Hora de irse de Afganistán

“La violencia, como método para conseguir el poder (…) se esconde bajo la apariencia de la tradición, el honor de la nación y la seguridad nacional”
—Alfred Adler—

Esta semana han muerto dos guardia civiles en Afganistán, lo que eleva el número de muertos a 92 desde el inicio de la guerra. No entiendo la posición de la izquierda en este asunto. “No a la guerra” significa: ¡”no a la guerra“! Las tropas españolas no están haciendo ayuda humanitaria alguna ahí. Ayuda humanitaria la hace la Iglesia, las ONGs, voluntarios privados y no soldados armados hasta los dientes. La presencia militar en cualquier país sólo tiene como fin imponer los valores políticamente correctos de una sociedad sobre otra a través del miedo, el asesinato indiscriminado y la violencia. El objetivo último siempre es conseguir más poder y dinero. Por eso los fundamentos de la guerra siempre son las mentiras y la propaganda del miedo o superioridad (cultural, racial, económica, religiosa…).

Tampoco tiene sentido la visión neoconservadora. Los neocon reclaman continuamente un Gobierno pequeño y poco intrusivo e intervencionista. Cuando se trata de la política exterior, piden lo contrario: un Gobierno agobiante, invasor, asesino, represor. Los valores de igualdad, libertad individual y de mercado no se pueden imponer a base de matanzas y represión. Esta visión no encaja en absoluto en el paradigma del laissez faire clásico. ¿Por qué el Gobierno es “malo” en los asuntos internos de un país y milagrosamente curador cuando trabaja fuera de sus fronteras? El Gobierno siempre busca lo mismo: más poder mediante la fuerza. A igual que un hombre puede defenderse legítimamente de un asaltante en su casa, el mismo derecho tienen los “insurgentes” y “rebeldes” a defenderse de la invasión de los Gobiernos extranjeros. La única “invasión” lícita es la que practican las personas mediante el intercambio y organizaciones pacíficas del mercado y sociedad. El uso de la fuerza por falsas razones de seguridad, tradición, incluso humanismo, sólo puede hacer que radicalizar posiciones. Ellos no son nuestra sociedad, ni nuestro problema, ni tienen nuestras creencias. No quieren democracia, ni libertad, ni igualdad. Ellos, y sólo ellos, han cambiar la situación. Desde occidente sólo podemos cooperar individualmente, o con el apoyo de organizaciones humanitarias y privadas.

La guerra también es injusta para los ciudadanos del país invasor. Es ilícito que el Gobierno use los impuestos del ciudadano para matar gente, financiar ejércitos o imponer una “cultura superior” a otras personas. La guerra no sólo es un ataque al país extranjero, es un ataque en toda regla a los ciudadanos del país invasor. El Estado roba el dinero al ciudadano y pone en peligro su día a día. Si los impuestos son un robo cuando van dirigidos a “ayudas internacionales”, colectivos nacionales o hacer crecer el propio Estado, con más razón lo son cuando se emplean para imponer el terror y asesinato en el extranjero con fines partidistas y de poder (ver: War is Racket).

Ya hemos pagado un precio demasiado elevado en Afganistán en lo que se refiere a pérdidas humanas y económicas. Nuestro dinero ha de permanecer en nuestros bolsillos, no en el de asesinos ni burócratas borrachos de poder. Todas las tropas de ocupación que tiene España en el mundo han de volver a casa. El Gobierno, si es que tiene alguna función lícita, es la de procurar por la seguridad del ciudadano en territorio nacional primero, no en una entelequia absurda de seguridad mundial. Si hasta en esto se muestra incapaz, ¿cómo puede ser eficiente y efectivo para imponer la paz mundial?

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2 comentarios para “Hora de irse de Afganistán”

  1. Muy bien, pero yo pregunto: ¿qué política deberían haber seguido los EE. UU. hacia al régimen talibán tras los atentados del 11-S? ¿La del paradigma del laissez faire clásico?

  2. Estados Unidos tiene derecho a derrocar el Gobierno atacante en lo qeu fue un ataque terrorista, pero eso no le da permiso a someter a la población, robarles el dinero ni abligarles a acatar su modo de vida ni adorar al país atacante. El resultado ha sido que los pastores de cabran de Afganistan han sido los perjudicados aunque no hicieron nada, y el los culpables, siguen desaparecidos…

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