Estado, gobierno y anarquía. Respuesta a Coase

A raíz de una nota en el blog José Carlos Rodríguez veo que Coase ha hecho una serie de reflexiones a favor del estado. El autor se ha centrado en la sanidad, la seguridad (II), las pensiones , las armas y recientemente a favor de la prohibición de las drogas aunque este último, aún ser una conclusión estatista, está separado del resto. No conozco al autor, no sigo mucho los blogs españoles, por lo que me he leído con detalle sus razonamientos. En esta nota no doy una respuesta detallada a los planteamientos de Coase porque no son necesarios, más bien hago una reflexión general ya que Coase formula sus hipótesis de una mala percepción de la realidad económica y por lo tanto humana.

En una ocasión Coase dijo: “…Rajoy utiliza el término ‘liberal’ como equivalente a ‘neutral’ o ‘moderado’. Parece que Rajoy no ha recibido el curso de liberalismo que le solicite el pasado mes de marzo. Ser liberal significa ser un defensor de la libertad. La libertad no se defiende de forma moderada o timorata, se defiende de forma vehemente, radical y extremista”. Lo mismo se puede aplicar del autor que escribió esas líneas, y por las notas que he visto, Coase no es liberal, al menos en el sentido clásico, sino que lo veo como un conservador. No quisiera hacer una definición excluyente de liberalismo, término que cada vez está más lejos de su origen, pero una cosa es clara, el que no acepte el laissez-faire simplemente no es liberal. Todo y así me informa el autor que hizo una serie de post llamados “Tiempo de libertad” (I, II, III) donde defiende la inexistencia del estado mientras ‘En defensa’ le otorga determinadas competencias. Pero no esto lo que nos ocupa ahora.

Cuando nos enfrentamos a grandes temas (sanidad, seguridad…) lo primero que siempre nos hemos de preguntar es si éstos están dentro del mundo de la producción. Si la respuesta es sí, cualquier liberal afirmará convencido que la mejor forma de gestión es mediante los medios de producción privados y por lo tanto la premisa del laissez-faire, en cambio, aquellos que no ven la economía como una ciencia y otorgan poderes mágicos a los medios políticos se decantarán hacia el estatismo.

Ludwig von Mises por ejemplo creía que la policía, el ejército y otros órganos de la administración estaban fuera de los medios económicos, y por lo tanto, tenían que ser “proveídos” por sus antagonistas: los medios políticos (véase Burocracia). Lo mismo opinaba Henry Hazlitt y añadía los servicios de bomberos, limpieza de la ciudad… (véase La Economía En Una Lección). Friedrich August von Hayek también incorporaba la información en materia catastral, estadísticas… (véase Los Fundamentos De La Libertad) e incluso ayudas públicas a los “más necesitados” (véase Principios De Un Orden Social Liberal). Este último apunte se ha de englobar imprescindiblemente con el complejo y volátil pensamiento de Hayek, ya que sino, se puede malinterpretar.

Coase no se hace esta pregunta y va por la tangente tomando como base la situación histórica en la que estamos. Coase realiza pues, no un estudio de ciencia económica, sino que diseña un plan estratégico como cualquier otro político. Sólo así se explica sus notas sobre la seguridad donde incomprensiblemente toman la situación actual y elimina el estado para ver qué es lo que saldría según un plan lineal. Éste es un error generalizado y nefasto, pues las conclusiones siempre serán irreales.

El estudio de las ciencias sociales y sus consecuencias no se pueden hacer jamás de forma lineal o constructivista, sino que se ha de hacer tomando cada una de las variables que componen el todo y tratarlas por lo que realmente son: variables multidimensionales donde su modificación no sólo afecta a aquella a la que sigue, sino también a ella misma. Podríamos decir que cada una de estas variables son fractales. Cada vez que movemos una variable estamos despertando otras y al revés, algunas de las variables actuales, modificadas el resto pueden quedar casi anuladas, es un proceso dinámico de estructuras complejas y no un “quito de aquí para ponerlo allí”. En la acción humana, prácticamente no hay constantes.

