Gastos, comisiones, baterías de cocina… y periodistas sensacionalistas. Jesús García al rescate del oprimido.

Otro fabuloso artículo de Jesús García nos muestra lo malvada que es la banca en su lucha por llevar a la ruina a todo aquel que se pone en su camino. En su artículo “gastos, comisiones, baterías de cocina y otras zarandajas en los fondos de inversión” Jesús García, creyendo que está por encima del bien y del mal, concluye:

“Basta darse una vuelta estos días por cualquier sucursal para que nos ofrezcan una vajilla o una batería de cocina como gran complemento de nuestro fondo de ensiones. Cuanto más tiempo hablemos de la vajilla menos lo hacemos del coste de los fondos, de las comisiones…”

Con su característica visión de financiero del siglo XIX —elitista e incapaz de ver las necesidades reales de la demanda del presente— Don Jesús ilumina a la gran masa indefensa de las zarpas de la banca. Así Don Jesús escribe: “…siete de cada diez clientes de fondos no saben qué comisiones pagan y que uno de cada cinco ni siquiera sabe qué rentabilidad consigue el fondo o los fondos en los que invierte” ¡Ohh noo…terror…!

Don Jesús García nunca ha aprendido una lección económica esencial: todas las decisiones de los actores económicos son subjetivas conforme a su utilidad marginal. Pero eso no importa a Don Jesús que debe estar demasiado ocupado sumando y restando utilidades cardinales, isocuantas, isocostos… para encontrar su particular “punto de equilibrio” (no de mercado, sino el suyo); o más probablemente debe estar más interesado en “demostrar” su particular teoría de la explotación marxista aplicada al “explotador financiero”.

Del artículo de Don Jesús concluimos —como lo hacemos de todos los moralistas visionarios— que la gente es simplemente idiota porque no mira eso que los técnicos creen que es “lo correcto” —razón por la cual un técnico jamás será un buen comercial ni empresario: su nivel de empatía e identificación con el cliente es nula. Así pues, creyendo que toda la comunidad es idiota, es necesario que todos perdamos nuestra libertad de elección, tanto oferente como demandante, para ser mediados por los ilustrados “economistas” y políticos (ingenieros sociales según la concepción de hoy día).

Pero la realidad es otra. Ningún comercial amenaza a su cliente para que invierta en un fondo de inversión en lugar de comprarse un coche. Quien invierte en un fondo de inversión es porque quiere. Los potenciales demandantes de fondos de inversión son muy diversos y variados: algunos quieren comisiones reducidas, otros prefieren altas rentabilidades, otros seguridad, otros desgravaciones fiscales, otros alguna parte donde invertir su dinero, y otros, como no, prefieren baterías de cocina a comisiones baratas porque este último factor no les importa en su escala de valoración subjetiva. Y cuando el el agente económico encuentra aquello que busca, “grita” bien alto que lo quiere por medio del intercambio pacífico.

En su artículo, Don Jesús hace el típico análisis actual: ve una economía sin individuos, sólo aboga por los medios coactivos de la política. Pero en las relaciones del intercambio voluntario (“medios económicos” como diría Rothbard) los individuos interactúan unos con otros para conseguir el mayor beneficio ofreciendo lo que la otra parte quiere al menor coste (y así actúa tanto oferta como demanda. En nuestro caso: dinero por participaciones en fondos de inversión y viceversa).

Don Jesús, en su relación de agregados olvida el primer factor que determina la acción: los intercambios voluntarios y pacíficos que sólo el libre mercado ofrece. Por el contrario, Don Jesús reclama más intervencionismo, más visionarios justicieros que desoigan a oferta y demanda gravando a las dos partes y desoyendo las preferencias temporales de cada uno. Don Jesús estará encantado con los órganos coactivos del estado, que son los encargados de regular la vida económica, financiera y social de toda la comunidad. Sólo hay una libertad, no miles de ellas; quien se enfrenta a una, se enfrenta a todas.

En mi última crítica me precipité recomendándole a Ludwig von Mises. Tal vez Don Jesús tendría que ir al principio de la auténtica literatura económica, y leerse tratados como “Principios de economía política” de Carl Menger para seguir con los tres volúmenes de “Capital and Interest” de Böhm-Bawerk.

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3 comentarios para “Gastos, comisiones, baterías de cocina… y periodistas sensacionalistas. Jesús García al rescate del oprimido.”

  1. Je, je. Te voy a atormentar un poco, Jorge 😉

    En EL País sale un artículo en la sección de economía en el que el autor se escandaliza de la tremenda liberación de gastazo público que pretende Bús. Entiéndeme, se lamenta y llora ¡y cómo llora!, pero hasta donde se me alcanza, es correcto lo que describe. Es curioso cómo se puede ver una misma cosa como una desgracia o como una bendición. Porque, aún siendo reiterativo, salvando un par de falsificaciones sobre los “más desfavorecidos” propias de los amigos de la redistribución, la descripción de la política que anuncia Bús es correcta hasta donde se me alcanza.

    En fin, no recuerdo quién ha escrito el artículo, pero da igual, lo que me interesa es saber qué opinas tú sobre las reformas de Bús respecto al sistema de pensiones y las concomitantes bajadas de impuestos. Vaya, sobre la liquidación de buena parte de esa cosa del estado del bienestar. Al leer a esta persona, tan socialdemócrata a la par que alarmada, creo que los escépticos sobre el (limitado, vale, tú) liberalismo de Bús no tienen razón: Bús cumplirá.

    Pues eso.

    Dodgson.

  2. Dodgson, < HREF="http://www.blogger.com/r?http%3A%2F%2Fliberalvenezolano.hyperboards.com%2Findex.cgi%3Faction%3Ddisplay%26cat%3Dreglas%26board%3Dinternacional%26thread%3D1099586796%26start%3D0">aquí (tercer post)<> sintetizo mi opinión sobre los resultados electorales en USA, mostrando dos lecturas posibles respecto al triunfo de Bush. Por si te interesa 😉

    Un saludo

  3. Hola Dodgson,

    No creo que Bush vaya a hacer nada de bueno. Puede decir lo que quiera y hará reformas, pero las hará como lo hacen todos los estados; creando más problemas y dando la culpa al libre mercado tal y como ocurrió con la “privatización” de las eléctricas en Francia.

    La solución no viene de ningún político por más liberal y amante de la propiedad privada que él diga ser. Si lo hace, está incurriendo en una enorme contradicción voluntaria, es decir: miente.

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