Bruce Benson sobre la seguridad privada: reduce el crimen (II)

Muchos de nosotros podemos atribuirnos el mérito por el descenso de la delincuencia
16/12/1999
Bruce L. Benson
Detroit News

Los índices de criminalidad, según el informe preliminar del FBI para el año 1999, cayeron al 10 por ciento por cada 100.000 habitantes. Es una caída considerable, dado que las tasas delictivas habían mermado un 7 por ciento en 1998, y cerca de un 16 por ciento desde su pico entre 1991 y 1997.

Desde el informe del FBI, no han faltado las explicaciones ofrecidas para esta significativa declinación. Los políticos reclaman para sí el crédito en virtud de su apoyo para la construcción de prisiones, la imposición de sentencias más largas, el mayor financiamiento policial, o a las políticas que reducen el desempleo y los incentivos para cometer delitos. La policía cita a las estrategias innovadoras tales como el “patrullaje comunitario.”

Sin duda alguna, varios de estos factores ayudan a explicar los índices de criminalidad en baja, pero existe otra causa, tal vez la más importante, que ha pasado largamente sin ser percibida: las crecientes inversiones de parte de ciudadanos privados de tiempo y dinero en materia de seguridad.

El control privado del crimen—incluidos los acuerdos voluntarios de vigilancia, patrullaje y acompañamiento, las alarmas, los cerrojos mejorados y la mejor iluminación, la auto-protección, y el personal de seguridad privada—ha sido una industria en crecimiento durante décadas. Una estimación de 1970 pone al personal de seguridad privada casi en pie de igualdad con la policía pública, pero para 1990 había cerca de 2,5 efectivos de seguridad privada por cada oficial de la policía pública. En la actualidad, la relación probablemente sea al menos de tres a uno. La de la seguridad privada es la segunda industria de más rápido crecimiento en el país, pero el empleo creciente es tan solo una parte de la historia.

Considérese el mercado para las alarmas de seguridad. Las ventas de alarmas subieron a cerca del 11 por ciento al año en 1970, pero esta tasa de crecimiento alcanzó el 15 por ciento en 1990. En 1970, el uno por ciento de los hogares estadounidenses estaban conectados a sistemas de alarma centrales. En 1990, lo estaba uno de cada diez hogares. Y esta tendencia parecería haberse acelerado en la década del 90, al igual que la venta de otro equipamiento electrónico para controlar el acceso, detectar la intrusión, y proteger a los vehículos, junto con los circuitos cerrados de televisión, los detectores de metales, los dispositivos de rayos x, y otra tecnología de seguridad.

El auge en el control privado del delito se encuentra también ilustrado por el número creciente de centros comerciales, complejos de oficinas, y edificios residenciales cerrados, los que han sido creados teniendo a la seguridad como un objetivo de su diseño. Una estimación de 1997 sugirió que 24 millones de estadounidenses vivían en condominios, en complejos de departamentos y en cooperativas de acceso limitado. Más allá de eso, las comunidades residenciales privadas, consistentes en grandes números de hogares uni o multifamiliares sobre calles privadas, son ofrecidas de manera creciente haciéndose hincapié en la seguridad como una ventaja que las hace más atractivas. Una evaluación del año 1997 colocó al número de personas en comunidades “cerradas” en alrededor de los ocho millones. ¿Qué es lo que estos consumidores creen que están recibiendo?

El caso de Starrett City, un gigantesco complejo de 153 acres en la sección de alta criminalidad de Brooklyn, al este de Nueva York, ayuda a explicar la popularidad de tales comunidades. En los años 80 cerca de 20.000 residentes, racial y étnicamente diversos pero mayoritariamente de clase media, vivían en sus 5.881 departamentos distribuidos en 56 edificios. Un estudio de 1986 realizado por los criminalistas de la Pennsylvania State University, Edwin Donovan y William Walsh encontró que los residentes de Starrett City eran en verdad mucho más proclives a efectuar la denuncia de crímenes a su personal de seguridad que los ciudadanos en general, y no obstante ello, Starrett City tuvo solamente 6,57 delitos denunciados por cada 1000 habitantes, en comparación con los 49,86 para el distrito 75º en el cual se encuentra ubicada Starrett City. Al momento del estudio, Starrett City contaba con una fuerza de seguridad privada de 54 personas, incluidos 34 oficiales con responsabilidades de patrullaje en general, una unidad canina de 6 oficiales, y una unidad de 5 oficiales que patrullaban vestidos con atuendos civiles.