En el tema de la seguridad, por ejemplo, Coase hace un razonamiento histórico muy descuidado: el imperio romano desparece, luego, y como solución al vacío de seguridad, aparecen los señores feudales para dar protección, después aparecen los monarcas absolutos, luego los estados liberales… Lo que hace Coase es una descripción de los accidentes históricos a grandes rasgos pero en ningún momento ofrece una respuesta de por qué fue así. Ha sucedido así históricamente pero perfectamente podría haberse producido de otra forma ya que las variables que muestra Coase son contingentes. De la misma forma se puede explicar el surgimiento de la vida en la Tierra que hasta no consumarse, reapareció siete veces (y desapareció seis). Pero la pregunta no es esa, eso sólo es una explicación de lo que ha ocurrido, lo que nos hemos de preguntar es ¿por qué sucedió? ¿Por qué se ha desarrollado así y no de otra forma? ¿Es posible que se hubiese desarrollado de otra forma totalmente diferente? ¿Qué pasaría pues?

El nacimiento de los estados no se debe al logro consumado de más seguridad para la gente, sino a la imposición de unos respecto a los otros. El Imperio Romano murió por sus excesos políticos que le llevaron a la corrupción y caos económico, y gran parte fue debido, por ejemplo, a la falsificación de moneda por parte del estado, y por lo tanto, crisis inflacionistas (véase Juan de Mariana, Mises, Jesús Huerta de Soto…). Los estados feudales no nacieron como un acto de seguridad consentida, sino que nacieron de la invasión y la guerra, esto es, de los medios políticos; incluso la Carta Magna, no fue en si un acto de liberación, sino la continuación de un sistema que ya existía donde el rey tenía la capacidad de control sobre las leyes (véase Dr. Bruce L. Benson y Lysander Spooner; de éste último especialmente “Trail by jury”). Las etapas sucesivas no fueron más que invasiones y guerras más extensas de los medios políticos (véase The State de Franz Oppenheimer).

Además, Coase confunde Estado (con mayúsculas) con gobierno. Los liberales clásicos jamás han estado a favor del estado y menos aún lo defienden. La lengua anglosajona ha mantenido la diferencia de estos dos conceptos. Dos de las mejores reflexiones son las de Albert Jay Nock en Our enemy, The State (que también podría haberse titulado “Estado Contra Gobierno”) y en otro plano, la colección de Common Sense, the Rights of Man, and Other Essential Writings de Thomas Paine. Para los liberales clásicos el gobierno es el monopolio de coerción que provee de aquellos mínimos donde no llegan los medios económicos, y el estado es el monopolio de coerción que amplia las facultades del gobierno (limitado) convirtiendose en un aparatado teleocrático, y éste era el gran miedo de los liberales de mediados del S. XVIII y S. XIX. Los Padre Fundadores de los Estados Unidos por ejemplo siempre temieron la Multicracia (populismo), que precisamente, es lo que tenemos hoy en Occidente y Coase defiende.

Coase cae en el error de todos los estatistas: propone su modelo como si fuese por si solo imperecedero e inmutable aún viendo que las bases en los que se fundamenta son contingentes y no contemplan la acción humana. Los Padres Fundadores de los Estados Unidos cometieron el mismo error, y aún haciendo una constitución “liberal” (si es que una constitución puede ser nunca liberal) nos encontramos en la actualidad con unos Estados Unidos socializados donde el estado es un monstruo que manipula económica y socialmente a la gente con impuestos, deuda estatal, políticas monetarias centralizadas, guerras, atropellos a la libertad individual… Lo que Coase propone es un diseño de hegemonía política con grados de libertad, es decir un estado teleocrático, y eso siempre será socialismo, o más concretamente las bases de cualquier socialismo (ya sea marxismo, estado del bienestar, nacionalismo, conservadurismo…). Los puntos en los que baso mi argumentación es en la continua referencia de Coase a la eficiencia y recurrente alusión a la idea de utilitarismo. El autor habla de eficiencia en el sentido paretiano para intentar conseguir una maximización de utilidades agregadas, que por otra parte, tampoco demuestra a nivel lógico ni histórico. Además, que el estado pueda proveer un bien o servicio “mejor” que la gente —esto es, que el libre mercado— tampoco lo convierte automáticamente en un suministrador legítimo, y además, el argumento es terriblemente dudoso. Primero porque las fuentes de financiación del estado son ilegítimas en cuanto se sirve de la extorsión, el robo y la invasión (impuestos, deuda, inflación, guerras, estado policial…). Segundo, porque tampoco sabe el bien o servicio que la sociedad “necesita” ya que no posee la información necesaria ni tiene sistema alguno de medir los deseos reales de la comunidad. Tal proceso sólo puede surgir de los medios de producción privados mediante el infalible test de prueba error del libre mercado que además es perfectamente legítimo ya que el capital que hace nacer el proyecto es el fruto de la producción y trabajo previo del empresario y/o capitalista que invierten voluntariamente: es un proceso puramente cooperativo y voluntario. Eso son los medios económicos y el Capitalismo: cooperación voluntaria.

