Carta abierta a Frei Betto sobre ¿Qué es el neoliberalismo?

En un artículo publicado en Rebelión, Frei Betto, destacado militantes de la Teología de la Liberación, hace una curiosa crítica destructiva a lo que llama neoliberalismo: ¿Qué es el neoliberalismo?

A juzgar por lo que ha escrito creo que no lo ha entendido del todo. El neoliberalismo no es nada, es un término vació que sólo sirve para desprestigiar a los que somos liberales. Para empezar dice que el neoliberalismo “adquirió fuerza hegemónica en el mundo a partir de la Revolución Industrial del siglo XIX”.

Evidentemente Betto se refiere sólo a la parte más superficial del liberalismo: la puesta enmarca que tuvo por factores económicos, pero no habla en absoluto de los antecedentes en quienes se inspiraron esa libertad latente como la de Lao Tzu —que ahora parece que Confucio estaba más cercano al (proto)liberalismo—, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Juan de Mariana, Samuel von Pufendorf, Nassau William Senior, Frédéric Bastiat, Jean-Baptiste Say; y posteriormente Carl Menger, Eugen von Böhm–Bawerk, Ludwig von Mises, Murray Rothbard… La Revolución Industrial no fue impuesta, sino que fue un acto voluntario y descentralizado nacido de las ansisas de riqueza y libertad de los ciudadanos ingleses; dejando a banda que el Capitalismo propiamente nació primero en las ciudades estado de Italia mucho antes.

Betto añade: “El excedente de la producción y la mercancía superflua obtuvieron en la publicidad la palanca que necesitaban para inducir el hombre a consumir, a comprar más de lo que precisa y a necesitar de lo que, en rigor, es superfluo y hasta incluso perjudicial a la salud, como alimentos ricos en azúcar y grasa saturada”.

Aquí lo mezcla todo, pero la deducción que se puede seguir, según por lo que dice, es que mejor abandonar este “excedente de la producción” o súper producción y volver a las cavernas donde todo el mundo comía lo justo y vivía hasta los 24 años en lugar de poder elegir, tener variedad y vivir hasta los 83 años. Betto culpa en realidad, no al Capitalismo, sino la libertad individual y la libertad de elegir; él prefiere un dictador social y económico que nos dicte qué hemos de hacer en cada momento como si fuera Dios y nosotros pequeños robots inútiles. Eso intentó la URSS, Albania, Hungría creando hambrunas, matanzas por parte del estado, y un estado gris y miserable donde los políticos vivían a costa de sus ciudadanos. Pero no parece importarle demasiado eso cuando en otra parte afirma que: “La caída del Muro de Berlín marca el momento de mayor fracaso”.

Culpa al Capitalismo de ser “una religión laica fundada en dogmas que, históricamente, merecen poca credibilidad [¿cuáles?]. Uno de ellos, según Betto, es que la economía es regida por la ‘mano invisible’ del mercado. Sin embargo, en muchos periodos el sistema entró en colapso, obligando al gobierno a intervenir [!] en la economía para regular el mercado.”

La “mano invisible” de Smith no es ningún fenómeno místico como muestra Betto, sino la consecuencia de las preferencias ordinales de los individuos que se componen a través de las expectativas temporales subjetivas de cada actor económico que va ejecutando a través de la acción. Los fallos de mercado de los que habla deben ser los de las crisis anteriores a los años 20 y posteriores de los 30 y 70 del S. XX. Pero tales crisis no las produjo el libre mercado, sino la falsificación que los gobiernos hicieron con el papel moneda creando una excesiva oferta monetaria que sobrepasaba la capacidad de producción real creando inflación, y a la vez, esta ilusión que creó la inflación provocó procesos muy cortos de generación de stock, que al venir la posterior contracción de demanda quedaron obsoletos y tuvieron que ser liquidados con pérdidas. Esta ilusión productivista (generada por la inflación del estado) no la creó el libre mercado, sino los gobiernos. Precisamente fueron dos liberales quienes advirtieron de estos fenómenos antes que se produjeran. Uno fue Friedrich von Hayek, y el otro Ludwig von Mises. En cambio, Keynes, más relativamente cercano a las teorías de Betto, creyeron todo lo contrario, y gracias a la creación de gobiernos omnipotentes fueron los que crearon la crisis de los años 70.
Cuando el estado juega con el dinero para su propio beneficio las consecuencias son letales. La mejor solución es erradicar el estado.

