"El Gran Pacifista", por Joseph Sobran.

Publicado originalmente en febrero 25, 2003.
Traductor: John Leo Keenan.

Sobran's --las auténticas noticias del mesYo siempre he creído que no hay realmente tal cosa como un doble estándar. Cuando pareciera que la gente aplica un doble estándar, significa que en realidad están aplicando un sólo estándar oculto – que no quieren admitir.

El Presidente Bush dice que desea librar al mundo de regimenes perversos que amenazan al mundo con “armas de destrucción masiva.” Esa es su justificación para una guerra contra Iraq, a pesar de la falta de evidencias e incluso de muchas evidencias de que Iraq no representa, no puede representar y no se atrevería a representar tal amenaza.

Precisamente cuando las palabras duras de Bush alcanzan un nuevo crescendo, el querido, pequeño Kim Jong Il, dispara un misil en el Mar de Japón. Se nos ha dicho que él tiene armas nucleares – las “armas de destrucción masiva” por excelencia -, y misiles que pueden alcanzar nuestra costa occidental. ¿La respuesta de Bush? Serena moderación y promesas de nuevos envíos de alimentos a Corea del Norte.

Ya que Kim abiertamente – e insolentemente -, se ufana de los credenciales que posee para una membresía en el Eje del Mal, y no es castigado sino que, por el contrario, es premiado por ello, se nos puede perdonar por sospechar que Bush no nos está dando sus verdaderas razones de atacar a Iraq.

Incluso los partidarios de línea dura de Bush, parecen más hostiles hacia Francia que hacia Corea del Norte. Ellos creen que es listo etiquetar a los franceses con nombres infantiles (“monos comequesos listos para rendirse” es uno de sus más brillantes epítetos) pero eximen a Kim de sus improperios (puede que a él le guste el queso francés, pero no es ningún mono que se rinde).

Otro de los epítetos favoritos de los halcones, aplicado no sólo a los franceses y a los alemanes, sino a millones de caminantes por la paz, es “apaciguadores a cualquier precio.” El hecho claro es que los gobiernos de Francia y Alemania están negándose firmemente a apaciguar de esa manera al poder más grande del mundo: el gobierno de los Estados Unidos. Si alguien merece ser llamado un apaciguador a cualquier precio, tú pensarías que es Tony Blair de Gran Bretaña, el desvergonzado lacayo de Bush.

De escuchar a los halcones contarlo, los caminantes por la paz – los diez millones de ellos – no son nada más que hippies vejancones de los años sesenta, tratando de revivir aquellos días emocionantes del ayer, aunque muchos de ellos estén astutamente disfrazados de amas de casa. “Toda esa gente no es nada más que hipócrita”, Rush Limbaugh nos informa.

Yo desearía que los halcones dirigiesen una parte de su desdén al pacifista fumaestimulantes, hippie izquierdista, que actualmente ocupa el Asiento de Pedro. El Papa Juan Pablo II dice que la guerra contra Iraq no sería nada menos que un “crimen contra la humanidad.” ¡Ni siquiera el comequesos Jacques Chirac ha dicho algo que se aproxime a eso!

Este es solamente el juicio personal del Papa; no es una enseñanza oficial de la Iglesia, obligatoria para los católicos. Sin embargo, es algo más que una opinión meramente personal. El Papa habla con toda la trascendencia de una larga tradición moral, una cultura cristiana que atesora la paz y que ha reflexionado cuidadosamente sobre las condiciones de una guerra justa – condiciones que rara vez se dan.

En un mundo de modas pasajeras y pasiones, el papado es una voz de moderación por encima de la riña, convocándonos de vuelta a las verdades permanentes que somos siempre propensos a olvidar en momentos de pasión. El Papa no tiene ninguna ambición territorial o intereses petroleros. El invita al mundo a examinar su conciencia a la luz de las enseñanzas de Cristo y él ve a esta guerra como un horror moral.

Incluso la mayoría de los halcones no se atreve a hablar burlonamente de Juan Pablo II. Ellos reconocen su valiente liderazgo contra el comunismo, por lo cual él será honrado por siempre. No pueden dejar de respetar, aun cuando rechacen, su oposición intransigente a las tendencias inmorales de nuestro tiempo, las cuales él ha definido concisamente como una “cultura de muerte.”

Tampoco es él un pacifista alterado. El reconoce la inevitabilidad del mal en este mundo, pero rendirse al mal – o apaciguarlo a cualquier precio -, no es su estilo. Nunca ha sido un antiamericano pero sabe que los americanos, como todos los demás hombres, son a veces tentados a hacer el mal. Y él está convencido de que su deber pastoral es advertirnos, no en eslóganes, sino con palabras graves y medidas. Cuando él dice un “crimen contra la humanidad,” lo dice en serio.

En otro tiempo, una declaración papal semejante hubiese sido una noticia mundial sensacional, y políticos en todas partes hubieran tenido que prestar atención a la misma. Pero ésta ha sido apenas reportada.

El mundo moderno ha cortado sus lazos a la cristiandad, e incluso cristianos “conservadores” obedecen con frecuencia a las presiones y pasiones del momento en vez de a la voz de la conciencia. En cada era, debemos aprender a reconocer nuevas tentaciones. Estas no son siempre “de izquierda.” El diablo tiene muchas máscaras.

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