En este sentido Coase no ve realmente que la eficiencia que usa es una ilusión de agregados. De lo que no se da cuenta el autor es que la eficiencia en realidad es un proceso nacido del hombre individual que no tiene por qué maximizar la función de diseño humano para la cual se ha creado, sino que es la respuesta a un déficit en la demanda (véase capítulo cuarto de Tratado De Economía Política de Jean Baptiste Say y el quinto capítulo de Principios de Economía Política de John Stuart Mill [concretamente la que hace referencia a la Cuarta Proposición de Mill] y Creatividad, Capitalismo Y Justicia Distributiva de Israel Kirzner).

Tercero, cuando el estado capitaliza cierto sector en detrimento de otros, primero, se están restando recursos a la comunidad y mercado que podían haber servido para otro proyecto, mejor o peor, eso es totalmente intrascendente ya que la economía no tiene valor moral alguno; sólo nos importa que cuando el estado arranca parte de un proceso productivo a un sector o a la comunidad para transformarlo en otro está distorsionando la estructura productiva real dejando parcialmente ciego al mercado de información y sobrecargando ciertos escenarios productivos. Con esto tenemos el principio de las crisis. Lo que el estado ha creado es una distorsión real en las preferencias temporales de la comunidad, que a la vez, tienen un efecto de espiral creando una economía cada vez más artificial condicionando no la voluntad de la gente, sino el tipo interés de cada uno de los escenarios productivos. (Entiendo interés en el sentido austriaco, es decir, lo que Keynes en su obra más popular llamó “eficiencia marginal del capital”). El planteamiento de Coase conduce al caos económico que es muy similar al que tenemos hoy día. Su sistema no arregla en absoluto los problemas que pretende solucionar, sino que simplemente los reconduce hacia otro camino.

Segundo —dentro del tercer punto— el estado al intervenir en la economía rompe la innovación dejándose de crear nuevos proyectos que sí podrían haber respondido a una demanda real o que son necesarios para otros procesos o futuros proyectos aún si hubiesen salido fallidos, en este sentido, puede perderse capital físico (stock) pero puede haberse ganado conocimiento, pero aquí ya entraríamos demasiado en el management. El arma del mercado, la prueba error, se sustituye por una estrategia central prediseñada donde el mercado pierde su referencia y sentido.

Sobre la seguridad, sanidad… lo que nos hemos de preguntar es cómo encajan en este marco. Estoy convencido que la gran mayoría de personas valoran estos grandes temas y son una necesidad real, razón por la que en un estado de laissez-faire puro ahorran y bloquean parte de sus esfuerzos obtenidos que podrían haber sido destinados a otras cosas para reservarlos a la seguridad, sanidad… En el momento que la comunidad empieza a preocuparse de forma real por una necesidad es cuando empieza a trabajar el mercado creándose una división del trabajo cada vez más acelerada y no sólo hacia delante, hacia el consumidor, sino más bien hacia atrás, esto es, hacia los escenarios productivos de segundo, tercer, cuarto… orden que después repercuten directamente en el consumidor final. En ese momento es cuando la producción se canaliza de verdad hacia la gente, porque ahí (en esas grandes necesidades) es donde está el mayor tipo de interés. Así se va alargando el proceso de producción con más etapas donde su tendencia al infinito sería el aplanamiento del tipo de interés empresarial; situación que por otra parte jamás llega ya que las estructuras, al ser sociales y humanas, varían en todo momento. Cuando digo que las fases productivas se alargan más no me refiero a que tarden más, sino a que se vuelven más capital–intensivas, es el ejemplo de la mujer que usa la máquina de coser para Böhm–Bawerk en lugar de coser con aguja común.

No entiende Coase que un país, o millones de personas no se pueden gestionar como una empresa con cheques sanitarios, acaparando sectores productivos hacia el estado… Muchos de las teorías actuales que usa el estado como las externalidades, teoría de los juegos… para crear regulaciones y prohibiciones hacia los demás —el estado siempre vive en una situación de pura anarquía y no–regulación— no son propiamente económicas. En todo caso pueden servir al management de la empresa para su gestión en ciertos aspectos concretos pero cuando se usa la coerción o el robo masivo sus resultados son siempre contradictorios. No son leyes atemporales, ni universales, ni necesarias.

