entre mercado y sociedad. Por ejemplo, el subsidio de desempleo. Nos dicen que se creó para que la gente siguiera cobrando mientras no encuentra un trabajo. No es así como funciona. El paro lo está usando la gente como una forma de vida mientras no encuentra un “trabajo digno”. ¿Y qué es un trabajo digno? Un trabajo que nos permita una alta remuneración, sea estable y nos haga trabajar poco. El trabajo digno sólo lo tienen los funcionarios porque no viven del mercado, sino de los impuestos que pagamos. No es productivo. El trabajo de funcionario es una lacra, una rémora para la sociedad ya que no crea valor añadido. Es una mentalidad antigua en sentido que no corresponde mercado con sociedad.

El Estado ha creado simple y llanamente vagos. Ha credo la cultura del desempleo. Nadie entiende que cada persona cobra de la empres en cuanto su capacidad de producir. Ha generado un derecho positivo hacia la empresa que ésta lo ha de mantener. Lo mismo hacia el Estado. El Estado es improductivo, si pretendemos vivir de él o que nos arregle la vida, el sistema se vuelve insostenible y acabará muriendo. No funciona, no es sostenible. Si una persona no produce no puede cobrar, o tendrá que cobrar de un seguro que para eso existen. Pretender lo contrario es robo y extorsión, que de hecho, es lo que hace el Estado con sus leyes. De forma irónica llama a esta ley de la jungla Estado del Bienestar, cuando lo único que crea es frustración y desempleo. El Estado del Bienestar favorece al trabajador y criminaliza a la empresa y al empresario. Resultado: un mundo de trabajadores, pocas empresas, hedonismo, rentistas estatales y mucha frustración.

Los Gobiernos, en todo el mundo, al ver que el sistema se hace añicos intentan reflotar la situación de forma torpe. Se han dado cuenta que el Estado del Bienestar no es sostenible y lo intentan cambiar por dentro. No funcionará. Un cáncer no se puede curar con pastillas, hay que operar.

La solución

El Gobierno español, y aquí lo del artículo de El Confidencial, ha intentado enmendar la situación facilitando el despido (sustituyendo los 45 días por año trabajado de la indemnización por 20). Eso ha sido una locura. Economistas del mainstream ni Gobierno ven el problema. El mercado nace y se destruye continuamente, como la sociedad. Ambos se reinventan cada día. Lo que ahora está de moda, mañana es está obsoleto. Con la medida única de reducir el subsidio de desempleo, el Gobierno nos dice que nos suicidemos pero no nos da la opción de asistirnos por nosotros mismos. ¿Qué sentido tiene favorecer el despido en una economía rígida? Que haya más desempleados y más frustración.

El Gobierno sigue defendiendo al “trabajador”. Eso significa que penaliza a las empresas y a los autónomos, es decir, empresarios. A lo máximo que aspiran los desempleados actuales es a otro trabajo que consista en apretar botones porque es la única solución que da el Estado mediante sus leyes. No es más que economía dirigida, planificada. El paso más importante que no ha hecho el Estado es desregular el mercado y eliminar rigideces como impuestos, requisitos gubernamentales para abrir una empresa, etc. La gente preparada puede ser apta para no tener jefe o ser su propio jefe, pero el marco jurídico-laboral no lo permite porque sólo ayuda a los “apretadores de botones” para hacer funcionar las máquinas.

Una sociedad dinámica requiere de un mercado dinámico. Un mercado dinámico sólo se consigue con empresarios, muchos. ¿Y qué es un empresario? Hoy día, básicamente un empresario es un vendedor. Eufemísticamente un comercial. Lo que necesita hoy día la sociedad son vendedores, algo que no gusta a la gente tampoco. Los vendedores ofrecen al mercado lo que los ingenieros, científicos, obreros y “apretadores de botones” crean. A la vez el empresario, genera mercado con nuevos servicios y productos que ha de vender.

El mercado está colapsado porque el Estado no le deja crecer. Encasilla a todo el mundo en trabajadores, esto es, en gente dependiente de otros. El chip ha de cambiar si no queremos que nuestras vidas se asemejen cada vez más a la de los países subdesarrollados. Hemos de conciéncianos que los únicos que podemos afrontar nuestra vida somos nosotros. EL Gobierno hará todo lo posible para impedirlo encasillándonos como borregos, porque es la mejor forma que tiene de comprar votos. El Gobierno odia la independencia de la gente por eso hace leyes para colectivos. Les resulta más manipulable. Si la sociedad cambia, el mercado también. La sociedad aboga por más autonomía de la persona y en el plano laboral, el Gobierno hace lo contrario. Impide a toda costa que seamos propietarios con sus leyes y barreras gubernamentales. El Gobierno ha matado la función empresarial, hay que recuperarla. En lo único que aparece acertado el artículo de El Confidencial, es en el final cuando dice: “¿Se está gestando en España una fuga de cerebros?” Probablemente. Es la mejor situación ya que las cosas no van a cambiar. Ir a cualquier otro país occidental como UK, Alemania o Estados Unidos, no será más que una pérdida de tiempo porque van por el mismo camino.

Los países emergentes como Brasil, China, India… son la solución. Son lo que fue Estados Unidos a finales del S. XIX. La auténtica tierra de oportunidades está ahí. Mientras nosotros nos hundimos en la deuda, altos impuestos y trabajos cada vez más anquilosados con producciones rígidas, los países emergentes hacen lo contrario. Creo que todo aquel que se considere “un cerebro”, alguien con mentalidad anti-funcionario y emprendedor tiene actualmente una oportunidad excepcional. Con mucho trabajo, oportunismo y algo de suerte una persona valiosa, que aquí está “desperdiciada”, puede convertirse en poco tiempo en alguien con sus deseos de prosperidad y felicidad saciados. Occidente no dará más oportunidades. Las cosas no van a cambiar. La mejor solución hasta un cambio social importante de mentalidad y menos Gobierno, es emigrar a un país emergente. Tómeselo con tiempo, pero si quiere prosperar, la solución la encontrará fuera, no España ni ningún país “desarrollado”.

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Acerca de Jorge Valin

Liberal Anarcocapitalista de la Escuela Austriaca.

Una respuesta hacia “Sobre el actual mercado laboral y la producción”

  1. Me parece acertado el texto en su conjunto, pero disiento con lo que tu llamas “países emergentes”.

    Es cierto que son países en los que un cerebro puede desarrollarse, pero también son países con gobiernos muy dominantes que tanto hoy pueden permiterte hacer lo que quieras y por lo tanto fomentar tu libertad empresarial, como mañana decidir que todo lo tuyo es suyo y encontrarte en la calle con una mano delante y otra detrás.

    Es una apuesta y un riesgo. Pero vista la evolución de países como China y Brasil (de la India no hablo, que sigue siendo demasiado británica en el fondo), ser “emprendedor” allí puede ser tan arriesgado como ir a Jerusalem con una esbástica en el brazo…

    Aún así secundo el post.

    Un Saludo

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