Dilorenzo sobre el ‘No So Wild West’ y la cuestión india

No suelo hacer reviews, pero hoy haré una excepción. Esta semana he leído ‘The Culture of Violence in the American West Myth versus Reality’, de Thomas Dilorenzo (publicado por The Independent).

En este ensayo Dilorenzo toca varios temas. El de introducción versa sobre la supuesta violencia de las fronteras en el S. XIX americano y la segunda parte más extensa, sobre la violencia contra los indios y cuál fue la causa su exterminio en Estados Unidos.

Basándose en literatura moderna sobre el Oeste, Dilorenzo afirma que la época de las fronteras ni mucho menos fue tan violenta como preconcibe el conocimiento popular lleno de prejuicios vagos. Esta leyenda sobre la historia afecta incluso a autores destacados. Joe Franz afirmó por ejemplo que “la actual violencia de los Estados Unidos es una herencia de las fronteras que se refleja hoy día”. La historia nos dice lo contrario. Dilorenzo, haciendo mención a Eugene Hollon afirma que “el Oeste fue una época mucho más civilizada, pacífica y segura que la sociedad actual”.

El historiador P. J. Hill afirmó que “el Oeste se percibe como una época de gran caos con muy poco respeto a la propiedad privada o a la vida”. La realidad fue la contraria. El mismo Hill descubrió que “los derechos de propiedad fueron protegidos y el orden prevalecía en todo momento. Las agencias privadas de seguridad proporcionaban las bases necesarias para mantener el orden y resolver los conflictos que surgían”. La pregunta es: ¿si el Gobierno sólo existía en el papel, de dónde salía tal seguridad? Dilorenzo a mi juicio se queda algo corto con el análisis, pero afirma que la seguridad nació a gran escala por empresas privadas en forma de organizaciones de granjeros, de mineros, del ferrocarril o de tierras. Las personas que conformaban asociaciones de tierras, incluso, crearon sus propias leyes y constitución. En aquel entonces no había un Gobierno real en Estados Unidos. Aquellos que vivían en sus tierras protegían la propiedad privada de todos, así como hacían frente a los invasores y resolvían los conflictos mediante el arbitraje. Si se fijan, es algo muy similar a las HOAs (Home Ownership Association) actuales pero algo más “rudo”.

Incluso en un inicio, la compañía del ferrocarril que transportaba miles de personas a los campos de oro de California tenía su propia constitución y detalladas leyes que se aplicaban en las propiedades del ferrocarril. Una situación similar se creó en las minas de California donde iban los buscadores de oro. Quien no cumplía las leyes de la comunidad, plasmadas en un contrato privado, eran expulsados. Nada de esto nos ha de hacer pensar que los mineros vivían en algo así como una comuna, cada uno tenía sus tierras y la justicia contractual protegía sus derechos de propiedad y vidas. Posteriormente, las organizaciones creadas por los mineros empezaron a contratar policía privada, jueces de paz y arbitrajistas creando así un cuerpo estructurado contra el crimen.

Pocos años después de la Guerra Civil, por eso, lo cosa se torció. El Estado entró en escena. Eliminó las fuerzas privadas que mantenían el orden sustituyéndolos por pistoleros a sueldo. El auténtico reino del terror del Oeste empezó aquí. El Gobierno fue el responsable de la violencia en el Salvaje Oeste.

La ‘solución final al problema indio’ y la auténtica causa de la violencia en el Oeste, el Estado.

En la cuestión de los indios hay varios mitos que Dilorenzo pulveriza. Uno de los mitos habituales reside en la creencia que los europeos emigrados a Estados Unidos estaban en constante guerra con los indios por sus tierras. Realmente es algo que no tiene mucho sentido teniendo en cuenta que en Estados Unidos, si algo sobra, incluso hoy día, son tierras. La tierra no era un bien realmente escaso. Los indios acogieron a los primeros Peregrinos, incluso según Dilorenzo, indios y emigrados hacían el Día de Acción de Gracias juntos. Incluso existían matrimonios de ambas razas. El matrimonio más conocido popularmente es el de Pocahontas con John Smith. Incluso John Ross llegó a ser el jefe de la tribu de los Cherokee de Tennessee y de Carolina del Norte.

Las razones que causaron esta paz son obvias. El comercio, la paz y la unión de esfuerzos (lo que hoy se llama empresarialmente “sinergias”), son más beneficiosas que el estado de guerra donde los costes siempre son elevadísimos. Como expone Jennifer Roback en ‘Exchange, Sovereignty, and Indian-Anglo Relations. In Property Rights and Indian Economies‘: “[…] Los ingleses conocían los beneficios de ser amigos de los indios. El comercio con los indios, especialmente el de pieles, era muy lucrativo. La guerra sólo acarreaba costes”. La primera mitad del S. XIX en Estados Unidos destacó por la unión comercial entre indios y extranjeros (europeos).