Volviendo al origen, ¿pertenecen la seguridad, sanidad… al mundo de la producción? Sí, porque no son servicios ni productos que nos brinde la naturaleza en estado puro (lo que Murray Rothbard llamaba condiciones para el bienestar humano), necesitan ser tratados, trabajados y capitalizados. En el momento que la gente los necesite habrá un continuo proceso para mejorarlos y conseguir así más beneficios, o dicho de otra forma, la división del trabajo se multiplicará vertical y horizontalmente reduciendo cada vez más su precio para el consumidor final: mejorará el precio, calidad, distribución y opciones; y no sólo de éstos, sino también de los que indirectamente se alimentan de la necesidad hasta el punto de ser difícilmente separable el uno del otro en sectores. En ese momento sólo se podrá localizar la necesidad, pero no trazar una línea de dónde empieza uno y acaba el otro.

Si por el contrario, el estado se dedica a dar sanidad, seguridad, educación… lo que vamos a tener es un estancamiento de estos procesos productivos donde se penaliza no sólo la cara aparente de la economía, que es lo que se muestra al consumidor sino también, y esto es lo importante, las fases anteriores que hacen posible el servicio o producto mutilando parcial o totalmente los medios de producción privados que se alimentan más indirectamente de tal necesidad porque no hay lugar en ellos para el mercado. Y esto mismo es lo que hoy día pasa con la sanidad y la educación por ejemplo. Estos dos, son los ejemplos más claros.

Los socialistas se defienden en estadísticas y casos concretos de otros países diciendo: “veis ahí el sistema privado es deficiente, necesitamos más estado”. Eso no es más que un punto de vista totalmente miope de lo que es la economía, y también es una excusa para justificar un sistema determinado como puede ser el estado del bienestar. Lo que no entienden estos grupos, ni Coase, es que la total abolición de los medios políticos, esto es, que el estado no intervenga para nada en la economía, daría un escenario radicalmente diferente al actual. Los dos sistemas son incomparables, no tiene sentido comparar el estado del bienestar con el laissez-faire en términos de eficiencia estática ni distribución. Lo único que podemos asegurar es que el estado del bienestar se basa en la agresión sin conducir a un sistema puramente innovador ni próspero, mientras que el sistema de laissez-faire sí.

Eso no significa que el laissez-faire sea la felicidad y la abundancia total, pero mucho menos lo es el socialismo y su hijo el estado del bienestar. En el laissez-faire las opciones son inmensas, tiende crónicamente a la diversidad y a la responsabilidad; por el contrario el estado del bienestar tiende al monopolio corporativo, a la corrupción, a la pobreza y a la barbarie. De aquí que hayan nacido las democracias populistas y los votantes cautivos cada vez sean grupos más grandes. No hay diferencia entre derecha e izquierda, todos buscan lo mismo: votos cautivos, esto es: la Multicracia.

Todo esto nos lleva al último punto. ¿Funcionaría el No–Estado? Si entendemos y aceptamos que los grandes temas de Coase están dentro del mundo de la producción sí. El mayor error de Coase es aplicar el Ceteris Paribus en todo menos en que no hay estado y empezar a sacar deducciones. Si no hay estado, no hay un sistema de seguridad nacional, no hay naciones siquiera, sólo individuos que crean sociedad sin delimitaciones políticas. Si empezamos por la estructura del hombre aislado y lo vamos complicando todo hasta llegar al actual desarrollo de división del trabajo veremos que el Anarcocapitalismo es un sistema perfectamente posible y realmente justo en el sentido que es voluntario y permite la diversidad casi ilimitada. No hemos de encerrarnos en caos aparentemente insolubles del estilo “el Anarcocapitalismo sólo funciona si todos los países lo son” porque no es cierto, más bien al revés. Si un estado anarcocapitalista existe rodeado de estados del bienestar su fuerza será mayor en el sentido que los individuos o grupos con preferencias temporales más altas (aquellos que viven del estado, se enriquecen de él, así como la delincuencia) abandonarían la región Anarcocapitalista para encontrar cobijo en un sistema más favorable a ellos. Por el contrario, la gente y grupos con un alto grado de auto responsabilidad, capacidad de trabajo, voluntad de enriquecerse… se quedarían y vendrían de nuevos. Las grandes migraciones de europeos a Estados Unidos se debió en parte a esto.

