A Corbacho no le gustan los consejos, pero sí robar al indefenso

Al ministro de trabajo Celestino Corbacho le molesta que Alfredo Sáenz tenga una pensión astronómica. No admite consejos del consejero delegado del Santander, pese no saber nada de su gestión por lo visto. Recordemos que este hombre resurgió Banesto de sus cenizas. Las decisiones de Sáenz no son manu militari, dependen del beneplácito de sus accionistas. En definitiva, si la empresa donde trabaja le otorga la pensión astronómica y los accionistas no castigan a la acción, ¿dónde está el problema? Ah sí, claro. Es la típica envidia del españolito mediocre; no se diferencia en nada del perro del hortelano que ni vive ni deja vivir. La envidia, su frustración e incapacidad sólo le sirve para odiar las capacidades, habilidades y proezas del vecino. Típica visión socialista, sólo copia los vicios y defectos del resto en lugar de tomar la iniciativa para hacer algo productivo con su miserable vida. Las críticas a personas productivas, que crean riqueza y que valoran el esfuerzo individual, da votos.

El dinero que percibirá Sáenz es dinero de clientes y accionistas. No se los han quitado por la fuerza. Estos clientes y accionistas los han dado voluntariamente al Santander para que lo gestione como le venga en gana. Por contra, las pensiones de Corbacho vienen del robo al ciudadano. Nos prohíben ahorrar y destinar nuestro dinero a lo que queramos. Nos obligan a mantener, de forma miserable además, a otras personas que ni conocemos mientras nuestros abuelos o padres no pueden ni comer. Todo esto gracias a las pensiones publicas. La pensión pública no es un acto de solidaridad, es un llano robo para ganar votos.

De igual forma que Corbacho no acepta consejos de personas con pensiones astronómicas, porque hemos de acatar las órdenes a punta pistola de un tipo que tiene una pensión superior a 200.000€. De un tipo que tras no bajar ni un solo impuesto, va diciéndonos que nos pasemos a pensiones privadas. De un tipo que vive a cuerpo de rey robándonos el dinero de nuestro trabajo. De una persona que decide sobre millones de españoles sin ninguna responsabilidad y con un sueldo astronómico y con el futuro asegurado.

La política es un oficio de mediocres para seres mediocres. Corbacho puede no hacer caso a los consejos de cualquiera (y sólo acata los de ZP, su jefe), pero nosotros no podemos desvincularnos de su extorsión. Esa es la gran injusticia.

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