Cuba: Gracias a la revolución hoy tengo teléfono

Por Antonio Torres Justo
Payo Libre

Cuando me enseñaron la nota, que habían dejado en casa de un vecino, no lo podía creer. A la jefa del núcleo familiar al que pertenezco le habían asignado un teléfono. Dicho así se lee y suena fácil pero el camino fue fragoso.

Si mal no recuerdo, esta nueva odisea comenzó por los inicios del ya lejano año 2005. Recuerdo, sí, que comenzaron a colocar los postes para la nueva red de telefonía, en Cojímar, con una agilidad tal que sólo los ortodoxos acérrimos podían desaprobarlo.

Tan acostumbrados estamos al estilo y los resultados del trabajo socialista que contemplar a aquellos hombres trabajar provocaba verdaderos deseos de aplaudir.

Nada de venir hoy y abrir, más o menos, un hueco y largarse. Cuatro o cinco semanas más tarde aparecer un camión —de esos que contamina el ambiente con saña y alevosía— y deja tirado un poste en el sitio donde presumiblemente estaba la excavación para situarlo, ya que los vecinos se encargaron de rellenarlo con escombros, basura, un par de gatos envenenados, condones usados, etc.

Otras cinco o seis semanas después viene la brigada pero no la grúa; luego ocurre lo contrario y cuando al fin coinciden en tiempo y espacio, el poste no lo encuentran porque alguien lo necesitaba para sacar una tablas y fabricarse una mesa o le dieron candela para preparar la caldosa cederista en saludo a cualquier revolucionaria fecha.

Con estos no había espacio para descontrol casual ni premeditado. Taladraban el orificio, la grúa colocaba el poste y acto seguido lo reafirmaban con concreto y seguían para el otro. Colocaban tres o cuatro postes en menos tiempo del que le lleva a uno hacer la cola para comprar el picadillo texturizado por la libreta de abastecimientos.

Pero apartémonos de aquellos inusuales trabajadores. Olvidemos los comentarios de que le instalarían teléfono a todo el que lo quisiera. Olvidemos lo de resolver la planilla de solicitud del teléfono, con una cola de inscríbete hoy y confirma tu puesto durante varios días y noches hasta que la obtuvieras.

Que te lo denegaran luego, porque no cuentas con reconocimiento social en tu área de residencia, ni los méritos y avales de otros solicitantes y porque, como siempre, eran doce las solicitudes y dos los teléfonos a asignar, en esa minúscula cuadrícula donde te ubicó la Fortuna sobrenombrada ETECSA.

Olvidemos que el tiempo siguió la huella de otras desmemorias y la incomodidad por la negativa a un medio de comunicación tan necesario y vulgar naufragó en la impotencia misma. Olvidemos tantos sueños frustrados.

Olvidemos también que a zutano o mengano se lo habían propuesto instalar por $250.00 CUC sin planilla, ni Comisión Municipal alguna que lo analizara y centrifugara, según nos contaron, y hasta el recuerdo mismo del frenético deseo de aplaudir a aquellos hombres al verlos trabajar de verdad dejémoslo atrás.

Lo que cuenta es que de buenas a primeras dejan una nota manuscrita que informa le asignaron el ingenio de telecomunicaciónes a la jefa del núcleo donde estás empadronado. Uno no le encuentra explicación a esto y, por otra parte, tampoco quiero explicármelo. Y con la mano sobre la Biblia o la misma Constitución Socialista declaro y juro que no existe ningún dinero de por medio —ni posibilidad alguna— para sobornar o corromper a ningún funcionario competente o no.

El único inconveniente de este equipo de telefonía fija alternativa (integrado), según aclara el contrato, es que cuentas con 400 minutos en el mes fiscal para la comunicación en ambos sentidos. Al llegar al tope establecido te quedas automáticamente sin conexión hasta el próximo mes fiscal.

Pero para quién no posee palomas mensajeras y nunca aprendió el código de las señales de humo es un tremendo salto a la modernidad telecomunicativa, aunque Alexander Graham Bell ya patentara su invento allá por 1875. Es una verdad tan grande como el más grande de los templos que si no fuera por la Revolución mi núcleo familiar no dispondría hoy del teléfono. De seguro lo hubiéramos disfrutado ya, sin sinsabores, desde décadas del siglo pasado.

Nota: Están muy lejos de sospechar con que gusto recibiría su llamada. Pero por el tope de los 400 minutos de utilización nacional en el mes fiscal, me encuentro imposibilitado de anunciarles el número telefónico, para que verifiquen por Uds. mismos, y me sirva a su vez de comprobación, de que AL FIN TENEMOS TELÉFONO.

Antonio Torres Justo es Vicepresidente del Partido Solidaridad Democrática (PSD)

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