Es bueno que haya empresas que cierren

Esta semana he escrito en Libertad Digital sobre las consecuencias de la intervención del gobierno en caso de los cierres empresariales. Para prosperar necesitamos una economía dinámica y libre, evitar cierres de empresas sólo nos lleva a más pobreza y socialismo.

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4 comentarios para “Es bueno que haya empresas que cierren”

  1. La pega fundamental que le haría a tu argumentación es la consideración de que los individuos que se han quedado sin trabajo no son personas sino simplemente mano de obra suprimible. Albricias a parte, se trata de otra magnífica apología del darvinismo social en el que se funda el fascismo posmoderno que algunos dan en llamar neoliberalismo.

  2. jajaja. Otro genio con sus tópicos. El fascismo nace del socialismo, por eso es antiliberal, siempre. Es economicamente cerrado y autarquista, todo lo contrario al liberalismo que es abierto y globalizador. El fascismo es pro-estado, el liberalismo anti-estado. El fascismo es anti-revolucionario, el liberalismo es siempre revolucionario. En todos estos sentidos, fascismo y socialisimo son lo mismo, uno nace del otro.Socialmente el fascismo es represor manteniendo una moral de estado. Prohíbe los “vicios” o conductas anti-estado como el consumo de drogas, tabaco, alcohol, prostitución y en general cualquier acto que los secuaces del estado elijan considerar “inmoral”. Igual que lo hace Salgado y su jefe ZP.Dicho de otra forma, el fascismo es totalitarismo y tiranía. Sólo se apoya en el socialismo, que en definitiva, es no es más que barbarie e incivilización.

  3. El fascismo nace del socialismo, claro; y la economía de mercado del trueque intertribal, y la sabiduría de la ignorancia, pero ello no hace que sean la misma cosa. La identidad por origen común es una falacia poco brillante, la verdad. Fascismo y comunismo se fundan en concepciones éticas radicalmente distintas. El neoliberalismo hereda la de la primera y el progresismo la correcta, es decir, la que trata de erigir una lógica distinta a la de la Selva, que es lo que tú defiendes.De todas formas tus argumentaciones siempre me parecen magníficas, y lo digo sin ironía alguna. Me parece un ejercicio necesario para advertir a los incautos de cómo una concepción absoluta del valor de la libertad legitima cualquier acto de barbarie pensable. El privilegiado de la antigüedad, cuando trataba de justificar sus tropelías, acudía a absolutos de genealogía más familiar, como la madre Naturaleza o el padre Dios. En ellos colgaba el origen y la finalidad de su voluntad de poder. Pero ciertos hechos anecdóticos acaecidos durante el medievo y la primera mitad del siglo XX desprestigiaron de tal forma a los susodichos ganchos trascendentales que se vio la necesidad de cambiar la estrategia. Los iluminados por la divinidad y fascistas más astutos descubrieron en su análisis que la masa de débiles se estaba autoconstituyendo en ciudadanía provista de derechos. Ya no volverían a dejarles por las buenas usarlos como medios para sus fines. Se estaba erigiendo una montaña que Mahoma no podría coronar, así pues dedujeron que tendría que ser la montaña la que viniese a Mahoma. -¿Qué valoran más que a nada estos escaldados por nuestras atrocidades pretéritas? Autonomía y democracia-, se respondieron. -Muy bien, pues corrompamos ambos conceptos imponiendo la demagogia de la libertad y que los pájaros acaben concluyendo que lo que les conviene es lanzarse a las escopetas.-Nueva retórica para sustentar una lógica eterna, Sr. Valín. La lógica que siguen protón y electrón con precisión computacional o el cervatillo y el león: éste da la libertad a aquel de morir exhausto corriendo delante de él o hacer lo propio entre sus fauces. La misma casuística que regía a bordo de los barcos negreros donde a los esclavos se les planteaba la diatriba de dar sustento a los tiburones en ese momento o dárselo a sus futuros dueños legales de ultramar durante el resto de sus indignas vidas, y las de sus hijos. La ley de la selva, Sr. Valín: corre o muere, explota o sé explotado. Y frente a ella, el ser humano se revela y vislumbra la posibilidad de crear una opción nueva que le saque de ese círculo vicioso: la justicia, el bien o como quiera llamársele; un proyecto megalómano sólo concebible por animales tan inteligentes que incluso pretenden dotarse de propiedades imaginarias, como la dignidad. Porque, ¿qué otra cosa es el mal sino la estupidez de no ver más allá de nuestras narices darvinistas? El malvado ve miseria y oye aullidos donde quiera que dirige su atención porque tiene ojo de miserable y orejas de lobo. Sus anteojeras hobbesianas le impiden contemplar la posibilidad de la nobleza y actúa en consecuencia dejándose llevar por el torrente amazónico de la conveniencia y el egoísmo. Es el idiota que pretende cruzar el valle de un salto en lugar de esforzarse por tejer una urdimbre social que acabe posibilitando la obtención de los conocimientos y recursos necesarios para construir un puente. Y es también el parásito que cuando se encuentra el puente ya construido no duda en utilizarlo y predicar desde la ladera opuesta a los esforzados constructores que es un liberticidio el que tengan que cruzar por ahí y se les prohíba dinamitarlo. -¡Haced uso de vuestra libertad y saltad al vacío!-. Así pues, el darvinista social contemporáneo decide llevar a cabo su empresa protegido por la máscara de la demagogia liberal con la esperanza de que su voluntad de poder no quede al descubierto. Encuentra un caldo de cultivo ideal en el posmodernismo. La extrapolación del relativismo estético a la moral y de ésta a la política e incluso a la ciencia le despeja el paso. La gente se está acabando de convencer de que la crítica racional ya no es posible tal y como demuestran los programas del corazón y las tertulias radiofónicas. Para gustos colores y todas las opiniones son igual de respetables. Nos liberamos de la iglesia, de los caudillos y de los modales en la mesa. ¿Por qué no también de la belleza, la verdad y el bien? Todo vale, es decir: vale lo que dictamine el que tenga más capacidad para imponer su arbitrio. -¡Perfecto para el liberal!- Como privilegiado o aspirante a privilegiado su posición en la cima de la pirámide alimenticia le asegura o asegurará que serán sus intereses, sus gustos, sus verdades privadas y sus normas las que rijan sin crítica posible. La democracia convertida en demagogia asegura que esto sea así. Los ciudadanos siegan la hierba bajo sus pies perdiendo la fe en sus instituciones. Si no hay criterios, ¿por qué democracia mejor que dictadura? ¿Por qué Estado de Derecho y no ojo por ojo? ¿Por qué Darwin y no San Mateo? Si la libertad individual es el valor máximo, ¿por qué tengo que dejarme llevar por conclusiones racionales? La razón, con su tiranía lógica, limita mi libertad para la sinrazón. Yo quiero hacer lo que me da la gana, es decir, que las ganas manden sobre mi voluntad e inteligencia y sus molestas aspiraciones de corrección. Es el triunfo del ingenio, la impulsividad y el espontaneísmo del buey suelto que bien se lame. La única medida de todas las cosas soy yo mismo así que nadie pretenda universalizar evidencias puesto que mi patrón de medida es único. No existen categorías, sólo anécdotas. La historia es en realidad hagiografía y la ética de Jack el Destripador equivalente a la de Gandhi. El liberal posmoderno no tiene así más que montarse en este tsunami de irresponsabilidad intelectual y material que todo lo tolera para una vez en la cresta de la ola aprovecharse de la desorientación reinante y proponer un nuevo absoluto desde el cual quedarán legitimados sus proyectos de dominación. Ese absoluto será una teoría económica transmutada en dogma totalizador. Ningún aspecto de la realidad humana quedará fuera del alcance explicativo de sus teoremas y corolarios. Desde la venta de órganos a la caza de las ballenas.