A primera vista las preguntas y dudas son muchas, pero si abrimos la imaginación y férreamente lo comprobamos todo mediante el test de la lógica deductiva y realidad veremos que la única utopía en el mundo de las ideas es el de un gobierno limitado, porque el gobierno siempre crece, y si le damos el monopolio de la fuerza y las leyes aún más. Sólo hay una forma de atajarlo y es haciendo desaparecer el mal: el estado. Y sólo el sector privado y la lucha por un auténtico estado del bienestar individualista son capaces de hacerlo.

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Una respuesta para “Estado, gobierno y anarquía. Respuesta a Coase”

  1. Estimado Jorge, he leído con atención tu artículo, como dices más en defensa del anarcocapitalismo que de contestar a Coase. Bien.Ocurre que estando de acuerdo en la lógica que usas, en la idea de la acción humana, tu razonamiento es perfecto. Pero.Hay un pero. Como bien dices lo que sabemos hoy es lo que ha ocurrido, no lo que podría haber ocurrido. Ciertamente siguiendo las palabras de Bastiat sabemos lo que se ve pero no lo que no se ve. Ocurre, que la historia de la humanidad nos dice que hemos montado estados, naciones, hemos vivido en tribus, pueblos, la aldea es, era una comunidad con su propia estructura y por causas diversas la pertenencia a un grupo nos daba protección y hacía efectiva la división del trabajo que nos ha traído hasta el desarrollo, con sus luces y sombras, que ahora tenemos.Como digo, eso es, así, rápidamente, un dibujo de lo que se ve.Ciertamente podríamos pensar en que un ¿estado? anarcocapitalista podría muy bien sobrevivir rodeado de estados socialdemócratas. Cada uno podría votar con los pies y aquellos que quisieran vivir de las rentas irían hacia esos países y los que quisieran ser innovadores, resueltos, los que no se conformen con la sopa boba, los egoístas y ambiciosos que entendieran que prefieren obtener el fruto de su trabajo que el ceder un porcentaje de él al estado para que a su capricho éste lo distribuya lo harían sin ningún problema. No me parece incorrecto el razonamiento. Pero no es real. No ha sucedido así.El caso que mas se le parece es el de Hong Kong, y sin embargo no debemos olvidar que era protectorado Británico, una colonia para ser exactos. Y tampoco se puede decir que fuera un estado anacap, mas bien un estado mínimo con el seguro apoyo militar de la metrópoli.Esa es la realidad. Pero la cuestión fundamental de todo eso es: ¿es posible un estado anacap? A parte de la propia contradicción que supone unir la palabra estado y ancap, lo que nos queda claro es que tenemos que adoptar esa denominación puesto que, como bien dices, el estado surge de la imposición de unos a los otros. Esa es la realidad. Entonces, partiendo de esa realidad ¿en un futuro sería posible un estado anacap?Veamos, para llegar a ahí y ser eminentemente purista en las formas, sólo se puede dar por el convencimiento de una inmensa mayoría de la población de un territorio que vote por la desaparición del estado o por la implosión del mismo. En este segundo caso estaríamos si se produjera una guerra, una crisis mundial que proporciones inconcebibles y aún así, se debería de optar por que la población, la gente, los que quedaran vivos optaran por no imponer, bajo ningún concepto, nada parecido a un estado.Con lo cual estaríamos en el primer caso. Y para que se dé el primer caso hay que darse cuenta de que hay que ir cambiando la mentalidad de la gente, que hay que ir ofreciendo las ideas liberales a la gente para que éstas sean valoradas por una cantidad de ciudadanos cada vez mayor y vea en la bondad de lo que decimos un futuro mejor que el que nos puede ofrecer la sopa boba.Es decir, hemos de salir a la palestra. Esperar a que esto se hunda para salir de las cenizas de lo que quede con la esperanza de que todo cambie me parece, por un lado ilusorio, por otro egoísta y por otro cómodo y cobarde.Entendámonos, la divulgación que hacéis aquellos que tenéis una formación como la vuestra, me parece fantástica, pero la divulgación sin la pelea en el campo de juego se puede quedar para el adorno. Y recordar, a día de hoy la blogosfera liberal puede ser muy activa, les podemos zurrar a los progres hasta en el cielo de la boca, pero a las elecciones, ese método infernal de autosometimiento de la libertad al poder del estado y de los que de él viven, sigue dominando nuestras vidas.

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