Otras comunidades que adoptan la seguridad privada observan una mejoría comparable. Critical Intervention Services (CIS), una agencia de seguridad privada en Florida, le proporciona seguridad a los complejos de departamentos de un precio que atrae a los inquilinos de bajos ingresos. El delito cae en promedio en un 50 por ciento después de que CIS asegura un complejo habitacional (50 de ellos tenían un contrato con la empresa en Miami, Tampa, Jacksonville, y Orlando allá por 1996). Esto puede ser atribuible parcialmente a la prodigiosa labor comunitaria que la agencia emprende. Los empleados de CIS juegan a la pelota con los niños, los ayudan con sus tareas escolares, les distribuyen obsequios navideños a los jóvenes necesitados, y además benefician a los residentes jóvenes. Como lo sostuviera el fundador de la firma, K. C. Poulin, “una vez que usted logra conocer a los niños y a sus padres, el delito se reduce.”

Una investigación estadística del año 1992 realizada por Edwin Zedlewski, asesor senior del National Institute of Justice, que compara a la seguridad pública y a la privada en 124 Áreas Estadísticas Metropolitanas Estándar, fortalece adicionalmente a la causa en favor de la seguridad privada. El estudio descubrió que la dedicación de más recursos a la policía pública no pareció disuadir la comisión de más delitos, mientras que el hecho de brindarle más recursos a la seguridad privada si lo hizo. Esto no debería sorprendernos, dado que los empresarios privados—a diferencia de los burócratas públicos—se encuentran bajo la constante presión competitiva para descubrir nuevas maneras de mejorar sus productos y servicios, incluyendo el descubrimiento de nuevas formas de optimizar la cooperación comunitaria. Claramente, los empresarios privados, y el público con el cual ellos trabajan, merecen gran parte del crédito por reducir los índices de criminalidad.

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Traducido por Gabriel Gasave.

Bruce L. Benson es Profesor e Investigador en Economía en la Florida State University, Asociado Senior en The Independent Institute. Autor de libros como: Justicia Sin Estado, o To Serve and Protect: Privatization and Community in Criminal Justice. Visita su página personal de la universidad.

Vía: The Independent Institute. Artículo original en inglés: Many of Us Can Take Credit for the Decrease in Crime.

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3 comentarios para “Bruce Benson sobre la seguridad privada: reduce el crimen (II)”

  1. Carlos/Carlitos diciembre 24, 2006 a 11:17

    Hola Jorge:
    El artículo que transcribes me parece interesante aunque me plantea ciertas dudas. Antes de nada, te comento que soy un tanto escéptico en la valoración de ciertos fenómenos sociales, incluso empleando técnicas estadísticas. Creo que a veces resulta demasiado complejo atribuir ciertas causalidades a un fenómeno de estos pues existen de variables de confusión y a que no siempre es fácil aislar o determinar la importancia de aquellas que nos conciernen. Por ejemplo, en ciertos estudios pilotos con poblaciones muy concretas sometidas a influencias muy específicas, diferenciadoras y aislables creo que se pueden sacar conclusiones más o menos acertadas. En casos como el estudiado por Benson, el asunto es más peliagudo.
    El tema de la seguridad en USA o en determinados estados del mismo y otros países tb. me llamó la atención y aún sigo sin tener clara la causalidad. He leído razonamientos basados en la mejora del sistema escolar, opciones proabortistas, cuestiones relacionadas con las armas, mejora de infraestructuras sociales, cambios en la seguridad pública, etc. Todos aparentemente encuentran la causa última de la reducción de la delincuencia, al igual que la opción que nos muestra Benson. En mi opinión, el único caso más o menos evidente –y, por supuesto, no siempre deseable- es el de una dictadura con altas dosis de represión y purgas discrecionales. En los países dotados de suficientes medios donde se emplean sistemas muy represivos, por lo general la seguridad ciudadana (exceptuando quizás el pìllaje o la concentrada en núcleos de difícil acceso) aumentan. Salvo para el que se opone a la maquinaria estatal, claro. Ello no implica que en un país democrático exista una relación directa entre un aumento progresivo de la vigilancia policial y un incremento negativo de la delincuencia. Tal vez lo que haya sea una respuesta de “todo o nada” a partir de un umbral o algo similar. No lo sé.