  4. Bueno, esta respuesta está mejor que la primera. Una respuesta muy poética además.Para el liberal, hay un máximo que jamás puede ser violado que es el de la libertad individual y todo lo de aquí nace. La demagogia es un grado subjetivo de información. Yo no hago demagogia, explico las cosas, todo y así todo el mundo (socialistas, conservadores, liberales…) tienen derecho pleno a hacerla si les viene en gana. Allá ellos y su reputación, es libertad de expresión y pueden usarla como mejor consideren. < HREF="http://www.juandemariana.org/comentario/903/" REL="nofollow">Reprimirla es un crimen contra la libertad.<>La ley de la selva no es el liberalismo, sino todo lo contrario. La ley de la selva sólo se puede ejecutar satisfactoriamente de dos formas: cuando toda una comunidad es inconsciente de sus actos, que en tal caso no perdura en el tiempo, o cuando no hay responsabilidades individuales. Esto nace sólo del derecho positivo y el socialismo. Leyes que consideran a las víctimas culpables de defenderse, sistemas económicos que fomentan el parasitismo como el estado del bienestar y la violencia indiscriminada, tanto estatal (impuestos, multas, cuotas, permisos…) como particular, tal y como ocurrió con los disturbios de Francia: < HREF="http://www.libertaddigital.com:83/php3/opi_desa.php3?cpn=27698" REL="nofollow">aquí<> y < HREF="http://www.libertaddigital.com:83/php3/opi_desa.php3?cpn=28083" REL="nofollow">aquí<> entre otros.El que considera su moral mejor que la de los otros por ser más “listo”, “ilustrado” o “bondadoso” restringiendo con imposiciones, castigos y sanciones la vida de los demás no es más que un tirano, un salvaje y un criminal oponiéndose a los principios básicos de la libertad, propiedad y vida. Nadie merece ser gobernado, porque eso es vivir en esclavitud. La libertad absoluta crea responsabilidad sin necesidad de depender de nadie que se autoproclame Dios salvador. < HREF="http://www.juandemariana.org/comentario/854/" REL="nofollow">El neoliberalismo<>, evidentemente, no es más que otra consecuencia de este estado de barbarie corporativista y en su vertiente económica, fascismoSólo la total carencia de < HREF="http://www.juandemariana.org/comentario/267/" REL="nofollow">medios políticos puede crear una sociedad puramente libre<> y armónica.

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