Las cosas cambiaron en la segunda mitad del siglo XIX. El Estado empezó a crecer y a apropiarse de estilos de vida y riquezas ajenas. Empezó el Gobierno Omnipotente y criminal. Después de la guerra (The War Between the States), el Gobierno empezó a hacer un ejército profesional desplazando las milicias privadas y todo organización de seguridad ajena al Estado. Según los historiadores Anderson y McChesney, se creó una unión entre gran empresa y Estado. Un rudimentario Capitalismo de Estado. Una de las primeras uniones se produjo con la empresa del ferrocarril. Ésta, al conseguir la violencia del Estado, tuvo carta blanca para hacer lo que quisiera junto a los planes del Gobierno. Ambos empezaron a robar las tierras a los indios mediante la fuerza. El ejército mataba o desplazaba a los indios y el ferrocarril ponía las vías. El coste de la guerra quedó socializado repercutiéndolo sobre el Estado. El “comercio” fue sustituido por el “asalto”.

En 1871 el Congreso avanzó su escalada contra los indios no aprobando más tratados con estos. Paulatinamente declaró la guerra a los indios haciendo una campaña contra ellos y alimentando el fervor popular demonizándolos. Dilorenzo profundiza en cuál fue la razón por la cual el Gobierno se enfrentó directamente a los indios. Básicamente se debe a las relaciones entre la política (especialmente el Partido Republicano), el ejército y el Gobierno. Todos los grandes cargos tenían una relación con el ferrocarril, incluso Lincoln (había sido el abogado del Central Railroad de Illinois). La maraña polico-empresarial se extendía por una parte importante del Partido Republicano que fue quien empezó la guerra contra los indios (hay cosas que no cambian nunca). Una de las prioridades de Lincoln fue pagar con dinero federal (del Gobierno) el sistema de comunicación transcontinental de ferrocarril (también conocido como “Pacific Railroad“). En este punto, Dilorenzo se basa mucho en biografías de prohombres del momento ilustrándonos con detalles y notas personales las acciones de los autores del momento (este es un terreno donde Dilorenzo siempre se ha sentido muy cómodo por su dilatado estudio de este concreto periodo de la historia americana).

Uno de los personajes en los que se centra Dilorenzo es en el General Sherman (bajo el mandato de su amigo, el Presidente Ulysses S. Grant). En una carta de Sherman a su esposa, éste relata que el objetico principal de la guerra contra los indios era: “exterminarlos, pero no sólo los soldados que son una parte pequeña del problema, sino a toda la población”. Su mujer le respondió que los condujera hasta el mar. Sherman cumplió su deseo en la conocida “Marcha al Mar de Sherman“. El historiador Russell Thornton calculó que el Gobierno de los Estados Unidos asesinó a 45.000 indios. Hombres, soldados, niños, mujeres. Desde 1862 hasta 1890 el Gobierno americano hizo una campaña de limpieza étnica total.

Dilorenzo concluye que la violencia del Oeste se debió totalmente a la intromisión del Gobierno en sus esfuerzos para crear un pensamiento único, aumentar sus intereses político-empresariales y saciar las ansias de Poder de los generales y políticos que no les tembló el pulso en asesinar a millares de personas. Leer atentamente la conclusión del ensayo, una buena descripción atemporal de lo qué es la devastación de la guerra. De cómo sólo el Gobierno puede moldear la naturaleza humana para convertir todo su potencial de creatividad y “comercio” en destrucción y “asalto”.

Las matanzas no fueron creadas por la mayoría de colonos ni emigrantes europeos, sino que vino de la mano de los políticos. Principalmente del Partido Republicano que se alió con las grandes empresas como la del ferrocarril que era lo más puntero en tecnología. Como sería ahora Microsoft o IBM (eso en palabras de Dilorenzo, porque no creo que IBM sea ya muy puntera). Con los republicanos vino el neomercantilismo. Como afirma Dilorenzo: “El Partido Republicano, después de todo, no era más que el ‘Partido de Lincoln’, el gran abogado del ferrocarril y “lobista” de la Central de Illinois…”.

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2 comentarios para “Dilorenzo sobre el ‘No So Wild West’ y la cuestión india”

  1. Efectivamente, es todo lo contrario de lo que yo pensaba que había sido la “Conquista del Oeste”.
    Muy interesante.

  2. Estoy de acuerdo, pero no fue tan simple. La limpieza étnica empezó muy pronto y fue también practicada por el Partido Demócrata, entonces el más libertario. Basta el ejemplo de Andrew Jackson uno de los presidentes más libertarios y que dirigió una guerra genocida contra los Cherokee, creek y seminola que luego continuó su sucesor Van Buren. La expulsión de los indios de sus tierras empezó casi desde el inicio, aunque efectivamente lo hizo el gobierno.
    Me gusta el revisionismo de Di Lorenzo pero a veces exajera, le pasa lo mismo con la guerra de secesión donde pinta a los confederados como si fueran santos.

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