    En el caso de Benson, me faltan datos pero atisbo que se está refiriendo a un descenso de determinado tipo de delincuencia: la que actúa en una propiedad privada o en una pública que contrate seguridad privada (desconozco si hay un tipo de policía privada que pueda actuar por las calles, asaltar pisos francos o similares). Es decir, se estaría actuando sobre los asaltantes de viviendas, de comercios, criminales que operen en ciertos lugares públicos, etc. En este caso, sería una parte de la delincuencia la que podría verse reducida ante un incentivo para no delinquir como es la seguridad privada. Sería interesante saber si esa delincuencia es un porcentaje lo suficientemente alto o bajo para demostrar que se ha producido una reducción global y significativa de la delincuencia. Lo digo porque tb. existe delincuencia por bandas, asaltantes callejeros, conductores psicópatas, etc. que no sé si verá afectada por dichas medidas.

    Por otra parte, ¿no es posible que la reducción se deba más a una etiología multifactorial que a la modificación de una única variable?

    Saludos

  2. Hola Carlos/Carlitos,

    Estoy de acuerdo contigo en lo que se refiere a las estadísticas, cada vez más documentos nos muestran que el nivel de seguridad es un compendio de cosas que interactúan entre ellas, pero esto no significa que un órgano público tenga que monopolizar o interferir en la dinámica de la sociedad civil.

    En lo que discrepo totalmente es en lo que comentas que una de las soluciones es “una dictadura con altas dosis de represión y purgas discrecionales”. Es como todo, de lo que se trata es de tener un buen nivel de vida y bienestar. Si implantáramos un sistema estalinista o maoísta seguro que la delincuencia no organizada (rateros, robos a casas…) disminuiría mucho; pero porque “el crimen al por menor” habría sido sustituido por el crimen organizo de la policía y el estado. Imagínate, ir siempre con el DNI en la boca, controles en todas partes, detenciones por cualquier cosa, más impuestos para mantener esto, la gente tendría pánico a la justicia… Evidentemente no es la solución. El remedio sería peor que la enfermedad. La economía y la acción humana es un todo y no podemos separar una parte y tratarla como una generalidad, sino pasa lo que pasa.

    Respecto a tu último párrafo, “¿no es posible que la reducción se deba más a una etiología multifactorial que a la modificación de una única variable?”, piensa que Benson está describiendo una tendencia en varios años. La conclusión, que creo que es lo que importa, es que la gente apuesta por la libre elección, por la economía privada porque no se fía de la estatal. Aquí, en España, ocurre lo mismo.

    Si Benson se hubiese planteado hacer un estudio en el sentido que dices tendría que haber recurrido a la econofísica o a la aplicación de atractores, algo imposible teniendo en cuenta la limitación de las fuentes de origen que son muy limitadas. Por otra parte, si hubiese tomado este camino aún yo aún habría sido más escéptico ya que estos métodos radicalmente inductivos no sirven en la aplicación de fenómenos humanos o de interacción humana.

  3. Hola Jorge:
    Verás, yo no digo que apueste por una dictadura ni la planteo como remedio: va totalmente en contra de mis principios. Lo único que señalo es un hecho. Con ello no pretendo afirmar que su implantación resulte satisfactoria ni deseable, sólo efectiva. Igualmente, si afirmara que quemando una casa hasta los cimientos es una forma de eliminar cucarachas más efectiva que cualquier plaguicida no estaría apostando por dicha medida. Espero que me comprendas lo que te quiero decir.

    Dices:
    – “por otra parte, si hubiese tomado este camino aún yo aún habría sido más escéptico ya que estos métodos radicalmente inductivos no sirven en la aplicación de fenómenos humanos o de interacción humana.”
    – Me ha parecido muy interesante tu enlace a la Econofísica. No la conocía con esa denominación pero sí que había leído al respecto. Y sí, coincido contigo en que tengo serias dudas sobre su efectividad en estos casos. A simple vista creo que -al menos de momento- es una vía muy limitada e inadecuada para la resolución de estas cuestiones. Personalmente no creo que pudiera aportar nada.

    Saludos

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