Parece culpar de los males del mundo al FMI, OMC. Totalmente de acuerdo, estos entes socialistas y represivos tendrían que desaparecer lo antes posible para el bien de todos: ricos y pobres; y yendo más allá también, tendrían que desapareecr los dictadores locales que se amparan bajo el paraguas de la democracia.
También saca una sensiblera estadística: “En el caso brasileño, hoy el 10% de los más ricos de la población –cerca de 18 millones de personas – tienen en sus manos el 44% de la riqueza nacional”. Eso es un efecto que no explica la causa; el primer factor para que un país se vuelva rico es que acumule suficiente capital para canalizarlo según las preferencias de sus potenciales consumidores. Inglaterra estaba mucho peor a finales del S. XVIII que Brasil ahora, y trabajando duro para ellos y para el resto de la sociedad, con un estado muy limitado comparado con el de ahora, consiguió en poco tiempo convertirse en una potencia mundial.
La incautación del estado no hace rico al pueblo, sino a los burócratas y sus amigos, ya sean otros políticos, grupos de presión o empresas. Si queremos acabar con el problema eliminemos el estado y que sólo los medios económicos dirijan a la comunidad según el esfuerzo de cada uno. Ninguna sociedad ha de tener un fin teleológico, las cosas cambian, la tecnología, los gustos… son contingentes y variantes, y el único capaz de adaptarse a ellos es el libre mercado puro. El populismo, dictaduras marxistas, y cualquier otra forma de represión contra el individuo sólo degenera el capital que hay en cada hombre en tanto es capaz de producir por el mismo, y capaz de producir con otros creando empresas y asociaciones.

El liberalismo está tomando fuerza, en esto estoy de acuerdo con Betto, pero no el suficiente aún. El liberalismo ha ganado la guerra más dura: el de las ideas. Que pase al mundo real sólo es cuestión de tiempo. En su momento ocurrió con el Marxismo, ahora que ya ha muerto: nos tocará a nosotros.

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5 comentarios to “Carta abierta a Frei Betto sobre ¿Qué es el neoliberalismo?”

  1. Toda esta patulea de rancios marxistas, hábiles en disfrazar de “humanismo” todas sus teorías totalitarias y tan “espabilaos” para acusar de neoliberales a todo bicho viviente, protoliberales incluídos, (es que lo de “neo” les pone) no viven más que para hacer el caldo gordo al marxismo allá donde sobreviva (Cuba, Cuina, Corea, ETA, teología de la liberación)… y para justificar a los populistas de nuevo cuño, que son la mezcla perfecta del socialismos y la demagogia de siempre.

  2. Leyendo lo que entresacas de Betto me parece estar escuchando a mis alumnos, con los que, año tras año, tengo una conversación (no acepto más que una al año), precisamente, sobre los temas que tratas en la anotación. Qué cansancio, desmontar una y otra vez ideas tan, tan equivocadas.Con un poco de suerte, esas ideas tienen menos curso ahora en Hispanoamérica que hace varios lustros, a pesar de que los Kirchner y los Chávez se empeñen. Al menos, así lo espero.

  3. Les molesta la libertad

  4. Es curioso como estos progres de pacotilla entran en contradicción en sus teorías (y en sus prácticas) de la forma más inocente: Por un lado en la filosofía comunista se critica que un sistema liberal-capitalista condena al trabajador a cobrar el llamado ‘salario de subsistencia’ pero por otro este teórico de tres al cuarto de Frei Betto dice: “El excedente de la producción y la mercancía superflua obtuvieron en la publicidad la palanca que necesitaban para inducir el hombre a consumir, a comprar más de lo que precisa y a necesitar de lo que, en rigor, es superfluo y hasta incluso perjudicial a la salud, como alimentos ricos en azúcar y grasa saturada”.¡Que me lo expliquen!

  5. La verdad es que el artículo del fraile es graciosísimo:Cito: “la cultura es reducida a mero entretenimiento; el arte pasa a valer, no por el valor estético de la obra, sino por la fama del artista; la religión pulverizada en modismos; las singularidades étnicas encaradas como folclore; el control de la dieta alimentaria; la manipulación de deseos inconfesables; las relaciones afectivas condicionadas por la glamourización de las formas; la búsqueda del elixir de la eterna juventud y de la inmortalidad a través de sofisticados recursos técnico-científicos que prometen salud perenne y belleza exuberante. “.Es malo, pero malo, malo. Ni un crío de la ESO que llenáramos de prejuicios absurdos lo diría tan mal. Es una chapuza de artículo, es que no hace falta ni criticarlo, es un sinsentido todo él.Saludillos

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