Seguramente, la razón por lo que la mafia privada tiende a ser, en general, menos opresiva que la estatal, habría que buscarla en que la privada gane más dinero con sus propios negocios (ofreciendo bienes o servicios por su propia cuenta, aunque en algunos casos sean de dudosa o cuestionable moralidad) que ofreciendo “protección” (extorsión) a los negocios ajenos. Por el contrario, el Estado se limita casi exclusivamente a la extorsión y redistribución. Si una empresa estatal gana dinero, seguramente es porque se trata de un negocio a prueba de gestores inútiles o corruptos, como monopolios en los que los sobrecostes de una gestión ineficiente o corrupta se puedan pasar al cliente cautivo. En otras palabras, la “economía” de la mafia estatal depende casi al 100% de la agresión, mientras que la de la mafia privada depende solo parcialmente de la agresión.
No estaría mal que los minarquistas que se afanan en defender el Estado cuando alguien osa cuestionar su naturaleza, dirigieran sus energías a pensar en formas de financiación de los poderes públicos que fueran compatibles con el principio de no agresión. Igual hasta encontraban la manera de que aquél mutara hasta transformarse en algo distinto: un poder público que respetara los derechos de las personas, es decir, un poder público legítimo, capaz incluso de satisfacer el deseo de libertad de cualquier anarcoliberal.
Si el Gobierno criminaliza a los ricos, lo único que conseguirá es que se trasladen a otros países. Echar a los ricos de aquí significa que solo se quedarán los pobres
Las prohibiciones sobre estilos de vida no funcionan porque no hacen desaparecer la demanda real, es decir, no eliminan las ganas que tiene la gente de consumir aquel bien o servicio prohibido. La ley no es mágica.
Recortar a la sociedad, mientras los políticos tiran millones de euros a los bancos y grandes empresas para que no se hundan, es como hacer una transfusión a una persona que se está desangrando.
La experiencia nos ha enseñado una y otra vez que confiar en los políticos para que nos arreglen la vida es tan eficaz como rezar para curar un cáncer. Ambas cosas son actos de fe, con la salvedad de que rezar no daña a nadie.
El ciudadano, los especuladores, deudores, rentistas, asalariados, gobiernos están en la UCI. El médico (banqueros centrales) no sabe cómo curarnos porque ni siquiera está en su mano hacerlo, así que nos da un placebo.
Genial
Mmm… ¿humor o realidad?
Seguramente, la razón por lo que la mafia privada tiende a ser, en general, menos opresiva que la estatal, habría que buscarla en que la privada gane más dinero con sus propios negocios (ofreciendo bienes o servicios por su propia cuenta, aunque en algunos casos sean de dudosa o cuestionable moralidad) que ofreciendo “protección” (extorsión) a los negocios ajenos. Por el contrario, el Estado se limita casi exclusivamente a la extorsión y redistribución. Si una empresa estatal gana dinero, seguramente es porque se trata de un negocio a prueba de gestores inútiles o corruptos, como monopolios en los que los sobrecostes de una gestión ineficiente o corrupta se puedan pasar al cliente cautivo. En otras palabras, la “economía” de la mafia estatal depende casi al 100% de la agresión, mientras que la de la mafia privada depende solo parcialmente de la agresión.
No estaría mal que los minarquistas que se afanan en defender el Estado cuando alguien osa cuestionar su naturaleza, dirigieran sus energías a pensar en formas de financiación de los poderes públicos que fueran compatibles con el principio de no agresión. Igual hasta encontraban la manera de que aquél mutara hasta transformarse en algo distinto: un poder público que respetara los derechos de las personas, es decir, un poder público legítimo, capaz incluso de satisfacer el deseo de libertad de cualquier anarcoliberal.
jajaja, quisiera verla vivir un mes en Ciudad Juarez, o en Tampico